El ambiente en la sala permaneció extraño incluso después de que Dae-hyung apareció en la entrada. Aunque la tensión de días anteriores había disminuido un poco, seguían existiendo demasiadas cosas sin resolver entre todos, y eso hacía que incluso momentos simples se sintieran delicados.
Céline fue la primera en romper el silencio después de escuchar que iban a salir.
—¿De verdad vas a ir? —preguntó mirando directamente a Mie-yeong—. Hace unos minutos dijiste que te sentías mal.
Mie-yeong sostuvo su mirada apenas un instante antes de responder.
—Ya me siento mejor.
La respuesta salió tranquila, pero no completamente convincente.
Soo-ming, que estaba apoyada contra la mesa con los brazos cruzados, suspiró suavemente antes de intervenir.
—Mie-yeong… no tienes que actuar como si nada hubiera pasado tan rápido.
Eso hizo que ella desviara ligeramente la mirada.
Porque sabía que Soo-ming no lo decía para presionarla.
Lo decía porque estaba preocupada.
Céline también la observó unos segundos antes de hablar otra vez, aunque esta vez su tono fue mucho menos duro que antes.
—Además, te veías realmente mal cuando te fuiste en pleno entrenamiento.
Mie-yeong sintió una pequeña incomodidad en el pecho.
No sabía cómo responder sin empeorar las cosas.
Por suerte, Dae-hyung intervino antes de que el silencio volviera a hacerse pesado.
—Solo saldremos un rato —dijo con naturalidad—. No planeo secuestrarla todavía.
Soo-ming soltó una pequeña risa cansada.
—El “todavía” es lo preocupante.
—Qué poca confianza tienen en mí.
—Porque das razones.
Eso hizo que incluso Céline sonriera apenas.
La tensión disminuyó un poco gracias a eso.
Dae-hyung aprovechó el momento para acercarse ligeramente a Mie-yeong.
—Si te sientes mal de nuevo, regresamos inmediatamente —dijo esta vez en voz más baja.
Ella asintió suavemente.
Aunque por dentro sabía que lo que realmente la estaba agotando no era solo el entrenamiento.
Era todo.
El miedo constante.
Las sospechas.
La presión de seguir aparentando normalidad cuando realmente ya no lo era.
Y sobre todo, el miedo de que tarde o temprano ya no pudiera ocultar nada.
Después de despedirse, ambos salieron de la casa. Apenas la puerta se cerró detrás de ellos, Mie-yeong sintió cómo parte de la presión que llevaba encima disminuía un poco.
No completamente.
Pero sí lo suficiente para poder respirar mejor.
Caminaron unos minutos en silencio mientras las luces de la ciudad comenzaban a encenderse lentamente alrededor de ellos. El aire fresco ayudó a despejar un poco la mente de Mie-yeong, aunque el cansancio seguía presente en cada movimiento de su cuerpo.
Dae-hyung la observó de reojo varias veces.
Era evidente que algo más había pasado.
Y también era evidente que ella estaba intentando soportarlo sola otra vez.
Finalmente, habló.
—Ahora sí puedes contarme qué ocurrió arriba.
Mie-yeong soltó una pequeña exhalación cansada antes de responder.
—Fue un desastre.
Dae-hyung arqueó apenas una ceja.
—Eso ya lo imaginé.
Ella lo miró un segundo.
—No, hablo en serio.
Hubo una breve pausa antes de que continuara caminando más despacio.
—Ya no puedo usar la ropa que siempre usaba.
Dae-hyung guardó silencio unos segundos.
Claramente no esperaba escuchar eso.
Mie-yeong notó su expresión y terminó soltando una pequeña risa agotada.
—Mira tu cara.
—Estoy intentando entender por qué eso sería una tragedia humana.
—Porque sí lo es.
La respuesta salió inmediata.
Él la observó con más atención mientras ella seguía hablando, esta vez mucho más desahogada que antes.
—Esta mañana nada me quedaba bien. Todo me quedaba muy apretado y después incluso intente usar ropa deportiva fue la peor decision que tome.
Hizo una pausa antes de cerrar los ojos con cansancio.
—Fue horrible.
Dae-hyung inclinó apenas la cabeza.
—¿Horrible cómo?
Mie-yeong pareció debatirse internamente entre explicarlo o no.
Al final suspiró.
—Sentía que no podía respirar.
Eso hizo que él frunciera ligeramente el ceño.
Porque aunque no entendía completamente esos cambios humanos, sí podía notar el estrés que todo eso le estaba provocando.
Ella continuó hablando antes de que pudiera responder.
—Como nada me quedaba bien y tenia que bajar para entrenar improvise una solucion con una cinta
Dae-hyung se detuvo apenas un segundo.
—¿Con cinta?
—No me mires así. En ese momento parecía una buena idea.
—Definitivamente los humanos sobreviven por pura improvisación.
Eso le sacó una pequeña risa.
Una real.
Pequeña, pero real.
Y Dae-hyung lo notó inmediatamente.
Entonces ella volvió a hablar, esta vez más rápido, como si por fin estuviera soltando todo lo que llevaba acumulando durante el día.
Le contó cómo la cinta comenzó a despegarse durante el entrenamiento.
Cómo sintió pánico cuando penso todo estaba a punto de soltarse.
Cómo tuvo que detener todo de golpe.
Cómo Céline y Soo-ming quisieron ayudarla.
Y cómo terminó huyendo prácticamente hacia su habitación porque no sabía qué hacer.
Mientras hablaba, su frustración comenzó a notarse cada vez más.
—Todo está cambiando demasiado rápido —murmuró finalmente—. Primero fue esconder el vientre… ahora esto disimuladamente señalando su busto … y después seguramente será otra cosa.
Bajó la mirada hacia el suelo.
—Siento que mi propio cuerpo está traicionándome.
Dae-hyung permaneció en silencio unos segundos antes de responder.
No conocía completamente los cambios físicos de un embarazo humano. Había leído algunas cosas por curiosidad, pero escucharla hablar así era diferente.
Porque ahora podía ver el miedo detrás de todo eso.
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Editado: 19.05.2026