El demonio que Amé

Capitulo 78: Metas que cambiaron

La noche continuó con una tranquilidad extraña después de las bromas de Céline y Soo-ming. Aunque el ambiente todavía cargaba pequeños restos de tensión acumulada por todo lo ocurrido durante los últimos días, poco a poco la casa comenzaba a sentirse menos pesada. No era que los problemas hubieran desaparecido. Seguían ahí, escondidos entre silencios, miradas y verdades que todavía no podían decirse. Sin embargo, por primera vez en mucho tiempo, las tres parecían estar intentando convivir nuevamente sin caminar sobre cristales rotos.

Mie-yeong se cambio de ropa por una ropa mas comoda y luego bajo para cenar y esta vez a apesar de que esta con un antojo de comer un poco se contuvo porque por el momento no queria arruinar ese ambiente asi que se preparo su comida y se dirigo a la sala en donde estaban sus compañeras.

Céline la observó al llega y le dijo.

—Es increible que despues de una minutos sigues roja

—No estoy roja.

—Sí lo estás —intervino Soo-ming mientras tomaba un vaso de agua—. Y bastante.

Mie-yeong desvió la mirada inmediatamente.

Eso solo empeoró las sospechas de ambas.

Céline entrecerró ligeramente los ojos antes de apoyarse sobre la encimera.

—Definitivamente pasó algo afuera.

—No pasó nada.

—Claro.

La respuesta sarcástica hizo que Soo-ming terminara soltando una pequeña risa.

—Aunque honestamente sigo pensando que es sospechoso que hace unas horas atras dijeras que estabas demasiado mal para entrenar y luego vienes en ese estado.

Mie-yeong abrió ligeramente los ojos.

Porque no sabía cómo responder eso sin complicarse más.

Y el peor problema era que ellas tenían razón.

Céline notó inmediatamente el pequeño bloqueo mental de Mie-yeong.

—Oye… —dijo esta vez en un tono menos burlón—. No lo estamos diciendo para molestarte.

Soo-ming asintió suavemente.

—Solo nos preocupaste hace rato.

El ambiente cambió apenas con esas palabras.

Porque Mie-yeong podía notar que ambas realmente estaban intentando tratarla con más cuidado después de todo lo ocurrido días atrás.

Eso hizo que sintiera una pequeña culpa silenciosa.

—Estoy mejor ahora —respondió finalmente.

Céline suspiró lentamente.

—Entonces está bien.

Aunque claramente seguía sin estar convencida.

Soo-ming tomó asiento en el sofá mientras observaba a Mie-yeong unos segundos más.

—Aun así deberías descansar más.

—Mañana tenemos práctica otra vez —añadió Céline—. Y esta vez necesitamos entrenar en serio.

El comentario hizo que el cuerpo de Mie-yeong se tensara apenas.

Muy poco.

Pero lo suficiente para que internamente volviera esa sensación incómoda de ansiedad.

Porque mientras más entrenaban, más evidente se volvía que su cuerpo ya no respondía igual que antes.

Y eso la aterraba.

Honmoon no podía seguir reduciendo actividades para siempre.

Ya había rumores circulando por redes sobre los descansos constantes del grupo.

Algunas personas hablaban de agotamiento.

Otras decían que la empresa estaba reorganizando conceptos.

Incluso algunos rumores hablaban de posibles hiatus temporales.

Nada oficial todavía.

Pero Mie-yeong sabía perfectamente que tarde o temprano las cosas tendrían que cambiar.

Y eso hacía que cada ensayo se sintiera como una cuenta regresiva silenciosa.

Aun así, obligó a su expresión a mantenerse tranquila.

—Voy a estar bien.

Céline y Soo-ming intercambiaron una pequeña mirada.

Ninguna insistió.

Porque ambas entendían que cuando Mie-yeong hablaba con esa voz de líder, era prácticamente imposible hacerla cambiar de opinión.

Después de unos minutos más de conversación, las tres comenzaron a ordenar un poco la sala antes de despedirse para ir a descansar.

—Buenas noches —dijo Soo-ming mientras estiraba los brazos.

—No llegues tarde mañana —añadió Céline mirando a Mie-yeong.

—Lo intentaré.

—Eso no sonó convincente.

Por primera vez en días, las tres terminaron riéndose suavemente otra vez.

Y aunque todavía existían demasiadas cosas ocultas entre ellas, aquella pequeña normalidad se sintió extrañamente valiosa.

Después de eso, Mie-yeong subió lentamente las escaleras hacia su habitación. Apenas cerró la puerta, el cansancio volvió a caer sobre ella de golpe.

No solo era físico.

Era mental.

Demasiadas emociones acumuladas.

Demasiadas preocupaciones.

Demasiadas cosas cambiando demasiado rápido.

Se dejó caer lentamente sobre la cama mientras soltaba un largo suspiro.

Entonces llevó una mano hacia su vientre casi de manera automática.

Últimamente hacía eso cada vez más seguido.

Y lo peor era que comenzaba a hacerlo sin darse cuenta.

Sus dedos acariciaron suavemente la tela de su polo mientras sus pensamientos volvían lentamente a lo ocurrido durante el día.

El entrenamiento.

La desesperación.

El miedo de ser descubierta.

La conversación con Dae-hyung.

Y finalmente… la sensación de tranquilidad que había tenido junto a él.

Cerró los ojos lentamente.

Porque aunque no quería admitirlo demasiado, estar con Dae-hyung comenzaba a convertirse en el único momento del día donde sentía que podía bajar completamente la guardia.

Eso era peligroso.

Muy peligroso.

Especialmente para alguien como ella.

Porque Mie-yeong había aprendido desde hace años que depender emocionalmente de alguien podía destruirte tarde o temprano.

Sin embargo, aun sabiendo eso, no podía evitar sentir alivio cuando él estaba cerca.

Un pequeño movimiento en el vientre volvió a distraerla.

Abrió los ojos inmediatamente.

Y una expresión mucho más suave apareció en su rostro.

—Cada vez te mueves más…

El susurro salió apenas audible.

Todavía se sentía extraño hablarle así.

Porque meses atrás jamás habría imaginado que terminaría acariciando su vientre en silencio mientras hablaba con alguien que todavía ni siquiera había nacido.




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