El Desafío de las tres Lunas

La Carga de la Traición.

El Peso de la Intimidad Forzada.

Anastasia salió de St. Clair Global sintiéndose más como un soldado desmovilizado que como una consultora. La tarde había transcurrido en un silencio tenso, roto solo por los comentarios cortantes y precisos de Liam sobre las finanzas de la fusión. El manifiesto de Vane, "Los Restos de Leda", ahora estaba copiado y su plan de ataque listo. Ella había cumplido, pero el precio había sido alto.

En el taxi de vuelta a su apartamento, se sintió sucia. Las palabras de Liam resonaban: Te obligué a ser astuta, traicionera y brillante otra vez. Dime que no te divierte. Y la peor parte era que, en el clímax de la confrontación, sintió una punzada de excitación. La adrenalina de jugar en las grandes ligas era adictiva.

Al llegar a casa, se preparó una copa y se sentó junto a la ventana, intentando calmar la tormenta en su cabeza. Necesitaba la estabilidad de Blackwood, la normalidad.

Justo en ese momento, su teléfono vibró. Era Ethan.

—Ana, ¿estás bien? No has aparecido por la galería en dos días. Clara está furiosa por tener que manejar la agenda de St. Clair, y yo... estoy preocupado.

—Estoy bien, Ethan. Es una locura. Liam quiere tenerme cerca para el papeleo de la fusión. Me ha puesto en su oficina. Literalmente, a tres metros de su escritorio.

Hubo una pausa, y luego el tono de Ethan se endureció.

—Espera, ¿qué? ¿Te ha puesto en una jaula de cristal? ¿No tienes ni siquiera una oficina? Eso es una humillación, Ana. Te está castigando por lo de Molnár.

—No es castigo, es... estratégico. Colaboración de alto nivel. Tenemos que movernos rápido con las cifras y...

—¡Deja el lenguaje corporativo, Ana!—la interrumpió Ethan. —Estás hablando como él. Ayer estabas celebrando la victoria de Molnár, y hoy no puedes ni pisar tu propia galería. El éxito de Molnár se siente... sucio. Como si viniera de una fuente que no es la nuestra.

Anastasia cerró los ojos. Ethan era demasiado perspicaz.

—No hay nada sucio, Ethan. Simplemente usé el informe de mercado que Liam nos dio como base. Tenía un agujero y lo exploté. Es solo un negocio.

—No, no es “solo un negocio”. Es Blackwood. Es nuestro negocio. Y tú estás en guerra con el hombre más despiadado de la ciudad. Ana, sé lo que te está haciendo esta fusión. Estás tensa. Estás fría. La emoción que sentiste al ganar la subasta de Molnár se apagó en cuanto supiste que tenías que volver a St. Clair.

Ethan dejó escapar un suspiro pesado, el sonido de la frustración fraternal.

—No confío en él. Y no confío en que puedas jugar en su campo sin que te cambie. Tú no eres así. No utilizas la información de manera encubierta. ¿Qué es lo que realmente te ha prometido para que te arriesgues a esto?

Anastasia sintió un nudo en la garganta. No podía contarle lo del Barón Vane. No podía decirle que Liam la estaba usando para un plan de venganza personal que pondría a Blackwood en el mapa o la destruiría por completo.

—Me prometió que la Galería Blackwood sobreviviría. Que una vez que las finanzas estén resueltas y St. Clair obtenga sus activos, seremos libres—dijo, y era una mentira piadosa que Liam, en esencia, había prometido.

—¿Libres? ¿Bajo qué términos? Ana, te está absorbiendo. Te quiere a su lado para romperte. No dejes que gane. No te rindas en convertirte en su consultora, o terminarás siendo su peón de por vida.

La voz de Ethan era una advertencia. Un ancla a la realidad que se estaba desvaneciendo.

—No seré un peón—dijo Anastasia, su propia voz sonando hueca. —Soy la única que puede salvar la galería.

—No a costa de ti misma—replicó Ethan. —Vuelve a la galería mañana. No puedes dirigir una fusión desde la oficina de un tirano. Necesitamos una reunión formal. Tienes que actuar como la consultora que eres, no como su asistente.

Anastasia asintió al teléfono. —Tienes razón. Mañana iré a la galería y prepararé la reunión de fusión. Necesito poner distancia entre él y yo.

Colgó, sintiendo una punzada de gratitud por Ethan. Él la conocía demasiado bien. Pero también sabía que el Barón Vane se acercaba y que su secreto con Liam la ataba mucho más fuerte que cualquier escritorio de cristal. Tenía que volver a Blackwood, pero ahora debía ir con Liam, y tenía que mentirles a las dos personas que más le importaban.



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En el texto hay: suspensepsicológico

Editado: 25.11.2025

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