El cambio en la actitud de Dae-hyung no pasó desapercibido.
Mie-yeong lo observó en silencio mientras retomaban el paso. Su tono había vuelto a ser ligero, casi despreocupado, como si nada de lo que habían hablado segundos antes tuviera peso alguno. Pero esa transición había sido demasiado brusca, demasiado limpia, y no encajaba.
Y esa falta de encaje fue lo que hizo que su inquietud creciera, pero por un momento se rompió con la pregunta de Dae-hyung.
—¿A dónde quieres ir? —repitió él, esta vez con una leve sonrisa que parecía ensayada.
Mie-yeong no respondió de inmediato. Sus ojos se desviaron apenas, recorriendo el entorno de forma casi imperceptible para entender el cambio de Dae-hyung. La calle seguía igual; solo podía observar a personas caminando y escuchar el ruido de los carros que pasaban.
Después, sintió un leve escalofrío recorrerle la espalda, lo cual fue notado por Dae-hyung.
—¿Pasa algo? —preguntó él, observándola con atención.
Ella negó levemente.
—No… —respondió, aunque su tono no fue completamente convincente—. Solo estaba pensando.
Dae-hyung sostuvo su mirada un segundo más, como si evaluara algo.
Por un instante —apenas un instante— su expresión se endureció, como si algo no le gustara o como si lo que había planeado no estuviera saliendo como esperaba. Pero desapareció tan rápido que parecía haber sido imaginación.
—Entonces piensa mientras caminamos —dijo con naturalidad—. No quiero que digan que nuestra primera salida fue aburrida.
El comentario fue lo suficientemente ligero como para disolver parte de la tensión.
Mie-yeong exhaló suavemente.
—Hay un café más adelante —dijo—. Podemos ir ahí.
—Perfecto.
Caminaron.
Pero esta vez, el silencio entre ellos no era cómodo, sino como si estuviera planeado, como si su salida pareciera ensayada.
Esto comenzó a generarle dudas a Mie-yeong. Ella no entendía por qué Dae-hyung había tomado la decisión de actuar así. Solo podía seguirle la corriente, aunque por dentro quisiera tomar su mano y comportarse con naturalidad, porque él le generaba tranquilidad. Sin embargo, con la actitud que tenía ahora, no podía hacerlo.
Lo que Mie-yeong no sabía era que Dae-hyung ya se había percatado de algo.
A escasos metros de distancia, dos figuras se mantenían lo suficientemente lejos como para no llamar la atención.
Céline caminaba con paso firme, sus ojos fijos en la espalda de Mie-yeong.
Soo-ming, a su lado, mantenía una distancia ligeramente mayor, observando con más cautela.
—Baja un poco el ritmo —murmuró Soo-ming—. Si te acercas más, lo van a notar.
Céline no respondió de inmediato, pero redujo la velocidad apenas lo suficiente.
—No está actuando normal —dijo en voz baja—. Mírala cómo actúa.
Soo-ming dirigió la mirada hacia adelante.
—Lo sé.
Hubo un breve silencio.
—Pero tampoco podemos saltar a conclusiones.
Céline frunció ligeramente el ceño.
—No estoy saltando a nada —respondió—. Solo estoy observando.
Hizo una pausa.
—Y recordando.
Soo-ming giró apenas el rostro hacia ella.
—¿Qué cosa?
Céline no respondió de inmediato. Sus ojos se entrecerraron levemente.
—Ese tipo de comportamiento… ya lo he visto antes.
El ambiente entre ambas cambió sutilmente.
Soo-ming no insistió, pero ahora también estaba más alerta.
Esperaron a que se alejaran lo suficiente para seguirles el paso y ver a dónde entraban.
Dentro del café, el ambiente era tranquilo.
El sonido suave de las tazas, el murmullo de otras conversaciones y el aroma a café recién hecho creaban una atmósfera que contrastaba completamente con la tensión que ambos cargaban.
Mie-yeong tomó asiento frente a Dae-hyung.
Sus manos permanecieron sobre la mesa, juntas.
Dae-hyung la observó en silencio unos segundos antes de hablar.
—Sigues pensando.
No era una pregunta.
Ella levantó la mirada.
—Tú también.
La respuesta lo hizo sonreír levemente.
—Siempre lo hago.
Un breve silencio se instaló entre ambos. Entonces Mie-yeong desvió la mirada un segundo… y sin darse cuenta, sus dedos se tensaron. No se sentía cómoda con la situación, y un pequeño temblor recorrió su mano.
Al notarlo, rápidamente entrelazó los dedos para ocultarlo, pero Dae-hyung lo vio. Por un instante, no supo cómo reaccionar; no le gustaba verla así.
Entonces Mie-yeong habló.
—¿Por qué cambiaste de actitud hace un momento? —preguntó, bajando un poco la voz.
Dae-hyung no reaccionó de inmediato.
—¿Cómo? No entiendo.
Mie-yeong lo miró directamente a los ojos.
—Hace un momento estabas como siempre… y de repente cambiaste.
El aire pareció tensarse.
Dae-hyung apoyó el brazo sobre la mesa, inclinándose un poco hacia adelante.
—Digamos que… no estamos solos.
La respuesta fue directa.
Mie-yeong sintió cómo su cuerpo se tensaba.
—¿Quién?
Dae-hyung no respondió enseguida. Sus ojos se desviaron brevemente hacia una de las mesas detrás de ella. Por una fracción de segundo, se detuvo al ver a dos personas sentadas unas mesas atrás. Cuando volvió a mirarla, su expresión ya era otra.
—No mires —dijo en voz baja—. Solo escucha, y sabrás por qué cambié.
El pulso de Mie-yeong se aceleró.
—Tus amigas están dos mesas atrás de nosotros.
El impacto fue inmediato, haciendo que su respiración se cortara un segundo.
—¿Qué?
—Nos estaban siguiendo —continuó Dae-hyung—, y por eso tuve que actuar así.
Mie-yeong intentó confirmarlo de manera disimulada, ocultando su reacción. Su mente comenzó a moverse rápido cuando lo comprobó.
—No puede ser…
Nunca imaginó que sus amigas llegarían a ese punto, aunque en el fondo… una parte de ella sí lo había considerado.
—Ahora todo tiene sentido… —murmuró.
Dae-hyung la observó con atención.
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Editado: 27.04.2026