Mie-yeong tardó unos segundos en responder. Acomodó a Rumi contra su pecho y, con una sonrisa que intentó que pareciera tranquila, dijo:
—Es que Dae-hyung llegó bastante tarde hoy. Me preocupé un poco, eso es todo.
El silencio que siguió fue pesado. Céline, con esa mirada seria y protectora que había perfeccionado durante sus años como cazadora, entrecerró los ojos. Soo-ming, siempre más explosiva, cruzó los brazos con evidente molestia.
—¿Tarde? —repitió Céline—. ¿Te dejó sola todo el día con la bebé sin avisar?
Soo-ming no se contuvo.
—No puede ser. ¿Cómo se le ocurre desaparecer así? Tú aquí sola con Rumi, preocupada… Vamos a hablar con él ahora mismo. Esto no se hace.
Mie-yeong sintió un nudo en el estómago. Sabía que si entraban al cuarto y veían las marcas demoníacas de Dae-hyung, el secreto que habían guardado con tanto esfuerzo durante meses podría derrumbarse.
—Chicas, esperen —dijo rápidamente, intentando mantener la calma—. Seguro está descansando. No fue nada grave, de verdad. No es necesario molestarlo.
Pero sus palabras no surtieron efecto. Céline ya se había levantado.
—Precisamente por eso vamos a hablar con él. No es momento de descansar. Es momento de dar explicaciones.
Dejó a Rumi con cuidado dentro del corral de juegos y se dirigió hacia el pasillo con paso firme. Soo-ming la siguió.
—Yo lo agarro si intenta escaparse —dijo con energía.
Mie-yeong caminaba detrás de ellas, nerviosa.
—Por favor… déjenlo un rato más. Ya va a salir.
—No —respondió Céline con seriedad—. Si dejó sola a su esposa todo un día con una bebé, teniendo en cuenta el mundo en el que vivimos, tiene que explicar por qué.
Justo cuando llegaron frente a la puerta, esta se abrió. Dae-hyung salió intentando mantener una apariencia humana normal. Había conseguido suprimir su energía demoníaca, pero Mie-yeong notó inmediatamente el esfuerzo: la tensión en su mandíbula, el sudor frío en su frente y la rigidez en cada movimiento.
Céline no perdió tiempo.
—Explícate. ¿Cómo se te ocurre dejar sola todo un día a Mie-yeong con la bebé sin avisar?
Dae-hyung las miró con su habitual serenidad, aunque su voz sonó más cansada de lo normal.
—Primero vamos a la sala para hablar.
Soo-ming se colocó a su lado.
—Esta bien no te preocupes Celine yo lo agarro si intenta escaparse.
Soo-ming lo sujetó firmemente del brazo. Dae-hyung hizo una leve mueca de dolor que duró solo un segundo, pero Mie-yeong la captó al instante. Le lanzó una mirada preocupada. Él respondió con un leve asentimiento, aunque ella sabía que estaba mintiendo.
Una vez en la sala, la regañina comenzó.
—Como es posible que hayas hecho eso, Dae-hyung —dijo Céline con tono firme y responsable—. No puedes darte el lujo de desaparecer todo un día sin avisar. Estamos en un mundo donde los demonios siguen acechando o te has olvidado de eso . ¿Qué habría pasado si algo les ocurría a Mie-yeong y Rumi estando solas?
Dae-hyung al escuchar eso solamente se rio en su mente porque el mismo era un demonio muy poderoso , esto fue notado por mie-yeon que tambien sabia lo que estaba pensado dae-hyung al escuchar lo que habia dicho celine .
Soo-ming gesticuló con las manos.
—¡Exacto! ¿Qué es más importante que tu esposa y tu hija? ¡Nada! Sea lo que sea que tenías que hacer, podía esperar. Tu prioridad ahora es protegerlas, no desaparecer cuando te dé la gana.
Dae-hyung las escuchó sin interrumpir. Cuando terminaron, respondió con calma:
—Era algo importante que tenía que resolver. No podía posponerlo.
Céline suspiró, visiblemente decepcionada.
—¿Más importante que tu familia? ¿Y si mie-yeong hubiera tenido un accidente con rumi entres su brazos que hubieras echo eh ? No puedes ser tan irresponsable, especialmente ahora.
Soo-ming negó con la cabeza.
—Tienes una responsabilidad. No puedes simplemente desaparecer cuando el peligro siempre está cerca.
Dae-hyung iba a responder algo más directo, pero en ese momento Rumi apareció gateando desde el corral. La bebé se acercó hasta él y empezó a jalar la pierna de su pantalón, balbuceando y extendiendo los brazos.
—da… da…
Dae-hyung se detuvo. La presencia de su hija calmó inmediatamente la tensión que sentía. Se inclinó, la levantó con cuidado y la sentó sobre sus piernas, moviéndolas suavemente para entretenerla. Rumi rio y se aferró a su camisa.
Con voz más calmada, aunque manteniendo su personalidad directa, Dae-hyung continuó:
—Tuve problemas con mi jefe. Quería que trabajara más horas, lo que significaría pasar menos tiempo en casa. Tenía que resolverlo hoy.
Céline y Soo-ming se quedaron en silencio unos segundos. Finalmente, Céline suspiró.
—Entiendo la intención… pero la forma no fue correcta. La próxima vez avisa. Somos familia, y en este mundo la familia debe permanecer unida.
Soo-ming asintió, aunque todavía molesta.
—Sí. No nos hagas pasar ese susto otra vez.
Mie-yeong, que había estado conteniendo la respiración durante todo el intercambio, sintió un gran alivio. Para evitar que la conversación se extendiera, miró el reloj y dijo con suavidad:
—Chicas, ya es tarde. Rumi tiene que seguir su rutina de sueño.
Céline y Soo-ming protestaron al principio, pero cuando Rumi soltó un bostezo largo y apoyó la cabeza contra el pecho de Dae-hyung, terminaron aceptando.
Se despidieron con abrazos y besos, primero de Rumi y luego de Mie-yeong. Antes de salir, Céline miró una última vez a Dae-hyung.
—La próxima vez avisa. El Honmoon no es tan fuerte como antes… debemos cuidarnos entre nosotros.
Cuando la puerta se cerró, Mie-yeong soltó todo el aire que había estado conteniendo y se acercó a Dae-hyung.
—Estuvo demasiado cerca… —murmuró
Dae-hyung acarició la espalda de su hija con ternura.
—Sí. Pero ya pasó.
Mie-yeong apoyó la cabeza con cuidado en su hombro, consciente del dolor que él seguía ocultando y el esfuerzo que de seguro estaba haciendo para ocultar su naturaleza demoniaca le dijo.
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Editado: 04.07.2026