El demonio que Amé

Capitulo 69: Verdades a medias

La tensión no desapareció.

Se asentó.

Se volvió más densa, más difícil de ignorar, como si el aire mismo se hubiera vuelto pesado entre ellos. Nadie habló de inmediato después de las palabras de Céline, pero tampoco hacía falta. Lo que había dicho seguía presente, flotando en la mesa como algo que no podía retirarse.

Dae-hyung fue el primero en moverse, no físicamente, sino en la conversación. Apoyó ligeramente el brazo sobre la mesa y la observó con una calma que no era del todo natural.

—¿Qué quieres decir con eso?

Su tono fue ligero, pero su mirada no lo era.

Mie-yeong sintió ese cambio.

Abrió los labios con la intención de intervenir, de suavizar el momento antes de que escalara, pero se detuvo. No porque no tuviera qué decir, sino porque lo que Céline había dicho había encontrado un lugar incómodo dentro de ella. No era una acusación cualquiera… era algo que, en parte, también había pensado.

Y eso la descolocó más de lo que quería admitir.

Céline no apartó la mirada.

—Quiero decir que no me gusta esto —respondió, sin rodeos, pero sin alzar la voz—. Desde que él apareció… has cambiado.

No hubo agresividad en su tono.

Pero sí firmeza.

—Y no es un cambio pequeño —continuó—. Es uno que no entiendo… y que no me gusta.

El silencio que siguió fue breve, pero suficiente para marcar la incomodidad.

Dae-hyung dejó escapar una pequeña risa, casi imperceptible, como si la situación le resultara curiosa más que incómoda.

—Es curioso —dijo—. Porque a veces las personas no cambian de repente…

Hizo una pausa leve, midiendo el momento.

—Solo dejan de mostrar ciertas partes… dependiendo de con quién estén.

La frase fue suave.

Demasiado suave.

Pero cayó con precisión.

Mie-yeong sintió el peso de esas palabras antes incluso de procesarlas del todo. No eran una defensa directa, ni un ataque evidente, pero estaban colocadas en el punto exacto para generar duda.

Céline lo entendió.

—Nos conocemos desde hace mucho —respondió, manteniendo la calma—. Lo suficiente como para saber cómo es ella.

Sus ojos se fijaron en él.

—Y no… esto no es algo que estuviera ocultando.

Hizo una pausa.

—Esto empezó cuando tú apareciste.

La respuesta no fue más alta, pero sí más firme.

Mie-yeong exhaló lentamente.

El sonido fue suave, pero suficiente para cortar el intercambio. Ambos la miraron.

Durante un segundo, consideró quedarse en silencio.

Seguir evitando.

Pero ya no podía sostenerlo.

—No todo lo que dice es mentira —admitió finalmente.

Las palabras salieron más lentas de lo habitual.

Céline se quedó quieta.

—Pero tampoco es toda la verdad —añadió—. Hay cosas que no muestro… no porque quiera ocultarlas…

Su mirada bajó apenas un instante antes de volver a alzarse.

—Sino porque tengo que hacerlo.

El silencio se volvió más pesado.

—Soy la líder —continuó, esta vez con más firmeza—. Y eso significa que no siempre puedo permitirme ser… completamente honesta con lo que siento.

Mientras hablaba, algo en su interior se tensaba. No era solo lo que decía, sino lo que omitía. Había aprendido a filtrar, a contener, a mostrarse solo lo necesario. Era parte de su rol… pero también una carga.

Y en ese momento, se preguntó —aunque solo fuera por un segundo— cuánto de eso seguía siendo una elección.

Céline no respondió y no es porque no quisiera , sino porque no esperaba esa respuesta.

El silencio se extendió… hasta que una nueva presencia lo interrumpió.

—Parece que llegué en un momento interesante.

Soo-ming se detuvo junto a la mesa, con una expresión serena que contrastaba ligeramente con la tensión que aún se sentía. Su tono era ligero, pero su mirada había registrado más de lo que aparentaba.

—Hola —saludó.

Dae-hyung fue el primero en responder.

—Pensé que estabas en casa —comentó—. ¿Dónde estabas?

Soo-ming sonrió con naturalidad.

—Fui a buscar a Céline —respondió—. No estaba, y pensamos ver una película mientras esperábamos a que Mie-yeong regresara.

La explicación fue sencilla.

Demasiado.

—Ah… ya veo —respondió Dae-hyung, sin cuestionarla.

Soo-ming miró a Céline.

—¿Ya nos vamos?

Céline no respondió.

El silencio volvió a instalarse, incómodo.

Soo-ming desvió ligeramente la mirada hacia Dae-hyung.

—¿Puedo sentarme?

—Claro —respondió él, moviéndose con naturalidad para darle espacio.

Soo-ming tomó asiento.

—Entonces… ¿cómo va todo?

La pregunta quedó en el aire pero nadie respondió de inmediato y el silencio que siguió fue distinto al anterior ,más tenso y más consciente.

Dae-hyung fue quien lo rompió.

—Bien —dijo con una ligera sonrisa—. Nos estamos conociendo.

Hizo una breve pausa.

—Aunque supongo que ya no cuenta como cita.

Soo-ming dejó escapar una pequeña risa, más por reflejo que por diversión.

—Sí… supongo que no.

Mie-yeong la miró directamente.

—¿Tú también estás aquí para cuestionarme?

La pregunta fue clara.

Soo-ming no se alteró.

—No —respondió—. Pero creo que hay cosas que podrías decirnos… sin necesidad de que te las pidamos.

No fue una acusación pero tampoco fue neutral.

Mie-yeong sostuvo su mirada.

—Ya veremos.

La respuesta fue breve.

Y suficiente.

Dae-hyung intervino nuevamente.

—¿Desde cuándo se conocen?

Soo-ming giró ligeramente hacia él.

—Desde niñas.

—Entonces crecieron juntas.

—Algo así.

—¿Cómo que “algo así”?

Hubo una pausa mínima.

—Jugábamos juntas —respondió finalmente.

La respuesta era simple.

Y cuidadosamente incompleta.

—Entiendo —dijo Dae-hyung—. ¿Y cómo decidieron ser idols?

—Fue una idea —respondió Soo-ming—. Y funcionó.

Dae-hyung asintió levemente.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.