El demonio que Amé

Capitulo 85: Preparativos y presentimientos

La mañana continuó con tranquilidad después del desayuno. Los platos ya habían sido lavados, Rumi se encontraba dentro de su corral rodeada de juguetes y peluches, y la casa había recuperado esa calma característica que aparecía antes de que la pequeña decidiera iniciar una nueva aventura.

Aprovechando aquel momento de paz, Mie-yeong y Dae-hyung decidieron ordenar su habitación.

Mientras él acomodaba algunas cajas y organizaba varias cosas que habían ido acumulando con el paso de los meses, Mie-yeong cambiaba algunas sábanas y revisaba una libreta donde había anotado ideas para el cumpleaños de Rumi.

—Estaba pensando que podríamos usar colores suaves para la decoración —comentó mientras observaba sus apuntes—. Quizá rosa, blanco y algo de amarillo.

—Estoy de acuerdo.

—También estaba pensando en algunos bocaditos pequeños para los invitados.

—Estoy de acuerdo.

—Y tal vez podríamos colocar algunas fotografías de Rumi desde que nació.

—Estoy de acuerdo.

Mie-yeong dejó de escribir y levantó lentamente la cabeza.

—¿Sabes decir algo más?

Dae-hyung la miró.

—Sí.

—Entonces úsalo.

—Estoy de acuerdo con eso también.

Mie-yeong cerró los ojos durante unos segundos.

—Dae-hyung.

—¿Sí?

—Necesito ayuda de verdad.

—Te estoy ayudando.

—No, solamente estás repitiendo que estás de acuerdo.

Dae-hyung observó la habitación como si realmente estuviera intentando entender el problema.

—Pensé que era lo correcto.

—No lo es.

—¿Por qué?

—Porque necesito ideas.

—Ya te dije que no entiendo mucho las fiestas humanas.

Mie-yeong cruzó los brazos.

—Llevas bastante tiempo viviendo como humano. Deberías intentar comprender un poco mejor estas cosas.

Dae-hyung permaneció en silencio durante unos segundos.

Al notar que Mie-yeong empezaba a molestarse de verdad, decidió pensar seriamente.

—Bien.

—Por fin.

—Tengo algunas ideas.

—Perfecto. Dime.

—Podríamos decorar la casa con enormes estandartes negros.

Mie-yeong lo miró fijamente.

—No.

—¿Por qué?

—Porque es una fiesta infantil.

—También podríamos colocar algunas estatuas intimidantes en la entrada para demostrar poder.

—No.

—O hacer que los invitados atraviesen una prueba para demostrar que son dignos de entrar.

—Definitivamente no.

—Sigo pensando que es una buena idea.

—Dae-hyung.

—¿Sí?

—Voy a encargarme yo de las decoraciones.

—Eso parece lo más prudente.

—Por primera vez hoy estamos completamente de acuerdo.

Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Dae-hyung mientras continuaba acomodando algunas cosas.

Poco después, Mie-yeong decidió revisar qué estaba haciendo Rumi.

Cuando llegó a la sala, se encontró con una escena que hizo que su corazón se acelerara.

Rumi estaba intentando salir del corral.

Había logrado apoyarse en uno de los bordes y estaba haciendo un esfuerzo sorprendente para escalarlo.

—¡Rumi!

La pequeña giró la cabeza.

En lugar de detenerse, sonrió.

Mie-yeong corrió inmediatamente hacia ella y la levantó antes de que pudiera caer.

—¿Qué estabas haciendo?

Rumi soltó una risita.

—Da-da-da.

—No, señorita. Eso es peligroso.

Rumi volvió a reír.

—Da.

Mie-yeong intentó mantener una expresión seria.

—Te estoy regañando.

La bebé respondió agarrándole la nariz.

Toda la autoridad de Mie-yeong desapareció en cuestión de segundos.

—¿Cómo se supone que voy a educarte si haces eso?

Rumi soltó otra carcajada.

Mie-yeong terminó llenándola de besos en las mejillas.

—Eres una pequeña traviesa.

Rumi volvió a reír.

—¿Sabes eso?

Más risas.

—Claro que no lo sabes.

La joven suspiró.

—Tu padre tenía razón. Es imposible enojarse contigo.

Durante varios minutos permaneció abrazándola mientras le hablaba con ese tono cariñoso que solamente aparecía cuando estaba con su hija.

Por la tarde, mientras Dae-hyung jugaba con Rumi en su habitación, Mie-yeong decidió hacer una llamada.

No tardó mucho en escuchar la voz de Soo-min al otro lado de la línea.

—¡Hola!

—Hola.

—¿Todo bien?

—Sí. Quería preguntarles algo.

—¿Qué ocurre?

—¿Mañana tienen tiempo?

—Depende.

—Necesito ayuda para comprar las decoraciones del cumpleaños de Rumi.

Al instante escuchó otra voz.

—¡Claro que tenemos tiempo!

Era Céline.

—Sabía que terminarías pidiéndonos ayuda.

Mie-yeong sonrió.

—¿Tan predecible soy?

—Un poco.

—¿Y Dae-hyung no va a ayudarte? —preguntó Soo-min.

Mie-yeong soltó una pequeña risa.

—Va a venir.

—Entonces no entiendo el problema.

—Porque él se encargará de entretener a Rumi mientras compramos.

—¿Tan malo es escogiendo decoraciones?

Mie-yeong dudó unos segundos.

—Propuso decorar con estandartes negros.

Se produjo un silencio.

—¿Qué?

—También quería poner estatuas intimidantes.

Soo-min estalló en carcajadas.

—¡No puede ser!

Incluso Céline terminó riéndose.

—Definitivamente hiciste bien en llamarnos.

—Eso pensé.

—Mañana iremos contigo —aseguró Céline—. Esa fiesta necesita supervisión profesional.

—¿Profesional?

—Alguien tiene que proteger a Rumi de las ideas de su padre.

Mie-yeong soltó una carcajada.

—Se lo diré.

—Hazlo.

Después de algunos minutos más de conversación, terminaron la llamada.

Mientras tanto, en la habitación de Rumi, Dae-hyung había estado entreteniéndola utilizando varios juguetes.

Cuando Mie-yeong entró, encontró a ambos sentados en el suelo.

Rumi estaba sonriendo tanto que apenas podía mantenerse quieta.

—Parece que se divirtieron.

Dae-hyung levantó la vista.




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