El desayuno terminó sin más palabras de las necesarias. Mie-yeong no volvió a intervenir en la conversación después de aquella última respuesta.
El sonido de los cubiertos y los platos fue lo único que llenó el espacio durante los últimos minutos. Nadie insistió. Nadie retomó el tema.
Cuando terminó, Mie-yeong se levantó en silencio y llevó su plato al fregadero. El agua corriendo le dio una excusa para no mirar a nadie mientras lavaba. Sus movimientos eran mecánicos, precisos, como si toda su atención estuviera concentrada en algo simple para no pensar en lo demás.
—Ya terminé —murmuró al final.
Su voz fue baja, apenas perceptible.
Se secó las manos sin esperar respuesta.
—Voy a mi cuarto.
Y se fue.
El sonido de sus pasos alejándose dejó un vacío incómodo en la cocina.
Céline apoyó el codo sobre la mesa, mirando hacia el pasillo.
—…Eso fue raro.
Soo-ming no respondió de inmediato. Sus ojos seguían fijos en el mismo punto, como si esperara que Mie-yeong regresara.
—¿Qué parte? —preguntó finalmente.
Céline soltó una pequeña risa seca.
—¿De verdad lo preguntas? —giró un poco hacia ella—. Lo que dijo… y cómo lo dijo.
Soo-ming entrecerró los ojos, pensativa.
—Sí… —admitió—. No era algo que diría normalmente.
Céline tamborileó los dedos contra la mesa, inquieta.
—Al principio no le di importancia —dijo—. Incluso sonó… interesante.
Se detuvo un momento, como si reconsiderara sus propias palabras.
—Pero ahora…
No terminó la frase.
Soo-ming lo hizo por ella.
—No encaja.
El silencio que siguió fue más pesado.
Céline desvió la mirada, frunciendo ligeramente el ceño.
—¿Crees que… está ocultando algo?
Soo-ming no respondió enseguida. Se reclinó un poco en la silla, cruzando los brazos.
—No lo sé —dijo al final—. Pero… no se siente igual.
Céline la miró de reojo.
—¿Te refieres a hoy?
Soo-ming negó con la cabeza.
—No solo hoy.
Esa respuesta quedó flotando en el aire.
Céline no insistió, pero su expresión dejó claro que no lo descartaba.
En su cuarto, Mie-yeong estaba sentada al borde de la cama, con las manos entrelazadas y la mirada fija en el suelo.
El desayuno seguía presente en su mente, no como un recuerdo claro, sino como una sensación que no terminaba de encajar. Había algo en la forma en que la conversación cambió, en el momento en que surgió aquella pregunta, que no le parecía natural.
Frunció el ceño, intentando ordenar las ideas.
No era solo lo que habían dicho, sino la intención detrás. La forma en que la habían mirado. El momento exacto en que decidieron preguntar.
Su respiración se volvió un poco más irregular.
La posibilidad apareció sin aviso: que hubieran notado algo.
Que no se tratara de simple curiosidad.
Apretó los dedos con más fuerza, obligándose a pensar con claridad. Si realmente sospecharan algo importante, no se habrían quedado ahí. Habrían insistido. Habrían hecho preguntas más directas, más incómodas, como otras veces.
Esa idea logró estabilizarla un poco.
Exhaló despacio.
No, no podían saberlo. A lo mucho… habrían notado un cambio.
Y eso era manejable.
Abrió los ojos con una determinación más firme.
Si ese era el caso, entonces tenía que ser más cuidadosa. Más natural. Evitar cualquier comportamiento que llamara la atención. Mantener todo bajo control, aunque en el fondo supiera que cada vez le resultaba más difícil sostener esa imagen.
El sonido del timbre rompió el silencio de la casa.
Mie-yeong levantó la mirada de inmediato. No necesitó pensar demasiado para saber quién era. Y esa certeza provocó en ella una mezcla incómoda de sensaciones: una ligera calma, casi instintiva, y al mismo tiempo una tensión que no desaparecía del todo.
Se puso de pie sin decir nada y salió del cuarto.
En el primer piso, Céline y Soo-ming ya se habían levantado.
—¿Esperas a alguien? —preguntó Céline.
—No —respondió Soo-ming.
El timbre volvió a sonar.
Ambas intercambiaron una mirada antes de acercarse a la puerta.
Céline abrió.
Su expresión cambió al instante.
—Ah.
Soo-ming se inclinó ligeramente para ver mejor.
—…Otra vez tú.
Dae-hyung sonrió con una calma que resultaba casi provocadora.
—Buenos días.
—¿Qué necesitas? —preguntó Céline, sin molestarse en disimular su incomodidad.
—Busco a Mie-yeong.
Soo-ming cruzó los brazos.
—¿Para qué?
Dae-hyung inclinó levemente la cabeza, como si la respuesta fuera evidente.
—¿Es necesario explicarlo?
Ambas fruncieron el ceño.
Él suspiró suavemente.
—Salir con ella. Conocerla mejor.
Antes de que pudieran responder—
—Dae-hyung.
La voz de Mie-yeong llegó desde atrás.
Las tres miradas se dirigieron hacia ella.
Céline y Soo-ming se hicieron a un lado.
Dae-hyung dio un paso adelante… pero algo en su expresión cambió. Su mirada descendió apenas y se detuvo un instante más de lo normal.
Fue sutil. Breve.
Pero suficiente.
Mie-yeong lo notó, y su cuerpo reaccionó antes de que pudiera controlarlo: una leve tensión en los hombros, una respiración contenida.
Céline también lo percibió.
—¿Y esa cara?
Dae-hyung levantó la mirada de inmediato, como si nada hubiera pasado.
—Me sorprendió.
—¿Qué cosa?
—Que incluso así… —hizo una pausa leve— siga siendo tan llamativa.
El comentario dejó un breve silencio.
Céline no respondió.
Soo-ming tampoco.
Mie-yeong sintió un ligero calor en el rostro, aunque intentó ignorarlo.
Dae-hyung apenas sonrió.
—¿Te gustaría salir?
Esta vez no hubo rodeos.
Las miradas de Céline y Soo-ming se posaron sobre Mie-yeong al mismo tiempo. No dijeron nada, pero la presión era evidente.
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Editado: 06.04.2026