Un día, un joven aventurero deseaba buscar algo que perdió en lo más profundo de un bosque antiguo. Luego de un par de horas, él se dirigió hacia un pequeño árbol en el que encontró a una mariposa reposando en una de sus hojas, hasta que ¡se cortó con algo! Nervioso y asustado, se miró la herida en la pierna, pero no vio sangre, no vio la piel lastimada, nada, absolutamente nada. Era como si jamás se hubiera herido.
Sorprendido, decidió ignorarlo y seguir adelante en su búsqueda del objeto perdido. Mientras caminaba sobre los grandes pastizales, en una orilla lejana encontró el objeto más preciado para él: una roca con forma de montaña puntiaguda. Corrió hacia ella, pero tropezó con un enorme peñasco.
El muchacho decidió comprobar si esa misteriosa habilidad que acababa de descubrir en verdad era real. Tomó una decisión arriesgada: agarrando una espina muy afilada, se la pasó por el cuello, sintiendo el frío definitivo de ese pequeño pero peligroso brote.
Editado: 03.06.2026