El silencio no se rompió de inmediato, pero tampoco fue el mismo de antes. Había cambiado de forma, como si lo más duro ya hubiera pasado y lo que quedaba fuera algo más difícil de nombrar. Mie-yeong permanecía sentada en la cama, con la espalda recta, mientras Céline y Soo-ming seguían frente a ella, aún en el suelo, sosteniendo una distancia que ya no era completamente rígida, pero tampoco cercana. Nadie parecía querer ser la primera en moverse, como si cualquier acción mal medida pudiera deshacer ese equilibrio frágil que apenas se había formado.
Céline respiró hondo antes de hablar, y esta vez su voz no tuvo la firmeza habitual, sino una cautela que no solía mostrar.
—No esperamos que confíes en nosotras de inmediato… —dijo, sosteniendo la mirada con dificultad—, pero tampoco queremos quedarnos como si fuéramos extrañas.
Mie-yeong no respondió enseguida, pero sus ojos ya no tenían el mismo filo de antes. Aun así, la distancia seguía ahí.
Soo-ming intervino con un tono más controlado, aunque por dentro no estaba tan tranquila como parecía.
—Tampoco queremos volver a presionarte —añadió—. Ya entendimos que no fue la forma correcta.
Hizo una pausa breve, como si eligiera con cuidado lo que iba a decir después.
—Pero tampoco sabemos cómo acercarnos sin que parezca que estamos invadiendo.
El comentario quedó suspendido en el aire.
Mie-yeong bajó la mirada por un momento. Esa contradicción no le era ajena; ella también la sentía, aunque desde el otro lado. Su mano se deslizó de forma inconsciente hacia su abdomen, ejerciendo una leve presión, como si su cuerpo le recordara que no podía permitirse perder el control otra vez. La sensación no era dolor, pero sí una incomodidad tenue, constante, que la mantenía alerta.
—No hay una forma correcta —respondió finalmente, con un tono más bajo—. Solo… no fuercen las cosas.
Céline asintió lentamente, aunque no parecía completamente satisfecha con esa respuesta.
—Entonces vamos a ir paso a paso.
Soo-ming la miró de reojo, percibiendo ese intento de reconstruir algo sin saber exactamente cómo.
—No queremos perderte —añadió Céline, esta vez sin suavizarlo.
Mie-yeong levantó la mirada.
—No me han perdido —respondió—, pero tampoco esperen que todo vuelva a ser como antes.
El peso de esa frase se sintió con claridad.
Soo-ming soltó un suspiro leve, casi imperceptible.
—Lo entendemos.
Aunque no fuera del todo cierto.
El silencio regresó, pero esta vez fue más corto. No era cómodo, pero tampoco tenía la misma tensión que antes. Céline se puso de pie primero, con un movimiento más lento de lo habitual, como si no quisiera precipitar nada. Soo-ming la siguió, y ambas permanecieron un instante más frente a Mie-yeong sin saber exactamente cómo cerrar ese momento.
—Vamos a dejarte descansar —dijo Soo-ming.
Mie-yeong asintió.
—Buenas noches.
—Buenas noches —respondieron ambas.
Céline dudó un segundo antes de girarse, como si quisiera decir algo más, pero no encontrara la forma correcta. Finalmente, se dio la vuelta y salió junto a Soo-ming. Sus pasos por el pasillo fueron suaves, pero no ligeros; había un peso en ellos, algo que no terminaba de resolverse.
Mie-yeong no se levantó de inmediato. Permaneció sentada, mirando hacia la puerta abierta, como si aún pudiera escuchar lo que no se dijo. La incomodidad no había desaparecido, solo había cambiado de forma.
Cuando finalmente se puso de pie y caminó hacia la puerta, lo hizo con más lentitud de la habitual. La cerró con suavidad, pero no del todo; dejó un pequeño espacio, casi imperceptible, como si no quisiera encerrarse completamente.
Regresó a la cama y se sentó de nuevo, pero esta vez su postura cedió un poco. Su mano volvió a posarse sobre su abdomen, esta vez con más intención. La sensación de antes seguía ahí, leve pero persistente, como un recordatorio constante de que no podía permitirse otra pérdida de control.
—Tengo que mantenerme estable… —murmuró.
Su respiración se volvió más lenta, más consciente, como si intentara regularse desde adentro. No era solo por lo que había pasado con Céline y Soo-ming, sino por lo que eso podía provocar. Sabía que el estrés no era solo emocional; tenía consecuencias.
Y no podía arriesgarse.
El pensamiento la obligó a cerrar los ojos un momento, pero no alcanzó a relajarse del todo. Había algo más en el ambiente, algo sutil, difícil de percibir si no estuviera atenta.
No fue un sonido.
No fue un movimiento.
Fue una presencia contenida.
Cuando abrió los ojos, Dae-hyung ya estaba ahí.
No de la forma abrupta que solía tener, sino casi como si siempre hubiera estado en la habitación. Apoyado cerca de la ventana, con la postura relajada, pero con una quietud distinta, más medida. Su presencia no se sentía igual; era más tenue, más controlada, como si hubiera reducido deliberadamente lo que lo hacía… él.
Mie-yeong lo observó unos segundos antes de hablar.
—Estás ocultándote.
Dae-hyung esbozó una leve sonrisa.
—Estoy evitando problemas —respondió con calma—. No es buen momento para que sepan que estoy aquí.
Mie-yeong no apartó la mirada.
—¿Cuánto estás suprimiendo?
—Lo suficiente para no llamar la atención —contestó—. Pero no tanto como para desaparecer.
Ella soltó una leve exhalación.
—Eso es arriesgado.
—Todo lo es.
Dae-hyung se acercó unos pasos, pero su movimiento no fue completamente relajado; había una ligera tensión en la forma en que observaba el entorno, como si evaluara constantemente lo que no se veía. Finalmente, se sentó a su lado.
—Te contuviste —dijo después de un momento.
Mie-yeong frunció levemente el ceño.
—No tenía opción.
—Siempre hay opciones.
Ella negó apenas.
—No en este caso.
Su mano volvió a moverse de forma inconsciente hacia su abdomen, y esta vez Dae-hyung lo notó con claridad. Su expresión cambió ligeramente, volviéndose más seria.
#97 en Fanfic
#48 en Ciencia ficción
drama, romance enemiestolove rivalesamantes, cazadoras y demonios
Editado: 19.05.2026