El Desafío de las tres Lunas

El Escape Temporal y la Verdad Maquillada.

Un Respiro Peligroso.

La presión del despacho de St. Clair era asfixiante. Anastasia había pasado la tarde sumergida en el expediente de "Los Restos de Leda", un torrente de datos financieros y fotografías de arte antiguo que, a pesar de su belleza, sentía como cadenas. A las cinco en punto, se levantó de su humillante cubículo. No había visto a Liam en persona desde la mañana, pero su presencia se sentía en cada analista a su alrededor, en cada monitor parpadeante.

Necesitaba aire y una mentira que sonara lo suficientemente convincente para su círculo íntimo.

Llamó a Clara, su socia más cercana en la Galería Blackwood y su confidente ocasional.

—¿Puedes reunirte conmigo? Algo urgente en el Pera. Media hora.

El Pera, un bar de cocteles en el Upper East Side, era el lugar perfecto: lo suficientemente elegante como para evitar cotilleos, lo suficientemente discreto para hablar en voz baja.

Clara, una curadora brillante con un sentido del humor cínico, llegó puntual. En cuanto se sentaron en un rincón apartado con sus martinis secos, Clara notó la tensión en el rostro de Anastasia.

—Parece que acabas de firmar un pacto con el diablo, Ana. ¿Qué ha pasado con la "bendición financiera" de St. Clair & Associates? Ethan parece extasiado.

Anastasia tomó un sorbo largo, sintiendo cómo el frío del alcohol aliviaba momentáneamente el nudo en su estómago.

—Es un infierno, Clara. Un absoluto y frío infierno. El CEO... es un monstruo.

—¿Monstruo corporativo?—preguntó Clara, escéptica. —Los hemos tratado. Son aburridos.

—No. Este es personal. Es Liam St. Clair—dijo Anastasia, usando el nombre, pero manteniendo el control sobre la narrativa. —Es el hombre que intentó sabotear la galería de Londres hace siete años, ¿recuerdas? El que intentó robar los derechos de la Colección Villiers.

Clara abrió los ojos, sus labios formando una 'O' de sorpresa. —¡No me digas! ¿Ese St. Clair? El tiburón que se hizo multimillonario con la caída de Lehman Brothers. Pensé que era una leyenda.

—Es muy real. Y no me ha contratado para que lo asesore. Me ha contratado para humillarme.

Anastasia bajó la voz hasta un susurro. —Me tiene en un cubículo, Clara. A mí. Y el trato de financiación para la fusión tiene una cláusula de penalización tan ruinosa que si renuncio, o si Blackwood intenta terminar el acuerdo de consultoría antes de los seis meses, la fusión se va a pique. Es una trampa de oro.

—¿Y qué quiere?

—Quiere venganza. Venganza profesional. Cree que le quité un cliente importante en Londres. Me está obligando a trabajar para él, a ser su peón, para probar que puedo ser "leal" a su imperio. Es un juego de poder brutal. Y no se detendrá hasta que me vea fallar.

Clara se apoyó en el asiento, conmovida por la intensidad de su amiga. —Pero, ¿te ha insinuado algo más? ¿Algo personal?

Anastasia se apresuró a negar con la cabeza. —No. Aún no. Pero está acechándome. Su oficina da directamente a mi escritorio de cristal. Me ve todo el día. Es tortura psicológica. Lo hace para recordarme que tengo que ser la empleada y no la dueña.

Clara respiró profundamente. —Bien. Esto es terrible, pero no es el fin del mundo. Es un empresario, Ana. Y esto es Manhattan, no Londres. Seis meses. Puedes aguantar seis meses.

—¿Aguantar?

—Sí. Vamos a verlo como una misión encubierta. Te ha dado acceso a su imperio. Aprende todo lo que puedas. Vuelve más fuerte. Ya has derrotado a un rival profesional antes. Solo tienes que ser más astuta. Convierte el cubículo en tu fortaleza. No te rindas. Por ti, por Ethan, y por todo lo que has construido.

El discurso de Clara le dio a Anastasia el anclaje que necesitaba. No era la verdad completa, pero era suficiente para justificar su lucha. Le permitió sentir que no era una prisionera de su pasado, sino una guerrera en una nueva batalla profesional.

—Tienes razón—dijo Anastasia, su voz más firme. —Seis meses. Y luego... lo destruiré profesionalmente.

Clara sonrió, levantando su martini. —Salud, guerrera.

Pero mientras brindaban, Anastasia sabía que la verdad completa era más aterradora. El verdadero peligro no era el contrato, sino la amenaza que Liam representaba para su autocontrol. El caos que ella había enterrado hacía siete años no estaba en Londres; estaba ahora a pocas manzanas, esperando a que ella se derrumbara.



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En el texto hay: suspensepsicológico

Editado: 25.11.2025

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