El demonio que Amé

Capitulo 70: El límite del silencio

El camino de regreso estuvo cargado de una tensión insoportable.

No era un silencio tranquilo ni uno de esos silencios que sirven para pensar. Era un silencio afilado, pesado, lleno de palabras que se habían quedado atoradas en la garganta de las tres. Cada paso sobre la acera sonaba demasiado fuerte, como si incluso el ruido de sus zapatos quisiera romper la calma falsa que aún se sostenía entre ellas.

Mie-yeong caminaba adelante con la espalda recta y los hombros tensos.

Su paso era firme, rápido, casi agresivo.

No volteaba.

No quería hacerlo.

Sabía que, si miraba a Céline o a Soo-ming en ese momento, algo explotaría antes de llegar a casa.

Detrás de ella, Céline apretaba la mandíbula con tanta fuerza que comenzaba a dolerle. Su pecho subía y bajaba con respiraciones cortas y desordenadas. Seguía recordando la cafetería. Seguía viendo la sonrisa de Dae-hyung, escuchando sus preguntas, sus indirectas… y peor aún, seguía escuchando las respuestas de Mie-yeong.

“Lo que dice… no es completamente mentira.”

Esa frase no dejaba de repetirse en su cabeza.

Soo-ming, en medio de ambas, caminaba más despacio, observándolas con preocupación. Ella también tenía dudas. También sentía que Mie-yeong estaba ocultando algo importante. Pero lo ocurrido en la cafetería había ido demasiado lejos, y lo último que quería era que esa tensión terminara rompiéndolas.

—Céline… —murmuró en voz baja, intentando calmarla.

Pero ella no respondió.

Mie-yeong tampoco.

Su mente estaba demasiado ocupada.

Las palabras seguían golpeándola una tras otra.

“Te estoy perdiendo.”

“Nos ocultas cosas.”

“Has cambiado.”

Apretó los labios, negándose a aceptar la idea.

No… ella no había cambiado.

O al menos eso era lo que quería creer.

Quizá lo único que estaba ocurriendo era que estaba dejando salir partes de sí misma que llevaba demasiado tiempo reprimiendo.

Y eso…

eso era peligroso.

Cuando llegaron a casa, Mie-yeong abrió la puerta con brusquedad.

Entró primero.

Dejó el bolso sobre el sofá con un golpe seco.

Se giró de inmediato.

Y esta vez no contuvo nada.

—¿En qué estaban pensando?

Su voz rompió el silencio de la sala como un cristal.

Céline levantó la cabeza de inmediato.

—¿Perdón?

—¿Seguirme? —continuó Mie-yeong, avanzando un paso hacia ella—. ¿Entrar a la cafetería? ¿Sentarse frente a mí? ¿Interrogarme delante de él?

Cada palabra salía más cargada.

Más alta.

Más herida.

—¿Qué querían lograr con eso?

Céline dio un paso al frente.

—¡Queríamos respuestas!

—¡No tenían derecho!

—¡Y tú no tenías derecho a ocultarnos cosas!

La frase cayó como una bomba.

Soo-ming reaccionó al instante.

—Chicas, cálmense…

Ninguna la escuchó.

Mie-yeong apretó los puños.

—¡No les oculté nada!

Céline soltó una risa amarga.

—¿En serio?

La miró con incredulidad.

—¿Vas a decirme que no nos estás ocultando nada?

Mie-yeong sostuvo su mirada.

Pero no respondió, y ese pequeño silencio fue suficiente para darle la razón a Céline.

Ella dio otro paso.

—Cada vez sales más.

—Cada vez ocultas más el teléfono.

—Cada vez te vas sin decirnos nada.

Su voz comenzó a quebrarse.

Pero siguió.

—Y ahora vienes a gritarnos como si nosotras fuéramos las malas.

Mie-yeong sintió cómo algo dentro de ella comenzaba a resquebrajarse.

—No entiendes…

—¡Entonces explícame!

Céline alzó la voz.

Sus ojos brillaban.

—¡Porque desde que él apareció ya no eres la misma!

Mie-yeong reaccionó de inmediato.

—¡Porque no puedo ser la misma!

El silencio cayó de golpe, incluso Céline se quedó quieta entonces Mie-yeong empezo a tener una respiracion agitada y finamelmente hablo.

—¿Crees que puedo ser yo misma? —continuó, con la voz temblando de rabia y cansancio—. ¿Crees que puedo hacer lo que quiero? ¿Decir lo que siento?

Su mirada pasó de Céline a Soo-ming.

—Soy la líder.

La frase salió firme produciendo un dolor en celine y soo-ming al escuchar a mie-yeong diciendo y mie-yeong siguio hablando.

—Tengo que sostenerlas, tengo que ser fuerte, tengo que aparentar estar bien incluso cuando no lo estoy.

Sus ojos comenzaron a humedecerse.

Pero no lloró.

—No puedo permitirme romperme.

La sala quedó en silencio.

Céline tragó saliva.

Mie-yeong siguió, ya sin poder detener todo lo que llevaba dentro.

—Si me ven dudar… dudan ustedes.

—Si me ven caer… caen ustedes.

—Si me ven débil…

Hizo una pausa.

Su voz se quebró apenas.

— Ustedes bien saben que no somos solamente idols sino cazadores demonios asi que si yo realmente me mostrara con todo lo que siento y pienso entonces dejo de ser alguien en quien puedan apoyarse.

Soo-ming bajó la mirada.

Céline abrió los labios.

Esta vez sí encontró palabras.

Dio otro paso.

Sus ojos brillaban más.

—¡Yo no quiero una líder perfecta!

La frase salió rota.

Pero firme.

—¡Quiero a mi amiga!

Eso la golpeó más que cualquier otra cosa.

Céline respiró con dificultad.

—No me importa si dudas.

—No me importa si lloras.

—No me importa si te equivocas.

Su voz tembló.

—Solo… no me alejes.

Mie-yeong respondio con tu tono medio serio

Lamnentablmente no puedeo ser solamente tu amiga porque sino no puedo ser una buena lider .

Despues de eso el silencio que siguió fue devastado

Luego de un rato Mie-yeong soltó una risa amarga.

—¿Y saben qué es lo peor?

Las miró.

—Tal vez sí he cambiado.

La confesión hizo que ambas levantaran la vista.

—Porque quizás… una parte de mí está intentando salir.

Su voz bajó.

Más triste.

—Una parte que nunca pude mostrar a ustedes pero puede que si a el porque no tengo que aparentar ser fuerte frente a el.




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