La Oferta Inesperada.
Decidida a seguir el consejo de Ethan, Anastasia se presentó en St. Clair Global a la mañana siguiente con una nueva armadura. Hoy no sería la asistente silenciosa. Hoy sería la consultora principal de Blackwood. Su primer paso sería coordinar formalmente una reunión de fusión en la galería para reestablecer su territorio.
Apenas había tecleado el borrador del correo en su portátil cuando la voz grave de Liam llegó desde la puerta de su oficina, a unos metros de distancia.
—Dubois. En mi oficina. Ahora.
Anastasia asintió sin levantar la mirada de la pantalla, terminando la frase, y luego se dirigió al despacho principal.
Liam estaba de pie junto a las ventanas, que ofrecían una vista vertiginosa del Támesis. Tenía una tableta en la mano, y la luz de la mañana lo hacía parecer una silueta de poder puro.
—Quiero organizar la reunión formal de fusión con Clara y Ethan en Blackwood. Creo que sería mejor para la moral del equipo si...
—No viniste aquí para hablar de moral, Anastasia—la interrumpió Liam, sin girarse. —Viniste para salvar tu galería. Y lo has hecho. Molnár fue brillante. Y el plan de Vane es quirúrgico. Eres un activo muy valioso.
Se dio la vuelta lentamente y la miró, no con el desafío habitual, sino con una seriedad que la desarmó.
—Necesitamos a alguien que dirija la rama de Arte y Cultura Global de St. Clair. No es solo la fusión con Blackwood. Es la adquisición de todo lo que Molnár representa, más los activos que el colapso de Vane dejará libres. Es un imperio.
Anastasia frunció el ceño. —¿Me estás hablando de contratar a alguien para que dirija la subsidiaria?
Liam sonrió, pero era una sonrisa fría, de depredador.
—Te estoy hablando de ti.
Se acercó a su escritorio, tomó un sobre blanco y sellado con el logo de St. Clair y lo deslizó sobre la superficie de cristal.
—Abre eso. Es mi oferta formal para el puesto de Directora Ejecutiva de Adquisiciones de Arte y Cultura Global. Incluye una compensación inicial de ocho dígitos, stock options significativos en St. Clair Global, y la independencia total de Blackwood, que se convertiría en una subsidiaria de prestigio bajo tu dirección.
El aire pareció espesarse. Anastasia no podía creer lo que estaba oyendo.
—Esto es... esto no tiene sentido. Yo... mi compromiso es con Blackwood.
—Tu compromiso es con el arte, y yo te estoy dando las herramientas para influir en todo el mercado global. ¿Quieres salvar una galería pequeña y noble? O ¿quieres controlar el flujo de miles de millones de dólares y decidir quién tiene poder y quién no en la subasta?
—¡Es chantaje!—siseó ella, recogiendo el sobre como si quemara. —Me obligaste a esta fusión, me humillaste, me usaste para tus propios fines, y ahora ¿me ofreces una jaula de oro?
—No te obligué a nada que no fueras capaz de hacer. Solo te empujé. Me demostraste que en el fondo, la jugadora y estratega en ti es mucho más poderosa que la mujer de principios que dirigía Blackwood. Tú prosperas en el caos, Anastasia.
Se apoyó en el borde de su escritorio, mirándola con una intensidad que la hacía temblar.
—Tú sabes que no tienes que volver a Blackwood para salvarla. Con esta posición, la galería se convierte en un apéndice de un imperio. Será intocable. Podrás nombrar a Clara y Ethan para dirigirla, y nunca más tendrás que preocuparte por las facturas. Solo te preocuparás por el poder.
—¿Y tú qué ganas con esto, Liam?—preguntó ella, la voz apenas un susurro.
—Gano a la persona más brillante que he conocido. Gano la certeza de que no te enfrentaré nunca más. Y gano la prueba definitiva de que mi forma de ver el mundo es correcta. Que la nobleza siempre se rinde ante la oportunidad y la supervivencia. Demuéstrame que te equivocas. Rechaza esto. Vuelve a Blackwood a pelear por las facturas, la iluminación defectuosa y la moral de un puñado de idealistas.
Anastasia sintió un escalofrío. El dinero era obsceno. El poder era innegable. Pero lo más insidioso era la certeza en sus ojos, la forma en que él la había desnudado psicológicamente. Le había ofrecido la oportunidad de ser, de hecho, su igual.
Apretó el sobre en su mano.
—No voy a tomar una decisión ahora. Esto es... sorprendente.
—Tómate el tiempo que necesites. Pero recuerda, la oferta es válida solo si el plan Vane funciona sin problemas—dijo Liam, volviendo a su tono de negocios. —Y si te quedas en la galería, tu plan se ralentiza.
Ella sintió la amenaza implícita: su silencio sobre el fraude de Vane y el éxito de Blackwood dependían de su colaboración continua.
—Bien. Dame las órdenes para el Barón Vane. Luego iré a Blackwood para reestablecer mi posición—dijo Anastasia, sin mirar el sobre.
Liam sonrió con satisfacción.
—Me gusta tu determinación, Ana. Envía un mensaje encriptado al Barón Vane citándolo en una cena de caridad esta noche. La trampa comienza allí.