El demonio que Amé

Capítulo 84: Un año de cambios

La noche había avanzado bastante desde que Céline y Soo-ming se habían marchado. La casa, que durante las últimas horas había estado llena de conversaciones, risas y los balbuceos de Rumi, finalmente había recuperado aquella tranquilidad que Mie-yeong comenzaba a valorar cada vez más. Después de todo lo ocurrido durante el día, la pequeña había terminado agotada y, cuando llegó la hora de dormir, apenas protestó cuando su madre la llevó hasta su habitación.

Mie-yeong acomodó a Rumi en su cuna con cuidado y comprobó que estuviera cómoda antes de cubrirla ligeramente. La bebé todavía se movió un poco, como si quisiera seguir despierta, pero después de unos minutos sus ojos comenzaron a cerrarse. Mie-yeong permaneció a su lado unos instantes, observando cómo su respiración se volvía más tranquila, hasta asegurarse de que finalmente se había quedado dormida.

—Por fin —susurró Mie-yeong con una pequeña sonrisa—. Hoy sí que te divertiste.

Dae-hyung estaba detrás de ella y observó la escena en silencio. Había algo en la manera en que Mie-yeong miraba a su hija que todavía le resultaba extraño. No porque no comprendiera el cariño que sentía por Rumi, sino porque todavía le sorprendía cómo una criatura tan pequeña podía convertirse en el centro de tantas decisiones, preocupaciones y cambios.

Mie-yeong se levantó lentamente y salió de la habitación junto a él. Al regresar a la sala, ambos encontraron varios juguetes esparcidos por el suelo. Algunos pertenecían a Rumi y otros eran regalos que Céline y Soo-ming habían llevado durante sus últimas visitas. Había peluches, pequeños objetos de colores, juguetes que emitían sonidos y otros que Rumi apenas había comenzado a utilizar.

Mie-yeong suspiró al contemplar el desastre.

—No sé cómo una sola bebé puede sacar tantos juguetes en unas pocas horas.

Dae-hyung observó el suelo.

—Es una habilidad impresionante.

Mie-yeong lo miró con cierta incredulidad.

—¿Eso es lo único que vas a decir?

—¿Qué quieres que diga? Es verdad.

Ella soltó una pequeña risa antes de comenzar a recogerlos.

—Ayúdame.

—Ya lo estoy haciendo.

Dae-hyung tomó algunos juguetes y comenzó a guardarlos. Aunque al principio había aprendido a hacerlo solamente porque Mie-yeong se lo pedía, con el tiempo había terminado acostumbrándose a aquellas pequeñas tareas domésticas. Todavía había muchas cosas del mundo humano que no comprendía del todo, pero ya no podía decir que fueran completamente desconocidas para él.

Mientras ordenaban, Mie-yeong se agachó para recoger uno de los juguetes y volvió a mirar a Dae-hyung.

Había algo que llevaba varias horas queriendo preguntarle.

—Dae-hyung.

—¿Sí?

—¿Cómo hiciste para ocultar tus marcas?

Dae-hyung levantó ligeramente la mirada.

—¿Mis marcas?

—Sí. Cuando saliste del cuarto estabas prácticamente agotado. Incluso yo podía notar que te costaba mantener tu apariencia humana. No entiendo cómo pudiste esconderlas delante de Céline y Soo-ming.

Dae-hyung dejó el juguete que tenía en la mano y se quedó pensando durante unos segundos.

—No fue sencillo.

—Eso ya lo sé.

—Tuve que concentrar casi todo mi poder en mantenerlas ocultas.

Mie-yeong frunció el ceño.

—Entonces estabas esforzándote todo ese tiempo.

—Sí.

—¿Y por qué no me dijiste que estabas así?

Dae-hyung la miró directamente.

—Porque estaban aquí.

La respuesta fue tan sencilla que Mie-yeong se quedó callada.

—Eso no responde mi pregunta.

—Sí la responde. Si te decía que no podía mantenerlo mucho tiempo, probablemente te preocuparías y terminarías intentando sacarlas de aquí antes de que estuvieran listas para irse.

Mie-yeong cruzó los brazos.

—Claro que habría intentado ayudarte.

—Precisamente.

Ella negó con la cabeza.

—A veces eres imposible.

—Lo sé.

Mie-yeong soltó una pequeña risa.

—Al menos lo reconoces.

Dae-hyung volvió a recoger los juguetes.

—Además, no iba a dejar que descubrieran lo que soy. No después de todo este tiempo.

La sonrisa de Mie-yeong desapareció ligeramente.

—Lo sé.

Ambos continuaron ordenando hasta que la sala volvió a estar despejada. Después de terminar, Mie-yeong miró el reloj y comprobó que todavía tenían algo de tiempo antes de acostarse.

—¿Quieres comer algo?

Dae-hyung asintió.

—Sí.

—Entonces vamos a preparar una merienda. Necesito sentarme un rato.

Ambos fueron hasta la cocina y prepararon algo sencillo. Mie-yeong sirvió las bebidas mientras Dae-hyung se sentaba frente a ella. Durante unos minutos hablaron sobre lo ocurrido durante el día, sobre la visita de las chicas y sobre la cantidad de juguetes que Rumi había recibido.

Sin embargo, la conversación volvió inevitablemente a lo ocurrido con él.

—Todavía me preocupa lo que pasó hoy —admitió Mie-yeong—. No solamente porque Céline y Soo-ming casi entran al cuarto. También porque no sé cuánto tiempo podrás seguir ocultando tu esencia.

Dae-hyung sostuvo su taza entre las manos.

—Yo tampoco lo sé.

Mie-yeong lo observó con preocupación.

—¿Eso significa que puede volver a ocurrir?

—Es posible.

—Entonces tendremos que tener más cuidado.

—Eso ya lo sé.

—No quiero que vuelvas a enfrentarte solo a algo así.

Dae-hyung levantó la mirada.

—Mie-yeong.

—¿Qué?

—No estaba solo.

Ella entendió inmediatamente lo que quería decir.

—Pero tampoco quiero que te hagas daño por proteger nuestro secreto.

Dae-hyung permaneció callado unos segundos antes de responder.

—No puedo prometerte que nunca volverá a pasar.

Mie-yeong bajó la mirada.

—Eso me preocupa.

—Lo sé.

Después de terminar la merienda, ambos llevaron las tazas al fregadero. Mientras Mie-yeong lavaba una, Dae-hyung tomó la otra y comenzó a limpiarla.




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