El demonio que Amé

Capitulo 75: Cambios que no pueden detenerse

La mañana continuó con una calma frágil después del desayuno. Aunque el ambiente había mejorado ligeramente en comparación con los días anteriores, seguía existiendo algo incómodo entre las tres, una sensación difícil de ignorar que aparecía en pequeños silencios o en miradas que duraban un segundo más de lo normal. Aun así, Céline y Soo-ming estaban haciendo un esfuerzo evidente por no volver a presionar a Mie-yeong. Después de todo lo ocurrido, ambas entendían que si insistían demasiado solo conseguirían volver a alejarla.

Sin embargo, eso no significaba que dejaran de notar cosas.

Mientras terminaban de recoger la mesa y Soo-ming llevaba algunas tazas hacia el fregadero, sus ojos se desviaron otra vez hacia Mie-yeong. Intentó actuar con naturalidad antes de hablar.

—Entonces… —dijo con un tono ligero acompañado de una pequeña sonrisa—. ¿Hoy las chicas decidieron declararse independientes?

Mie-yeong levantó apenas la mirada.

—¿Qué chicas?

Céline soltó una pequeña risa antes de intervenir.

—Las del busto, obviamente. Hay que dejarlas respirar aunque sea una vez.

La broma consiguió que Soo-ming se riera también mientras comenzaba a lavar las tazas. Por un instante, el ambiente pareció más parecido al de antes, menos pesado, menos frágil.

Mie-yeong intentó mantener la calma aunque por dentro sintió un pequeño sobresalto. Ya sabía que ambas se habían dado cuenta desde el momento en que bajó las escaleras, pero escuchar que lo mencionaban directamente hizo que la ansiedad volviera a moverse dentro de ella.

Aun así, mantuvo la compostura.

—A veces hay que dejar de oprimirlas tanto —respondió mientras tomaba otra taza para ayudar a lavar—. Se cansan de vivir encarceladas.

Soo-ming soltó una carcajada breve.

—Vaya… nunca pensé escuchar un discurso revolucionario tan temprano.

—Definitivamente este año está siendo raro —añadió Céline con una sonrisa divertida.

Las tres terminaron riéndose suavemente.

Y aunque para Céline y Soo-ming aquella conversación solo era una broma inocente, para Mie-yeong era completamente diferente. Cada segundo sentía miedo de decir algo incorrecto o reaccionar demasiado. Su mente estaba demasiado alerta, como si esperara que en cualquier momento ambas unieran piezas que todavía no debían conocer.

Intentó concentrarse únicamente en lavar las cosas.

El sonido del agua ayudó un poco a disminuir el ruido de sus pensamientos.

Sin embargo, mientras secaban las últimas tazas, Céline volvió a hablar.

—Lamentablemente las chicas tendrán que volver a prisión pronto.

Mie-yeong levantó apenas la vista.

—¿Qué?

—Los ensayos —respondió Céline—. Ya tenemos que regresar a practicar en serio o la Honmoon se va a debilitar más.

El comentario golpeó directamente a Mie-yeong.

Su cuerpo se tensó apenas.

Hasta ese momento había estado tan concentrada en ocultar los cambios físicos dentro de la casa que no había pensado demasiado en lo otro.

Los conciertos.

Las coreografías.

La ropa ajustada.

Los movimientos intensos.

Su respiración se volvió ligeramente más lenta mientras intentaba no mostrar nada, porque sabía perfectamente que ya no estaba igual que antes y también sabía que ocultarlo durante los entrenamientos sería muchísimo más difícil.

Aun así, obligó a su expresión a mantenerse tranquila.

—Estaré ahí —respondió finalmente.

Céline le dedicó una pequeña sonrisa.

—Eso esperaba escuchar de nuestra querida líder.

Las palabras le provocaron una sensación extraña, porque “líder” siempre había significado una sola cosa para ella: ser fuerte, no importar cuánto doliera algo, no quebrarse, no mostrar debilidad, no permitir que otros cargaran con sus problemas. Eso era exactamente lo que le habían enseñado durante años.

Y aunque últimamente comenzaba a cansarse de sostener todo eso sola, seguía sin saber cómo dejar de hacerlo.

Después de terminar de ordenar todo, Mie-yeong subió nuevamente a su habitación con la excusa de cambiarse para entrenar. Apenas desapareció escaleras arriba, el ambiente entre Céline y Soo-ming cambió un poco.

Soo-ming dejó escapar un suspiro mientras se apoyaba sobre la encimera.

—Definitivamente algo raro está pasando.

Céline cruzó los brazos lentamente.

—Sí…

Hubo unos segundos de silencio.

—Nunca había bajado sin sujetador —añadió Soo-ming con el ceño apenas fruncido—. Ni una sola vez en todos estos años.

Céline asintió lentamente.

—Ella siempre ha sido demasiado cuidadosa con esas cosas.

—Por eso mismo se siente raro.

Soo-ming bajó un poco la voz.

—Y no es solo eso… también está más cansada últimamente. ¿No lo notas?

Céline permaneció pensativa unos segundos.

—Lo noto.

—Y además está actuando diferente.

—Eso ya lo sabemos.

—No, me refiero a otra cosa —aclaró Soo-ming—. Es como si estuviera intentando controlar demasiadas cosas al mismo tiempo.

Céline guardó silencio porque ella también lo había notado. Cada movimiento de Mie-yeong parecía medido. Cada respuesta. Cada reacción. Como si viviera constantemente preparada para esconder algo.

Eso le provocaba una sensación incómoda en el pecho.

—Prometimos no volver a presionarla —dijo Soo-ming finalmente.

—Lo sé.

—Entonces intentemos hacerlo bien esta vez.

Céline suspiró lentamente.

—Estoy intentando.

Y era verdad. Aunque seguía teniendo dudas, también entendía que la discusión anterior había herido muchísimo a Mie-yeong. Volver a acorralarla ahora probablemente solo empeoraría todo.

Después de eso ambas comenzaron a prepararse para el entrenamiento.

Mientras tanto, en el cuarto, Mie-yeong estaba frente a la cama rodeada de ropa interior con una expresión cada vez más desesperada.

Había intentado ponerse todos sus sujetadores.

Todos.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.