El Desafío de las tres Lunas

El Golpe de Blackwood.

Un Movimiento Audaz.

De vuelta en el ambiente pulcro y tranquilo de la Galería Blackwood, el aire se sentía menos denso, pero más cargado de propósito. Anastasia, vestida con un traje de corte impecable, parecía un general planeando su próxima batalla en un mapa.

Se sentó con Clara en la oficina trasera, con una taza de té de hierbas que apenas probó. Clara, con su habitual escepticismo, esperaba el informe de la tortura de St. Clair.

—¿Y bien, Ana? ¿Te ha obligado a arrastrarte? ¿Nos ha ofrecido un precio ridículo y humillante?

Anastasia no sonrió. Se inclinó sobre la mesa, con el rostro serio, pero los ojos encendidos.

—No. Nos ha dado información. No directamente, por supuesto. Estuve analizando sus modelos predictivos de inversión—mintió sobre la fuente, pues no podía revelar el pacto de medianoche. —Están obsesionados con una cosa: el arte contemporáneo de Europa del Este. Específicamente, las obras de la generación post-guerra que utilizaron materiales industriales y reciclados.

Clara frunció el ceño. —Eso no es lo nuestro. Siempre hemos sido puristas, arte del siglo XX con procedencia clara. ¿Por qué le interesaría a St. Clair esa chatarra?

—Porque no es chatarra, Clara, es un nicho de mercado que va a explotar. Él no compra arte; compra activos. Su predicción es que el precio de este sector subirá un 400% en los próximos tres trimestres, gracias a un nuevo fondo soberano asiático que está a punto de entrar. Y si St. Clair cree que vale un 400%, es porque es verdad.

Anastasia tomó un bolígrafo y rodeó un nombre en un catálogo impreso de la Subasta Póstuma de Viena.

—Necesitamos algo que anuncie a gritos que estamos listas para la fusión. Algo que hable de futuro y atrevimiento. St. Clair ha estado rastreando una pieza. Se llama "El Lamento del Acero", de Vidor Molnár. Un ensamblaje de metal oxidado de dos metros. No es bonito, pero es una declaración. Es la pieza central que necesita nuestro nuevo socio, y es exactamente el tipo de activo volátil que St. Clair quiere monopolizar.

—¿Y qué propones? No tenemos el capital para pujar contra él.

—No vamos a pujar. Vamos a actuar como la galería pequeña y audaz que somos. Molnár está representado por una pequeña casa familiar en Viena. St. Clair les enviará una oferta formal y fría en 48 horas. Nosotros vamos a ir hoy. Les vamos a ofrecer un contrato de representación exclusiva a largo plazo para toda la obra del artista, no solo "El Lamento del Acero", a cambio de un precio de adquisición preferente por esa pieza.

Clara parpadeó. —Le estás vendiendo una asociación a una familia que valora más la lealtad que el dinero fácil. Es arriesgado. Si falla, el efectivo que tenemos para el próximo trimestre se va.

—Es el único movimiento que nos pone por delante. Le demostraremos a St. Clair que no solo podemos analizar sus datos, sino que podemos reaccionar más rápido que él. Si no actuamos, el dinero de la fusión será solo un rescate para pagar la penalización. Lo necesito hoy, Clara. Necesito que hagas la llamada. Yo hago el seguimiento legal.

Clara, al ver el fuego implacable en los ojos de Anastasia, el mismo brillo que tenía cuando eran estudiantes soñadoras, sonrió por primera vez en semanas. —De acuerdo, Ana. Hagamos el golpe.

La Notificación.

Tres horas después, en el piso 57, Liam St. Clair se reunió con su equipo de adquisiciones para revisar la estrategia para "El Lamento del Acero". Era una pieza clave que les daría el dominio inmediato del mercado de found objects.

—Quiero que la oferta formal esté en el escritorio de los Molnár en Viena mañana por la mañana. No pujen, compren—ordenó Liam a su jefe de operaciones, Marcus.

Marcus consultó su tablet. —Entendido, señor. Aunque hay algo extraño. La casa Molnár de Viena acaba de emitir una nota de prensa inusualmente vaga sobre una "nueva y emocionante colaboración transatlántica" que afecta al estado del patrimonio de Vidor Molnár. Es muy atípica.

Liam sintió un presentimiento helado en la nuca. Miró por la ventana, con la ciudad extendiéndose como un tablero de ajedrez debajo de él.

—¿Transatlántica? Muéstrame el documento.

Marcus abrió un feed privado y apareció el titular de una revista de arte vienesa: Blackwood Gallery, New York, Secures Exclusive Representation of Vidor Molnár's Estate.

El artículo era escueto, pero las implicaciones eran enormes: Blackwood no solo había adquirido "El Lamento del Acero" por un precio significativamente más bajo, sino que había asegurado la representación de todo el legado del artista, cortando el acceso de St. Clair a la obra más valiosa que venía.

Liam St. Clair, el hombre que movía miles de millones con el clic de un ratón, había sido superado por la pequeña Galería Blackwood. Y él sabía exactamente de dónde había salido la información.

Marcus estaba lívido. —¡Imposible! Llevamos seis meses rastreando esa pieza. ¿Cómo diablos pudo Blackwood anticiparse a la oferta?

Liam levantó una mano, deteniendo la diatriba. La comisura de sus labios se curvó en una sonrisa lenta y peligrosa. No era una sonrisa de buen humor, sino el reconocimiento de un oponente que acababa de lanzar un golpe maestro.



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En el texto hay: suspensepsicológico

Editado: 25.11.2025

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