El Desafío de las tres Lunas

La Acusación de Clara.

El Agujero en las Cuentas.

Anastasia estaba en su oficina en Blackwood, inmersa en los documentos que Liam le había proporcionado sobre la estructura corporativa de Vane. Aún llevaba el aroma a papel viejo y el peso de su traje, una armadura prestada en un campo de batalla que apenas entendía. Se sentía enferma. La revelación parcial a Ethan no había aliviado su carga, solo la había compartido.

La puerta se abrió sin llamar y Clara, la contadora de Blackwood desde hacía veinte años, entró. Clara no era una mujer de rodeos. Llevaba gafas de montura fina que no ocultaban la furia en sus ojos. En su mano, sostenía una carpeta de anillas abierta.

—Necesitas ver esto, Anastasia—dijo Clara, su voz gélida.

Anastasia se enderezó. —¿Qué pasa, Clara? ¿Problemas con el inventario de la fusión?

—Problemas no. Misterios. O, mejor dicho, sabotaje.

Clara deslizó la carpeta sobre el escritorio de Anastasia, señalando una entrada específica en el libro mayor de Blackwood, marcada con un círculo rojo. Era una transacción de alto valor, realizada hace seis meses, catalogada como un "pago anticipado de derechos de propiedad intelectual por un manuscrito inédito".

—¿Recuerdas esto?—preguntó Clara, sin parpadear. —Una transferencia de seiscientos mil euros que causó el agujero principal de liquidez que nos dejó vulnerables a St. Clair. Tú la autorizaste. En tu letra.

Anastasia asintió, su garganta se secó. Recordaba esa transacción. Era el dinero que Blackwood había necesitado desesperadamente para adquirir un juego de daguerrotipos excepcionalmente raros, una operación que ella había defendido como una "inversión estratégica" y que había sido financiada a través de ese complicado acuerdo de "propiedad intelectual".

—Sí. El acuerdo por los daguerrotipos de Brighton. Fue una jugada arriesgada, lo sé, pero esos...

—No, Anastasia. No es el acuerdo de daguerrotipos. Ese dinero nunca fue a Brighton. Fue directo a una shell company en Chipre, la misma empresa fantasma que vendió la dudosa pieza de Molnár a Liam St. Clair hace ocho meses, justo antes de que se la vendiera a Blackwood.

Anastasia sintió un escalofrío que no tenía nada que ver con el aire acondicionado de la oficina. Liam había usado ese dinero para financiar la compra inicial de su propia trampa, y la había disfrazado de una "inversión estratégica" de Blackwood para drenar sus recursos antes de la adquisición.

—No puede ser. No lo sabía—murmuró Anastasia. —El papeleo que firmé... estaba mezclado con otros documentos de la venta.

—El papeleo que firmaste te hizo responsable de esa transferencia—la interrumpió Clara, golpeando el documento con el dedo. —Parece que tú abriste la puerta para que St. Clair supiera exactamente dónde presionar. Parece que tú fuiste quien nos desangró, Ana.

La acusación era un puñal. Clara, la mujer que la había visto crecer en la galería, ahora la miraba como si fuera una traidora. Era la perfección del plan de Liam: no solo la había manipulado, sino que había creado un rastro de papel que la hacía parecer la culpable ante los ojos de su propia gente.

—Clara, te juro que no es así. Fui engañada. Liam St. Clair... él es mucho más astuto de lo que crees. Está haciendo esto para...

—¿Para qué, Ana? ¿Para qué? ¿Para que tú te veas como su heroína, su consultora estrella, la mujer que está a punto de dejar la miseria de Blackwood para dirigir una división en St. Clair Global?—Clara escupió la última frase, revelando que el rumor sobre la oferta de Liam ya se había extendido.

Anastasia se puso de pie, su silla rechinó contra el suelo. —Eso es lo que él quiere que piensen. Pero tienes que escucharme. Estoy dentro para proteger a Blackwood. Ese dinero se fue para comprar una pieza que era parte de un esquema de St. Clair para...

—Para qué, ¿para hacerte rica? El equipo de contabilidad de St. Clair está llegando en dos horas para la revisión final antes de la firma de la fusión. Si descubren esta "inconsistencia" antes de que tú la "descubras", la fusión podría caerse, y nosotros seríamos responsables del pago del 20% del valor.

Clara la miró por última vez, no con enojo, sino con una profunda decepción. —Arregla esto, Ana. Y por una vez, dinos la verdad, aunque duela. ¿Por quién estás luchando?

Clara se fue, dejando a Anastasia sola con la carpeta abierta, la entrada marcada en rojo como una herida. Liam no solo la había puesto en una jaula de oro, sino que había quemado los puentes detrás de ella, asegurándose de que, si fallaba, no tendría a dónde volver. Tenía que encubrir el rastro, limpiar la transferencia en la shell company y, al mismo tiempo, seguir con el plan de ataque a Vane.



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En el texto hay: suspensepsicológico

Editado: 25.11.2025

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