El deseo que pedimos al mar #2

9

Jaylynn

Después de unos tres días, ya puedo caminar sin sentir que destrozaré los puntos. El último día, justo cuando estuvimos a punto de irnos, me ofrecí a pagar la cuenta con Rhea, pero me comentó que ya estaba cubierto.

Me pareció escucharlos hablar sobre ello el mismo día que habló con Hartley tras la puerta.

Ato de nuevo el cordón de la bolsa de tela a mi muñeca. Todavía no entiendo cómo no se me cayó en ningún momento.

Agradecí por lo que han hecho por nosotros hasta ahora y por fin salgo a la calle. Es un alivio por completo.

Hartley envió la carta por correo, así que hoy deberían estar por llegar. En la subasta nos quedaríamos una semana, siendo el día cuatro ellos seguirían ahí.

Él me espera fuera de la botica, por su semblante sé que no está del todo convencido de ayudarme. Pero lo hará de todos modos.

Le conviene hacer esto, porque si demostramos fraude de algún modo le devolverán lo invertido en ese compromiso. No sé por qué parece que soy la única que piensa en ello, ni siquiera lo ha mencionado.

Caminamos por las calles, él va unos pasos tras de mí. Aunque ayer tuve el valor para hablarle de los planes, no me siento del todo valiente estando con él. Es difícil explicarlo, pero me costó demasiado hablarle de frente.

Cuando nos acercamos al muelle, siento el valor restaurarse un poco. Esta es mi vida. Lejos de él.

El barco está ahí. Suelto un suspiro de alivio al ver a algunos miembros comprar cosas en el puerto. Subo por la rampa y Hartley me sigue.

En la carta mencioné algo sobre que me acompañaría, pero eso sólo lo sabe el capitán. Nadie más está al tanto.

Aliso un poco la falda azul antes de adelantarme por la cubierta, la primera en notarme es la contramaestre.

Leonie se acerca a mí, tiene el cabello corto atado en una coleta apenas perceptible.

—¿En dónde has estado? —me pregunta con preocupación. Sin embargo, su mirada no se detiene demasiado en mí. Mira sobre mi hombro y puedo ver cómo se tensa—. ¿Qué hace aquí, Jay?

No es la primera y deduzco que tampoco la última en mirarlo así. Todos detestan a Hartley, incluyéndome.

Sólo cuando Ruel intercambia una mirada confundida decido que no tengo ganas de dar explicaciones a nadie que no sea la contramaestre.

—¿Nerván tiene algo que hacer ahora? —murmuro, haciendo acopio de paciencia—. Tengo que hablar con él.

Al desviar la mirada al camarote principal en el segundo piso lo noto; nos observa con cautela.

El aire que trae el mar me devuelve un poco de calma, suficiente para fingir por ahora. Me vuelvo hacia Hartley, pero él está ocupado hablando alegremente con Dave. Parece ser el único que no nota cómo los escrutan todos.

—¿Vas a venir? —pregunto al aire y pronto Hartley asiente. Se despide de Dave pero al acercarse y ver a Leonie no dice mucho.

Sé que ella no está de acuerdo con esto.

Nos adelantamos hasta la escalera al segundo piso, y hago un verdadero esfuerzo por no ceder ante los murmullos del resto. Yo, precisamente yo, estoy trayéndolo de vuelta.

Es patético.

Hartley cierra la puerta del camarote tras él, pero minutos después Leonie se nos une junto con Dave. Minutos en los que fue de lo más incómodo, porque el capitán no dijo nada mientras estaba sentado tras su escritorio.

Tiene demasiado sentido.

Exhalo un suspiro cuando los últimos integrantes de la reunión llegan.

—Miren quién ha vuelto —empieza Camden, incrédulo mientras mira a Hartley—. El violinista está de vuelta, ¿eh?

—¿Tan pronto te perdonó el capitán? —murmura Achard, divertido.

Ashton se limita a reírse por las ocurrencias de esos dos, pero Nerván se aclara la voz. Todos nos callamos, incluso los que no hablábamos.

—Explícate —es la palabra que pronuncia, la que queda al aire.

Tomo aire antes de empezar, incluso tengo que contenerme para no desistir de este plan.

—Lo traje porque creí que nos sería útil. De otro modo o lo haría.

Nadie dice nada. Todos menos Dave miran a nuestro antiguo prisionero con desdén.

—Dadas las circunstancias, sé que puede llevarnos a Dastan, incluso a los Fenton —continúo, levantando un poco más la voz. Dejo la bolsa en mi muñeca sobre el escritorio de Nerván—. Te interesan los Lukesadir, ¿no, capitán? Te recuerdo de quién fue el collar que encontré ahí.

Él no dice nada, se limita a revisar las joyas dentro de la tela mientras los murmullos siguen a nuestra espalda.

Yo me cruzo de brazos con paciencia.

—¿Segura que sabes lo que haces esta vez? —Leonie habla a mi espalda, dubitativa. Quizá es la que más odia esta idea.

—De otro modo no lo sugeriría —repito, pellizcándome el puente de la nariz.

Hartley no mira a nadie cuando me vuelvo hacia él. Se dedica a mirar la habitación, bastante distraído. No lo está. Está inquieto.

—Tomémoslo a votación —murmura el capitán, levantándose—. ¿Quién está a favor de que se quede? Si nos es de utilidad, por supuesto.

Como esperaba, Ashton, y Achard no mueven un músculo. Para mi sorpresa, Camden levanta la mano a favor.

—Yo no quiero ser parte de esto —dice Leonie, retrocediendo en contra.

Ya lo sabía.

El capitán levanta la mano a favor apenas, aunque si fuera por sus facciones, jamás sabría que está de acuerdo. No expresa nada.

Dave levanta la mano a favor, por supuesto. Yo espero varios segundos antes de dar un paso al frente y levantar la mano.

—Entonces —Nerván alza la voz, mirando a Hartley—. ¿Podemos confiar en ti?

—Pueden hacerlo —responde, bastante firme.

—¿Asumes la responsabilidad si fallas?

La mirada furiosa del capitán es por rencor, y sospecho que no solo por la parte en que nos invadieron.

El muchacho asiente de nuevo, convencido.

—Sabrán ya que esto no funciona tan fácilmente —replica el capitán, incrédulo—. Alguien de aquí debe aceptar contigo.

Siento la mirada de Hartley en mí, por eso se la devuelvo con la advertencia clara. No debe atreverse a fallar.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.