El demonio que Amé

Capitulo 66: Entre sospechas y silencios

El sonido de los pasos de Mie-yeong desapareciendo por las escaleras dejó un silencio denso en la sala. Céline y Soo-ming permanecieron inmóviles durante unos segundos, como si ambas intentaran procesar lo que acababa de ocurrir sin llegar aún a una conclusión clara.

Céline fue la primera en romper ese estado.

Se llevó una mano al brazo contrario, cruzándose ligeramente, mientras dirigía la mirada hacia las escaleras por donde Mie-yeong había subido.

—Es la primera vez que se pone así.

Su voz no fue alta, pero sí lo suficientemente firme como para dejar claro que no se trataba de una simple observación.

Soo-ming apoyó el peso de su cuerpo en una de las sillas, sin apartar la vista del mismo punto.

—Bueno… —respondió con calma, tomándose un segundo antes de continuar— en parte tiene razón.

Céline giró el rostro hacia ella con una leve incredulidad.

—¿En serio?

Soo-ming no cambió su expresión.

—Al final… ya lo había decidido —explicó—. Y sabes cómo es cuando toma una decisión.

Céline dejó escapar una exhalación breve, claramente inconforme.

—Sí, lo sé —admitió—, pero aun así… no me parece correcto que lo haya aceptado tan fácil.

Soo-ming bajó la mirada por un instante, pensativa.

—Lo entiendo —dijo finalmente—, pero no podemos hacer mucho.

El silencio que siguió fue corto, pero suficiente para que algo cambiara en la expresión de Céline. Sus ojos se afilaron ligeramente, como si una idea acabara de formarse.

—Sí podemos.

Soo-ming levantó la mirada, curiosa.

—¿Cómo?

Céline no dudó.

—Ya que se van a “conocer”… no hay necesidad de que vayan solos.

Soo-ming frunció el ceño, sin ocultar su duda.

—No creo que sea buena idea —respondió—. Justamente es para que estén solos.

Céline negó con la cabeza con una seguridad que no dejaba espacio a discusión.

—No lo creo. Solo se van a conocer. No hay ningún problema en que vayamos.

Y sin esperar respuesta, se giró.

Sus pasos hacia las escaleras fueron firmes, decididos.

Soo-ming la observó subir, sintiendo una ligera incomodidad que no llegó a convertir en palabras.

Presente.

La puerta se abrió de golpe.

El sonido fue seco, inesperado.

Mie-yeong reaccionó de inmediato, girándo su cabeza con el pulso acelerado. Durante ese breve instante, su cuerpo quedó expuesto en la parte superior, y una sensación de frío recorrió su espalda al comprender lo vulnerable que estaba.

Vio a Céline.

Y todo se tensó.

El miedo apareció primero, rápido, casi instintivo. No fue por lo que había visto… sino por lo que podía haber visto. La posibilidad bastó para que su respiración se cortara un instante.

Pero no se quedó ahí.

Se movió.

Antes de girarse por completo, tomó el polo y se lo colocó con rapidez, cubriéndose sin darle tiempo a la otra de observar nada con claridad. Sus movimientos fueron precisos, casi automáticos, como si su cuerpo ya supiera exactamente qué hacer en una situación así.

Solo cuando terminó, se dio la vuelta por completo.

Su expresión había cambiado.

La incomodidad se transformó en una molestia contenida.

—¿No sabes tocar la puerta?

El tono no fue alto, pero sí más frío de lo habitual.

Céline se quedó quieta un segundo, como si la reacción no fuera la que esperaba.

—…Lo siento —respondió, aunque sin un verdadero arrepentimiento—. Pero al final somos chicas. No tienes por qué cubrirte tanto.

Mie-yeong sostuvo su mirada sin suavizar su expresión.

—Eso no cambia nada.

Céline ladeó ligeramente la cabeza, observándola con más atención.

No era lo que había visto.

Era cómo había reaccionado.

—Solo vine a decirte algo —continuó, dejando de lado el tema con aparente naturalidad—. Pensaba que, en tu salida, podríamos ir nosotras también.

El ambiente cambió.

—Al final —añadió— es mejor estar juntas. Si pasa algo… y además, recién se van a conocer. No necesitan estar solos.

Mie-yeong no respondió de inmediato para lugar responder con cierta molestia.

—¿Y eso te da derecho a entrar así a mi cuarto?

Céline cruzó los brazos, sin retroceder.

—No exageres

—No estoy exagerando —la interrumpió Mie-yeong, girándose completamente hacia ella—. No importa si somos mujeres. Existe algo llamado privacidad.

La palabra quedó suspendida entre ambas.

Céline entrecerró los ojos.

—¿Por qué te molesta tanto?

No fue una pregunta casual.

Había intención detrás.

—Porque cruzaste un límite.

—Lo hice porque me preocupa que ese tipo te haga algo.

La frase fue directa.

Y eso fue lo que la hizo más difícil de ignorar.

Mie-yeong sintió una leve presión en el pecho. No por el contenido… sino por la forma.

Ese tipo.

Por un segundo, el impulso de corregirla fue más fuerte de lo que esperaba. Pero lo contuvo. Tenía que hacerlo.

No podía fallar en algo así.

Respiró hondo.

—No puedes juzgar a alguien sin conocerlo —respondió con firmeza—. no has escuchado la frase no se puede juzgar un libro por su portada.

Céline no apartó la mirada.

—No es solo él.

El silencio se tensó.

—Eres tú —añadió.

Eso la tomó por sorpresa.

—Estás actuando distinto —continuó Céline—. No solo hoy. Desde hace días.

Mie-yeong sintió cómo algo se cerraba en su interior.

—Tal vez porque no me están dejando espacio.

—O tal vez porque estás evitando que veamos algo.

La frase cayó con más peso.

—Siempre dices eso cuando algo no encaja —continuó Céline, sin suavizar el tono—. Y ahora mismo… no encajas.

El aire se volvió más pesado.

—No todo gira alrededor de ustedes —replicó Mie-yeong, con la voz más firme—. También tengo derecho a tomar decisiones por mi cuenta.

—Nunca dijiste eso antes.

—Tal vez porque antes no lo necesitaba.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.