La conversación entre ambos continuó avanzando con una tranquilidad extraña después de que Dae-hyung lograra calmar un poco a Mie-yeong. Por primera vez en todo el día, ella sentía que podía respirar sin tener que estar pensando constantemente en qué debía ocultar o cómo debía actuar. Tal vez era porque él ya conocía la verdad. O tal vez porque, incluso siendo un demonio, Dae-hyung terminaba dándole una sensación de calma que muy pocas personas lograban provocarle.
Después de unos minutos de conversación, una empleada se acercó para tomarles la orden.
Mie-yeong levantó apenas la carta antes de hablar.
—Quiero un café con leche.
La empleada asintió antes de mirar a Dae-hyung.
Él observó la carta durante unos segundos como si estuviera analizando algo completamente desconocido.
—Entonces yo quiero… café.
Mie-yeong lo miró inmediatamente.
—¿Vas a tomar café?
Dae-hyung levantó apenas una ceja.
—¿Eso tiene algo raro?
—Eres un demonio —respondió ella sin poder evitar cierto tono divertido—. Pensé que tomarías algo más extraño.
—No sé qué tiene de especial —contestó él con total naturalidad—, pero voy a probar a ver qué tal es.
La respuesta fue tan simple que Mie-yeong terminó soltando una pequeña risa.
Y aunque fue breve, Dae-hyung se quedó observándola unos segundos más de lo normal.
Porque últimamente cada vez que ella se reía sentía que el ambiente alrededor cambiaba un poco.
La empleada terminó anotando la orden antes de retirarse.
Pasaron algunos minutos más conversando de cosas simples. O al menos tan simples como podían ser las conversaciones entre una líder idol embarazada y un demonio que apenas estaba aprendiendo cómo funcionaban algunas costumbres humanas.
Cuando finalmente llegó el pedido, ambos comenzaron a tomar sus bebidas lentamente.
Dae-hyung observó el café como si estuviera evaluando un posible veneno.
—¿Por qué los humanos toman algo tan amargo?
Mie-yeong soltó otra pequeña risa.
—Porque ayuda cuando estás cansado.
—Entonces definitivamente ustedes viven cansados.
—No te equivocas.
El ambiente continuó relajándose poco a poco hasta que, de manera inesperada, Mie-yeong sintió un pequeño movimiento en el vientre.
Su cuerpo reaccionó de inmediato.
Lentamente llevó una mano hacia esa zona mientras su expresión cambiaba por completo. Sus dedos comenzaron a acariciar suavemente su abdomen de manera completamente inconsciente, como si el resto del mundo hubiera desaparecido por un momento.
Dae-hyung lo notó enseguida.
La observó en silencio unos segundos antes de hablar.
—¿Qué pasó?
Pero Mie-yeong no reaccionó.
Seguía absorta en aquella sensación.
Entonces él volvió a preguntar.
—Mie-yeong.
Ella finalmente levantó la cabeza unos segundos después.
—¿Hm?
Dae-hyung soltó una pequeña risa al darse cuenta de que no lo había escuchado.
—Pregunté qué pasó para que te quedaras así.
Mie-yeong parpadeó lentamente antes de bajar apenas la mirada hacia su vientre otra vez.
Entonces habló con cierta vergüenza.
—Se movió…
Dae-hyung inclinó ligeramente la cabeza.
—¿Qué cosa?
Ella tardó unos segundos antes de responder.
—El fruto de nuestra relación…
La manera en que lo dijo hizo que incluso ella misma se sonrojara un poco.
—Sentí que se movió —continuó en voz más baja—. Y… eso hace que todo se sienta más real. Como si realmente hubiera una personita creciendo dentro de mí.
Dae-hyung guardó silencio unos segundos mientras la observaba.
Después habló con una tranquilidad poco habitual en él.
—Entonces significa que está creciendo bien.
Las palabras eran simples.
Pero aun así lograron llegarle.
Sin embargo, apenas pasaron unos segundos, la expresión de Mie-yeong volvió a cambiar lentamente.
La preocupación apareció otra vez.
Y Dae-hyung lo notó inmediatamente.
Porque últimamente ella parecía pasar de la calma al miedo demasiado rápido.
Mie-yeong comenzó a perderse otra vez entre pensamientos que aparecían sin detenerse.
“¿Y si no nace bien?”
“¿Y si algo sale mal por ser mitad demonio?”
“¿Y si nunca puede vivir como una persona normal?”
“¿Cómo voy a ocultarlo cuando siga creciendo?”
“¿Qué haré cuando ya no pueda subir a un escenario?”
“¿Y si las marcas demoníacas aparecen desde que nace?”
“¿Cómo vamos a protegerlo de los cazadores?”
“¿Y si termina odiándonos?”
“¿Y si no soy capaz de cuidarlo?”
“¿Y si todo esto termina destruyendo la vida que tengo ahora?”
La ansiedad comenzó a reflejarse lentamente en su rostro.
Entonces Dae-hyung volvió a intervenir antes de que se hundiera completamente en esos pensamientos.
—Esa cara otra vez.
Mie-yeong salió apenas de sus pensamientos.
—¿Qué?
—La cara de “voy a preocuparme hasta por cómo respira el aire”.
Ella lo miró con algo de incredulidad.
—¿Tú siempre estás atento a todo eso?
Dae-hyung sonrió apenas.
Y esta vez su tono adquirió ese aire juguetón y ligeramente provocador que aparecía cada vez más seguido cuando estaba con ella.
—Claro. Primero porque eres mi amada.
El corazón de Mie-yeong dio un pequeño salto involuntario.
—Y segundo —continuó él con una sonrisa apenas más amplia— porque tus reacciones humanas me parecen muy curiosas y divertidas.
Ella lo golpeó suavemente en el brazo.
—No soy un experimento.
—Todavía lo estoy evaluando.
—Dae-hyung…
Él soltó una pequeña risa mientras ella desviaba la mirada ligeramente sonrojada.
Después de unos segundos, Mie-yeong volvió a hablar.
Y esta vez su voz sonó mucho más honesta.
—No puedo dejar de pensar en si podremos criarla bien…
Dae-hyung dejó de bromear al escuchar eso.
—O si podremos protegerla —continuó ella—. Y también me preocupa si nacerá con marcas como las tuyas…
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Editado: 03.06.2026