El deseo más universal de la sociedad actual

Un deseo con mil formas: cómo el dinero ocupa la mente de todos

El dinero es un deseo universal no porque todos quieran lo mismo, sino porque todos temen lo mismo: quedarse sin él.

Ese miedo adopta formas distintas según la vida de cada persona, pero el mecanismo es idéntico: una preocupación que vuelve una y otra vez, como una marea que nunca se retira del todo.

En este capítulo veremos cómo ese deseo cotidiano se expresa en distintos grupos sociales. No para juzgar, sino para comprender la amplitud del fenómeno.

  1. Los pobres: el deseo como urgencia

Para quienes viven con lo justo, el dinero no es un proyecto ni una ambición. Es una emergencia diaria.

“¿Llegaré a fin de mes?”

“¿Qué pasa si se rompe algo?”

“¿Cómo pago la comida, la luz, el alquiler?”

Aquí el dinero no ocupa la mente como deseo, sino como supervivencia.

Es la respiración económica en su forma más literal: si falta, todo se derrumba.

El pobre no desea riqueza. Desea estabilidad.

Y esa estabilidad parece siempre un poco más lejos de lo que debería.

  1. La clase media: el deseo como miedo a caer

La clase media vive atrapada en una paradoja: tiene lo suficiente para no sentirse pobre, pero no lo suficiente para sentirse segura.

Su deseo económico es distinto: no es subir, es no bajar.

“¿Y si pierdo el trabajo?”

“¿Y si sube la hipoteca?”

“¿Y si no puedo mantener este nivel de vida?”

La clase media vive en un equilibrio frágil. Su deseo no es acumular, sino proteger.

El dinero ocupa su mente como una especie de seguro emocional: si falla, todo lo demás se tambalea.

3. Los ricos: el deseo como control

Quien tiene mucho dinero no deja de pensar en él. Solo cambia la forma del pensamiento.

El pobre piensa en lo que falta. El rico piensa en lo que puede perder. Inversiones. Impuestos, riesgos, fluctuaciones, reputación, herencias.

El deseo económico del rico no es tener más, aunque a veces lo parezca. Es mantener el control.

El dinero se convierte en un sistema de vigilancia permanente. Una especie de guardia interior que nunca duerme.

  1. Los jóvenes: el deseo como incertidumbre

Los jóvenes entran en un mundo donde el dinero es más abstracto que nunca, pero más necesario que siempre.

No tienen tierra, ni estabilidad laboral, ni garantías. Tienen contratos temporales, alquileres imposibles y un futuro que parece un laberinto.

Su deseo económico es simple: empezar.

“¿Cómo ahorro si no gano suficiente?”

“¿Cómo compro una casa si no puedo ni alquilar?”

“¿Cómo planifico si todo cambia tan rápido?”

El dinero ocupa su mente como un horizonte borroso. No saben cómo llegar, pero saben que sin él no hay camino.

  1. Los mayores: el deseo como protección del futuro

Quienes ya han vivido mucho no desean dinero para crecer, sino para no depender.

“¿Me alcanzará la pensión?”

“¿Y si enfermo?”

“¿Y si mis ahorros no bastan?”

El dinero ocupa su mente como un escudo. Un escudo contra la fragilidad, la enfermedad, la soledad.

El deseo económico aquí es un deseo de tranquilidad.

  1. Los trabajadores: el deseo como estabilidad

Para quienes viven de un salario, el dinero es un metrónomo que marca el ritmo de la vida.

Cada mes es un ciclo. Cada ciclo es un cálculo.

El deseo económico del trabajador es predecible: que nada cambie demasiado.

Porque cualquier cambio —un despido, una reducción, una crisis— puede desordenarlo todo.

  1. Los emprendedores: el deseo como expansión

El emprendedor vive en otro tipo de ansiedad: la del crecimiento.

“¿Ingresos suficientes?”

“¿Costes controlados?”

“¿Riesgos asumibles?”

El dinero ocupa su mente como un tablero de ajedrez. Cada movimiento tiene consecuencias.

Su deseo económico es doble: sobrevivir y avanzar.

8. Conclusión: un deseo que adopta la forma de cada vida

El dinero no es el mismo para todos. Pero su presencia mental sí lo es.

Para unos es miedo. Para otros es control. Para otros es esperanza. Para otros es protección.

El deseo universal no es el dinero en sí. Es lo que cada uno proyecta en él.

Por eso ocupa la mente de todos: porque cada vida encuentra en el dinero la forma concreta de su propia inseguridad.



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En el texto hay: sociedad, consciencia, deseo de dinero

Editado: 24.02.2026

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