Jaylynn
La noche pasa y pronto amanece. Después de que Leonie haya sido vista por Verity, la nueva curandera de nuestro barco, se comprueban las heridas del resto.
Nadie fue herido de gravedad, y todos estamos en condiciones de una reunión.
El capitán espera tras su escritorio en el camarote principal, el último en entrar en la habitación es Achard. Quizá percibe mi emoción, porque intercambiamos una media sonrisa antes de que su padre se aclare la voz.
—¿Lo tienes? —pregunta en voz baja Ruel, mi mano derecha en estos días.
—Exactamente.
Con casi treinta años, Ruel usa la cabeza de formas distintas al resto, únicamente cuando quiere. De resto, se olvida de pensar.
—Entonces —interviene Nerván, llamando nuestra atención—. Consiguieron algo, ¿no es así?
El capitán lleva un sombrero negro, en contraste a los últimos años. No suele llevarlo, pero desde que dimos con algunas de las propiedades que perdió en subastas, nos dispusimos a recuperarlas con varios negocios. La joyería nos ha dado éxito, pero también el negocio de licores.
De ambos me encargo junto con Ruel, pero mi favorito es el negocio de telas. Ese es mío, y el capitán me lo prometió para el futuro.
—Por supuesto —respondo, dando un paso al frente—. Demasiado, si se me permite decir.
Siento la mirada tanto de Leonie como de Dave, pero no retrocedo. Esto me toca decirlo sin un gramo de pena.
—¿Y bien? ¿Sabes quién secundó el ataque?
—Es… complicado —murmuro, y escucho las risitas de Ruel. El rubio es muy malo disimulando—. Es decir, creo que sé de quién se trata. Y… no sería la primera vez que nos encontramos.
—Dijiste que te encargaste de Dexter la última vez, Jaylynn —advierte Nerván.
—Lo hice. Pero parece… que alguien quiere seguir los pasos de su padre.
Los murmullos se hacen presentes en la habitación, por eso sigo.
—No sé cuál de ambas —miento, sintiendo el peso del collar en el abrigo—. Aun así, ya es un avance.
—Y queda perfecto, porque la próxima semana iremos a la subasta —Ruel suena ilusionado al respecto, igual que los últimos días—. Todo lo midió perfecto, ¿no, capitán?
Nerván lo piensa mientras mira los mapas. La respuesta está clara, pero nadie más sabe leerla tan bien como yo.
—Este es un trabajo complicado —inicia, sin levantar la vista. En la voz se le trasluce la confianza—. Sin embargo, la mejor para dirigirlo eres tú, Jaylynn. ¿Te crees capaz?
—Por supuesto. Y estoy casi segura de que los Lukesadir están involucrados.
—Y, ¿estás segura de lo que dices sobre ellas?
—Muy segura, capitán.
—Entonces, no tengo más que decirles.
Uno a uno, todos salen del camarote principal.
—Este trabajo no puede salir mal, Jaylynn —me llama la voz del capitán a mi espalda apenas piso el umbral—. Asegúrate de hacerlo bien.
Asiento, porque eso es lo que planeo. Si damos con ellas, iremos directo a toda la fortuna de Dexter. Por fin saldará las deudas con nosotros y no tendremos de qué preocuparnos.
Incluso ahora, con mucho mejor situación que en bastante tiempo, no nos vendría nada mal.
Escucho la música antes de bajar al primer piso, todos se reúnen en la cubierta sobre cajas y barriles.
Es cuando veo a Leonie, toca el violín mientras sus dos hijos la miran sentados en las rodillas de Dave. Después de ocultarnos su embarazo, tuvo un niño y una niña. Ambos parecidos más a Dave que a ella, al contrario de Gilly.
—Son una familia hermosa —Ruel dice lo que yo nunca en voz alta, ambos bajamos por las escaleras hasta la celebración—. ¿No te parece?
No respondo, y cuando ambos llegamos con los demás, los gritos y aplausos se escuchan por los congregados. Ezlyn, la chica de vestido azul, se aclara la voz por encima del resto. Se acomoda el cabello castaño antes de hablar.
—¡Por nuestra próxima capitana! —grita con un vaso en la mano—. ¡Jaylynn Rosewell!
Los rumores corren con rapidez. En estos momentos de mi vida, es de las mejores cosas que sé.
Recibo el vaso que me tiende Ruel, quien no esperó antes de irse a servir licor.
Levanto el vaso hacia la tripulación. Todos esperan mi discurso, soy quien los lleva al éxito en estos tiempos.
—¡Porque nunca más haya tormentas para nosotros! —sigo, asintiendo en dirección a la chica antes de continuar—. ¡Que El canto del mar y la sirena prospere entre las sombras!
Todos chocan los vasos y la música sigue. Leonie le deja a alguien más el violín y se pone a bailar con Dave mientras sus hijos los observan. El resto también baila y canta al ritmo de esta melodía.
Prosperidad. Esa es la canción.
Luego de terminarme una botella entera de licor y jugar a disparar con el resto, por fin decido que ha sido suficiente. Ruel deja de bailar con una chica para acompañarme a mi habitación por miedo a que caiga por las escaleras, pero rechazo la intención y su pareja de baile me mira agradecida.
A todos les anima saber que estamos más cerca que nunca de ser quienes tengan el control del mar, al menos en nuestro ámbito. Yo no soy la excepción.
Jamás me había sentido tan viva, tan capaz…
Camino hasta la puerta de mi habitación con los tintes del alcohol todavía haciéndome caminar algo despacio. Al cerrar la puerta, me deleito con la cama con dosel nueva que todas las habitaciones importantes poseen. Hemos remodelado el barco, y mi lugar ahora es mucho mejor.
Tomo el collar dentro de mi bolso cuando me quito el abrigo, lo contemplo ante la luz de las velas. Lo reconocí solo de verlo.
Me hace tan feliz. Incluso canto la canción que la tripulación en realidad parece gritar, juego con los tonos sólo para molestar a Aedan, que sugirió que yo era una sirena.
La melodía me alegra, cantar me llena el alma al ver lo que conseguí. Zyra Fenton está detrás de todo esto. Tengo su collar de compromiso entre los dedos, único en su clase.