El deseo que nunca esperé

Fabi

Salí de la facultad con mi horario. Ya en mi segundo año de maestría debería sentirse más agradable, pero no...

Aún no dominaba el italiano y se estaba haciendo difícil continuar así.

Sí, yo lo sé. Debería haber aprendido italiano hacia fechas, pero mis clases eran en inglés, mis compañeros me conversaban en inglés y mis únicos buenos amigos me conversaba en inglés y algo de español chapucero.

Para comprar en el súper, sólo necesitaba un 《por favor》, un 《gracias》 y 《con efectivo》.

No salía demasiado, y siempre que lo hacía, mi mejor amiga italiana, Fabiola Bernulli, estaba para traducirme. Tal vez debería dejar de depender tanto de Fabi, pero ella era la que no se separaba de mí.

Estudiábamos una maestría en química, pero eso era lo único que teníamos en común...

-¡Melissaaaa!-me llamaba desde su deportivo rojo, el de este año era más espectacular que el anterior.

Me giré y estiré mi mano en señal de saludo. Ella en respuesta me dijo que fuera hacia su lindo coche con señas. Tal vez lo babeara más desde dentro...

Me arrepentí de mi pobreza y abracé mi carpeta llena de los papeles de mi beca, sino fuera por ese dinero, estaría viviendo debajo de un puente.

Me giré viendo a Charlotte y Luca, ellos no tenían tan buena cara al ver a la sonriente Fabi. 

-No sé por qué te llevas con esa vaga- dijo sin condescendencia una enojada Charlotte con su lindo acento francés.

-Es cierto- reafirmó mi querido amigo Luca -. Sólo te utiliza para pasar las materias. Es una perra, ¡no! Es una perrísima manipuladora, no me gusta- dijo con su deje tan gay de siempre.

-Saben que no me gusta que hablen mal de la gente- dije enojada cambiando mi carpeta de brazo -. Además, no es mala y le es un poquito difícil aprender y me pide ayuda.

-Esa bondad tuya te va a matar- dijo Luca elevando sus plegarias al cielo.

-Algún día te dará una puñalada y vendrás a pedirnos consuelo- dijo melodramáticamente Charlotte -, y nosotros te ignoraremos... al menos por un rato- continuó antes de sonreír y abrazarme -. En serio, cuidate de ella, eres demasiado confiada.

Me despedí de ellos cuando Fabi volvió a tocar la bocina y fui al flamante deportivo rojo.

-Guao-dije solamente cuando estuve frente a su ventana.

-Sube- dijo animada, sacudiendo su melena rubia.

Se estiró hacia el lado del copiloto y me abrió la puerta mientras yo rodeaba su hermoso frontal.

-¿No es hermoso?-preguntó mientras acariciaba el volante.

-Es la cosa más bonita que he visto en mi vida-dije acomodándome en el asiento y abrochándome el cinturón de seguridad.

-Mi papi me lo compró por pasar sin incidentes mi año-se me abalanzó y me abrazó-. ¡Gracias!

-¿Por qué?

-Es que tú me hiciste estudiar y sabes reconocer un mal tipo a kilómetros-empezó a reír a carcajadas-. Este coche es mitad tuyo, así que si quieres viajar sólo dímelo.

-Creo que nunca lograría tener esa confianza-la verdad es que era un tanto abrumadora su propuesta.

-¡Ash!-se quejó-. Por favor, Melissa, aprovéchame un poco más. Los demás lo hacen sin reparo.

-Yo te quiero como amiga y no como tarjeta de crédito.

-¡Por eso te amo! Cásate conmigo, per favore.

Me encantaba cuando se le escapaban sus italianismos.

-¡No!-dije riendo- Estás loca, Fabi.

-Yo sé que en el fondo me amas. Ojalá encontrara un hombre tan poco interesado en mi fortuna y la mitad de sexy que tú.

Me quedé mirando mi cuerpo, y pues supongo que me sentó bien dejar de comer la comida de mi madre, bajé casi 7 kg desde que llegué a Milán. Había conseguido hacer una rutina de ejercicios todas las mañanas, y eso sumado a mi cuerpo mitad latino, mitad europeo, me había sentado de maravilla, pero creo que Fabiola tenía envidia de mis pechos y mis piernas.


Ella era una diosa romana de piernas kilométricas y abdomen de infarto, con la piel bronceada por unas estancias envidiablemente frecuentes a las playas de todo el mundo, unos ojos azul profundo y un rubio platinado adornando su cara, sin embargo, era flaca como una escoba y sin curvas. Me sacaba una cabeza de alto y nada de su ropa me quedaba, salvo sus lindos zapatos.

Pero lo más atractivo de Fabi no era ni su cuerpo, ni su exorbitante cuenta bancaria. Era su manera de ser tan agradable y alegre. Ella podía congeniar con cualquier persona en pocos minutos, obtenía lo que quería de cualquier persona, pero también era muy confiada y terminaba ebria o engañada con cualquier desconocido... No sabía por qué Luca y Charlotte desconfiaban tanto de ella.

Por el contrario, yo me limitaba a ver como conversaba. Generalmente, no le interesaba a nadie por no ser tan rica como ella. Pero no me molestaba, en general, los hombres italianos eran demasiado mujeriegos y groseros para mi gusto. Odiaba que intentaran engatusarme, además, eran demasiado obvios.

Yo dejé una relación dolorosa en mi país. La noticia de que me aceptaran en Italia, fue demasiado para que la relación durara, y un año no era demasiado tiempo para fijarme en nadie... Bueno, ya casi cumplía dos estando lejos, pero habiendo mudándose mis padres a España y yo a Italia, no me quedaba demasiado en Sudamérica, escepto buenos amigos.




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