La conversación con Dae-hyung continuó algunos minutos más después de eso, aunque el ambiente ya no tenía la misma tensión de antes. La habitación permanecía en silencio casi todo el tiempo, pero no era un silencio incómodo. Era uno cansado, pesado, como el que queda después de una tormenta demasiado larga.
Mie-yeong seguía sentada sobre la cama mientras Dae-hyung permanecía a su lado, observándola de reojo. Incluso con esa expresión tranquila que casi siempre llevaba, ella podía notar que seguía atento a todo. Su presencia se sentía diferente, más contenida, como si hubiera reducido deliberadamente todo aquello que lo hacía imposible de ignorar.
Y sabía perfectamente por qué.
Él estaba suprimiendo sus poderes.
Ocultándose.
Porque ahora no solo debían preocuparse por sus compañeras, sino también por cualquier otra cosa que pudiera detectarlo.
—Sigues pensando demasiado —dijo él de repente.
Mie-yeong soltó una pequeña exhalación cansada.
—Y tú demasiado poco.
Dae-hyung sonrió apenas.
—No es cierto. Solo no entro en pánico tan rápido como tú.
Ella lo miró de reojo.
—Qué alivio escuchar eso mientras mi vida se cae a pedazos.
—Exagerada.
La respuesta salió tan natural que ella terminó soltando una pequeña risa nasal antes de negar levemente con la cabeza.
Dae-hyung la observó unos segundos más.
—Aunque… —añadió con calma— te ves más tranquila.
Mie-yeong bajó ligeramente la mirada.
—Estoy cansada para seguir peleando.
—Eso también ayuda.
El comentario consiguió otra pequeña reacción de ella, apenas visible, pero suficiente para que Dae-hyung entendiera que al menos ya no estaba al borde de explotar emocionalmente como antes.
Sin embargo, el cansancio seguía ahí.
Y no solo emocional.
Mie-yeong lo sentía en todo el cuerpo.
En la pesadez de sus movimientos.
En cómo necesitaba respirar más lento para evitar incomodidades.
En la presión constante que parecía instalarse poco a poco sobre ella conforme avanzaban los días.
Dae-hyung pareció notarlo también.
Su mirada descendió apenas hacia ella antes de volver a hablar.
—Deberías descansar.
—Lo sé.
—Y comer mejor.
Mie-yeong levantó la vista inmediatamente.
—No empieces.
Él soltó una pequeña risa.
—Solo digo que últimamente sobrevives a base de café y estrés.
—Eso no es nuevo.
—Sí, pero ahora no estás sola.
El comentario la dejó en silencio.
Instintivamente, su mano terminó apoyándose sobre su abdomen otra vez.
El gesto fue pequeño.
Automático.
Pero Dae-hyung lo notó.
Y por un instante su expresión cambió apenas, volviéndose más suave.
Eso hizo que Mie-yeong desviara ligeramente la mirada.
Todavía le costaba acostumbrarse a ese tipo de momentos.
A esa sensación extraña de calidez que aparecía cada vez con más frecuencia.
Porque una parte de ella todavía sentía miedo.
Miedo de no poder protegerlo.
Miedo de que todo se descubriera.
Miedo de no ser suficiente.
Pero otra parte comenzaba a sentir algo completamente distinto y eso era precisamente lo que más la desordenaba por dentro.
Dae-hyung terminó levantándose después de unos minutos.
—Ya me voy antes de que alguien note algo raro.
Mie-yeong levantó apenas la mirada hacia él.
—¿Y desde cuándo eso te preocupa?
—No particularmente —respondió con calma—, pero a ti sí.
Ella guardó silencio.
Porque tenía razón.
Dae-hyung caminó hacia la ventana y antes de desaparecer volvió a mirarla.
—Nos vemos mañana.
Hizo una pausa breve.
—Y prepárate.
Mie-yeong frunció levemente el ceño.
—Eso sonó amenazante.
—Tal vez lo era.
Ella soltó un suspiro cansado mientras él sonreía apenas antes de desaparecer silenciosamente de la habitación.
El cuarto volvió a quedar en calma.
Pero esta vez el silencio no se sintió vacío.
Mie-yeong permaneció quieta unos segundos más antes de decidir levantarse para cambiarse. Sin embargo, apenas se puso de pie demasiado rápido, un mareo repentino hizo que todo alrededor pareciera inclinarse un instante.
Tuvo que volver a sentarse inmediatamente sobre la cama.
Parpadeó varias veces mientras llevaba una mano a su frente.
La sensación desapareció lentamente, dejando detrás un cansancio extraño.
—Genial… —murmuró en voz baja.
Su mano descendió lentamente hacia su abdomen.
Hasta hacía poco todavía podía convencerse de que muchos cambios eran pequeños o temporales.
Pero cada día se volvía más difícil.
Muy difícil.
Ahora estaba el cansancio constante.
Las emociones.
La presión.
Los cambios físicos.
Y lo peor era que todo seguía avanzando aunque ella intentara ignorarlo.
Respiró hondo antes de volver a levantarse, esta vez con mucho más cuidado. Cuando logró estabilizarse por completo, sintió claramente la diferencia en su cuerpo.
La barriga ya pesaba más.
No demasiado.
Pero lo suficiente para que comenzara a afectar pequeños movimientos cotidianos.
Eso le provocó una sensación extraña.
Porque por un lado sentía ansiedad.
Muchísima.
Cada nuevo cambio significaba otro problema que ocultar.
Otra posibilidad de ser descubierta.
Otra mentira más que sostener.
Pero por otro lado…
también era imposible ignorar lo real que todo se estaba volviendo.
Eso hacía que una sensación cálida apareciera lentamente dentro de ella.
Una que todavía no sabía cómo manejar.
Se dirigió al armario y comenzó a cambiarse lentamente. Cuando se quitó la parte superior de la ropa evitó mirarse demasiado tiempo en el espejo, pero aun así fue imposible no notarlo.
Su vientre era más evidente.
Todavía podía ocultarlo usando ropa adecuada.
Pero al descubierto…
#97 en Fanfic
#48 en Ciencia ficción
drama, romance enemiestolove rivalesamantes, cazadoras y demonios
Editado: 19.05.2026