El trayecto de regreso fue mucho más largo de lo que realmente era.
Dae-hyung apenas era consciente del camino que recorría. Cada paso exigía un esfuerzo enorme mientras intentaba mantener estable la energía demoníaca que aún recorría su cuerpo de manera caótica. Las marcas oscuras seguían extendidas sobre su piel y el dolor provocado por el castigo de Gwi-ma todavía permanecía vivo, como si cada una de ellas ardiera desde el interior.
Había logrado romper el vínculo de esclavitud.
Pero el precio había sido mucho mayor de lo que imaginaba.
Respiró con dificultad antes de detenerse unos segundos frente a la puerta de su casa.
Por primera vez desde que abandonó el Infierno, sintió algo parecido al miedo.
No era miedo por él.
Era miedo por la expresión que pondría Mie-yeong cuando lo viera en ese estado.
Con un movimiento lento abrió la puerta.
El silencio del interior apenas duró unos segundos.
—¿Dae-hyung? —preguntó la voz de Mie-yeong desde la sala.
Ella apareció cargando a Rumi entre sus brazos.
Había estado caminando por toda la casa intentando tranquilizarla mientras seguía preguntándose por qué él había desaparecido sin decir absolutamente nada.
Cuando levantó la vista...
Todo su cuerpo se paralizó.
Frente a ella estaba Dae-hyung completamente cubierto por sus marcas demoníacas.
Su ropa estaba rasgada en varias partes.
Su respiración era pesada.
Pequeñas gotas de sangre caían lentamente desde una de sus manos.
Durante unos segundos ninguno dijo una sola palabra.
—¿Qué...?
La voz de Mie-yeong apenas consiguió salir.
—¿Qué te pasó...?
Dae-hyung intentó sonreír.
Una sonrisa pequeña.
Torcida.
Muy diferente a las que normalmente le dedicaba.
—Estoy...
Respiró con dificultad.
—Bien.
Aquella única palabra hizo que Mie-yeong sintiera una mezcla de alivio y enojo.
Porque era evidente que no estaba bien.
Sin pensarlo dos veces dejó a Rumi en el suelo sobre una manta acolchada para que pudiera moverse sin peligro y corrió hacia él.
—No digas tonterías...
Cuando llegó frente a él pudo ver mejor las heridas.
Las marcas negras recorrían casi todo su cuello.
Sus manos temblaban ligeramente.
Incluso podía notar que estaba haciendo un enorme esfuerzo por mantenerse de pie.
Mie-yeong levantó lentamente una mano y tocó con cuidado una de las heridas de su brazo.
Dae-hyung cerró apenas los ojos.
No por dolor.
Sino porque aquel contacto le producía una tranquilidad que jamás había sentido en el Infierno.
—¿Quién hizo esto...? —preguntó ella con la voz quebrada.
Hubo unos segundos de silencio.
Después él respondió con total naturalidad.
—Gwi-ma.
Aquella respuesta hizo que Mie-yeong sintiera un escalofrío.
Había imaginado muchas posibilidades.
Pero nunca aquella.
—¿Te encontró...?
Dae-hyung asintió lentamente.
—Sí.
—¿Y...?
—Ya no soy su esclavo.
Ella abrió los ojos con sorpresa.
—¿Qué?
Él volvió a asentir.
—Rompí el vínculo.
Durante unos segundos Mie-yeong no supo cómo reaccionar.
Era una noticia enorme.
Habían vivido todo ese tiempo con el temor de que Gwi-ma pudiera llamarlo cuando quisiera.
Y ahora...
Eso había terminado.
Sin embargo, cuando volvió a mirar las heridas comprendió inmediatamente cuánto había costado conseguir aquella libertad.
Su expresión cambió.
Levantó ambas manos y sujetó con cuidado el rostro de Dae-hyung.
—Eres un idiota...
Él la observó.
—¿Eso significa que estabas preocupada?
Mie-yeong frunció el ceño.
—Desapareciste durante horas.
No respondiste.
No dejaste ninguna explicación.
Y ahora vuelves casi sin poder mantenerte de pie...
Claro que estaba preocupada.
La respuesta hizo que Dae-hyung permaneciera completamente inmóvil.
No recordaba la última vez que alguien se hubiera preocupado de esa manera por él.
Quizá...
Nunca había ocurrido.
Antes de que pudiera responder, un pequeño sonido llamó la atención de ambos.
Rumi había gateado lentamente hasta quedar a pocos metros de ellos.
La bebé levantó la cabeza.
Sus grandes ojos observaron a su padre.
Durante un instante sonrió.
Incluso extendió ambos brazos hacia él, como hacía siempre que quería que la cargara.
Dae-hyung sintió que algo cálido nacía dentro de su pecho.
Se inclinó apenas.
—Ven...
Pero justo en ese momento Rumi observó con más atención su rostro y vio las marcas demoniacas , las heridas que tenia dae-hyung y unos ojos amarillos .
Entonces a bebé dejó de sonreí y se quedo quieta por un momento y despues de unos momentos su rostro comenzó a deformarse lentamente y luego empezo a llora con toda su fuerza algo normal cuando una bebe se asusto por algo que vio .
Dae-hyung permaneció inmóvil no esperaba que rumi reaccionara asi , entonces mie-yeogn se dirigio a hacia la bebe y , la levantó con cuidado entre sus brazos y comenzó a mecerla.
—Shhh...
Tranquila...
Mamá está aquí...
La bebé se aferró con fuerza a la ropa de Mie-yeong mientras seguía llorando, entonces mie-yeong miro hacia dae-hyung solamente con una expresion triste y le dijo
—Se asustó...
Él bajó lentamente la mano y no dijo nada porque podia entender que su hija era todavia pequeña y no comprendia todo lo que le rodeaba pero aun asi aquello le produjo una sensación extraña que era peor que el dolor que las heridas que habia sufrido.
Después de varios minutos, el llanto comenzó a disminuir.
Mie-yeong seguía acariciando la espalda de la bebé con infinita paciencia.
—No pasa nada...Es papá...Solo está un poco lastimado...
Rumi respiraba entre pequeños sollozos mientras escondía el rostro en el hombro de su madre.
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Editado: 01.07.2026