El demonio que Amé

Capitulo 68: Bajo la misma mesa

Céline no se movió de inmediato.

Se quedó de pie junto a la mesa, observándolos con detenimiento. Su mirada no era casual; estaba midiendo cada gesto, cada pausa, cada palabra que intercambiaban. Había algo en la escena que no encajaba, algo que no podía ignorar, y eso hacía que el aire a su alrededor se sintiera más denso.

Por unos segundos, Mie-yeong y Dae-hyung continuaron hablando como si nada hubiera pasado.

—Entonces… ¿prefieres lugares tranquilos? —preguntó él con ligereza.

Mie-yeong sostuvo su mirada antes de responder.

—Depende. A veces el ruido ayuda a que nadie escuche demasiado.

La frase parecía simple, pero no lo era. Había intención en ella, y Céline lo notó de inmediato.

Entrecerró ligeramente los ojos.

No intervino.

Aún.

Observó cómo ambos mantenían la conversación con una naturalidad que, lejos de tranquilizarla, solo aumentaba su incomodidad. Era demasiado fluido, demasiado controlado… como si estuvieran interpretando algo.

Hasta que carraspeó suavemente.

El sonido fue suficiente.

Ambos se detuvieron.

Y la miraron.

Dae-hyung reaccionó primero, con una sonrisa que parecía perfectamente colocada.

—Vaya… qué coincidencia.

Céline sostuvo su mirada sin devolver el gesto.

—Sí… coincidencia.

Pero no sonó como tal.

Mie-yeong inclinó levemente la cabeza, como si recién procesara su presencia.

—¿Céline? Pensé que te habías quedado en casa.

Sin pedir permiso, Céline tomó la silla frente a ellos y se sentó con calma.

—Y yo pensé que me dirías a dónde ibas —respondió.

El golpe fue limpio.

Mie-yeong entrelazó los dedos sobre la mesa, manteniendo la compostura.

—No sabía que ahora tenía que dar reportes.

—No es un reporte —replicó Céline—. Es consideración.

Dae-hyung dejó escapar una pequeña risa, apoyándose ligeramente en la mesa.

—No sabía que había reglas tan estrictas.

Céline no lo miró.

—No las hay. Pero hay hábitos… y algunos cambios son demasiado evidentes.

La frase no iba dirigida a él.

Mie-yeong lo entendió.

Y eso la irritó.

Pero no lo mostró.

En ese momento, una mesera se acercó, rompiendo momentáneamente la tensión.

—¿Desean ordenar algo más?

Dae-hyung tomó la iniciativa con naturalidad.

—Un café y algo dulce.

Luego miró a Mie-yeong.

—¿Tú?

Ella dudó apenas un segundo.

—Lo mismo.

Céline apoyó el codo sobre la mesa.

—Solo café.

La mesera asintió y se retiró.

El silencio volvió, pero esta vez no era el mismo. Era más controlado, más consciente… más peligroso.

Céline fue quien lo rompió.

—Entonces… ¿de qué hablaban?

—De nada importante —respondió Mie-yeong.

—Eso parece —replicó Céline.

Dae-hyung intervino, apoyando la barbilla sobre su mano.

—Estoy intentando conocerla.

Céline lo miró por primera vez desde que se sentó.

—¿Y qué has descubierto?

—Que no es tan predecible como parece.

La respuesta fue ligera, pero con intención.

Céline desvió la mirada hacia Mie-yeong.

—Eso es curioso.

—¿Por qué? —preguntó ella.

—Porque para alguien que no es predecible… últimamente actúas igual todo el tiempo.

El golpe fue directo.

Mie-yeong sintió la presión, pero no retrocedió.

—Tal vez solo estás mirando demasiado.

—Tal vez tú estás ocultando demasiado.

El aire se tensó.

En ese momento, las bebidas llegaron. El sonido de las tazas al posarse sobre la mesa interrumpió la escena lo suficiente como para darles un respiro.

Dae-hyung tomó su taza con calma.

—Al menos el café llegó antes de que esto se volviera incómodo.

Mie-yeong soltó una leve exhalación que casi parecía una risa.

Céline no reaccionó.

Tomó la taza.

Pero no bebió.

—No me gusta esto —dijo finalmente.

Mie-yeong frunció levemente el ceño.

—¿Qué cosa?

Céline sostuvo su mirada sin dudar.

—Que actúes como si nada estuviera pasando.

El golpe fue más fuerte que los anteriores.

Mie-yeong bajó la mirada un segundo.

Solo uno.

Y luego la levantó.

—Tal vez porque no está pasando nada.

Céline no respondió de inmediato.

Se inclinó ligeramente hacia adelante.

—Entonces explícame por qué siento que te estoy perdiendo.

La frase no fue agresiva.

Fue honesta.

Y por eso dolió más.

El aire cambió.

Por primera vez, Mie-yeong no tuvo una respuesta inmediata.

Dae-hyung lo notó.

Y esta vez intervino de verdad.

—Supongo que eso es lo que pasa cuando alguien cambia —dijo con tranquilidad—. No siempre es algo malo.

Céline lo miró fijamente.

—Depende de con quién esté cambiando.

El mensaje fue claro.

El silencio volvió, pero esta vez nadie intentó romperlo.

A unos metros, Soo-ming observaba la escena con atención, y ya no parecía tranquila.

En la mesa, las tazas permanecían intactas. El café comenzaba a enfriarse.

Y aun así, nadie se movía.

Porque en ese momento ya no era solo una conversación.

Era una batalla.

Una en la que nadie podía atacar directamente.

Pero donde cada palabra…

seguía siendo un disparo disfrazado.




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