Jaylynn
Apenas llegamos todos, zarpamos de nuevo.
Al llegar a mi habitación muevo los mapas, libros, pero hay algo en lo que no dejo de pensar. Ese collar. Ese collar sí le pertenecía, por supuesto que sí.
No puedo creer que me haya limitado a tomarlo como una sospecha. Está claro que busca problemas.
Los ha encontrado, porque tengo tiempo completamente libre.
Sin embargo, hay algo a lo que no puedo dejar de darle vueltas en la cabeza. Tengo que hablar con el capitán sobre ello, pero primero quisiera más pruebas.
Me recuesto en el escritorio, incapaz de hacer algo más. ¿Y si tengo razón? No quiero saberlo.
Te quiero. ¿No me crees?
Cada vez que recuerdo las palabras es como si deseara con más fuerza no haberlas escuchado. No puedo dejar de lado la idea de que lo dijo en serio. Suelto un suspiro de irritación cuando me levanto de la silla. No puedo pensar en eso ahora.
Hago en lo posible para no alarmarme cuando al entrar al camarote principal me encuentro con todos en el interior, incluso Hartley. Parece que apenas llegamos comenzó otra reunión. La mirada que me dedica el violinista me preocupa un poco.
—¿En dónde estabas? —pregunta Leonie apenas llego al centro de la habitación.
No respondo, estoy demasiado concentrada en la hoja que tiene el capitán entre las manos.
Es una carta.
—Jaylynn, quiero hablar contigo a solas —empieza Nerván, sin levantar la vista del papel—. Ahora.
Asiento, porque la voz no me sale por el momento. Dave se retira con Leonie, Ruel duda un poco antes de seguirlos. Me estoy preocupando demasiado.
Hartley es el último en salir, pero antes de hacerlo el capitán le pide que se quede.
—Tengo que hacerte una pregunta —el capitán por fin me mira, señala las sillas frente a su escritorio. No quiero sentarme, quiero que hable—. ¿Te importa lo que pase con Elara?
Mi respiración se acelera, por momentos no sé si escuché bien.
—¿Por qué? —digo al instante, desconcertada—. ¿Algo le pasó? ¿Está bien?
—Ella está bien —asiente, pero su mirada no se ha apartado de mí—. No sé por cuánto tiempo exactamente, pero lo está.
¿Qué?
—Sherwood dice que sospechaba las intenciones de Dastan con los negocios de ella, así que tenemos una pista de en dónde podría estar.
—Estoy seguro de en dónde está —lo corrige Hartley, llamando mi atención—. Debería estar en Zeltrev, es lo más seguro. Dastan planeaba ir ahí por negocios, ella era una de las siguientes en visitar. Si llegó antes que nosotros, entonces debería haberla capturado.
—¿Capturado? —repito, incrédula—. No es tan sencillo capturar a alguien con sus medios.
—Lo es si la otra parte parecía de confianza hasta estos momentos. Jay, estoy seguro de que si…
—¿Planeas hacernos dejar el barco?
Silencio. Por completo.
—Te hice una pregunta —repito, sin apartar la mirada—. ¿Todo esto es otro plan para que dejemos el barco?
Él se queda en silencio, quizá esperando una señal que le indique que no estoy hablando en serio. Pero desde luego que lo hago.
—¿Esa carta fue obra tuya? —sigo, acercándome a él—. ¿Esto es lo que querías desde el inicio?
—¿De qué hablas? Yo no quiero…
—Oh, eso fue lo que dijiste la última vez, todo era tú y tu inocencia. ¿Te digo algo? Esta vez no funcionará. No vamos a caer en tus trucos, ¿entiendes?
—Jay, la carta la recibí de alguien en Zeltrev —interviene el capitán, que de repente no parece tomar partido de nadie. Eso me irrita más—. Creí que podría ser una trampa, pero si él lo afirma…
—Ahora le creemos. Le creemos cualquier cosa, sólo porque lo dice.
Salgo de la habitación, tal vez más pronto de lo que debía. No puedo aguantar el enojo irracional que se va instalando. ¿Y si de verdad nos está mintiendo de nuevo? ¿Y si es mi culpa de nuevo?
—¿Cuál es el problema? —la voz de Hartley suena a mi espalda cuando llego a lo más alejado de la cubierta. Parece que llegó corriendo—. Sólo quiero ayudarlos, ayudarte. ¿Cuándo lo aceptarás?
—Tú no estás intentando ayudarme —replico, volviéndome hacia él—. Todo esto fue un truco, ¿no? Tenías todo planeado.
—No. No, tienes que escucharme —iguala mi tono, irritado—. ¿En qué parte de tu cabeza tiene sentido que yo los haya engañado desde el comienzo?
—Para ti no sería tan difícil.
No sería la primera vez.
Nos quedamos en silencio, así que intento pasar por su lado con molestia. Me toma el brazo, pero lo aparto.
—¿Es difícil creer que quiero ayudarte? —insiste, más confundido que molesto esta vez—. ¿No aceptas ayuda de nadie?
—Serías la última persona de la que aceptaría.
—No he hecho más que ayudarte desde que nos encontramos de nuevo, Jaylynn. No he hecho en absoluto nada más, y tú no confías en mí. ¿Cómo funciona eso?
—Funciona contigo aceptándolo.
No me importa si estoy siendo irracional, pero todo apunta en su contra esta vez. No sería difícil de creer que nos estuviera tendiendo una trampa de nuevo.
—Cuando esto termine —advierto, mirándolo con molestia—, te aseguro que no volveremos a vernos.
—¿Por qué? —replica con voz rota, sin retroceder ni un poco—. ¿Porque tienes problemas de confianza?
—Repítelo.
No lo hace, por supuesto. Está colmándome la paciencia, lo que no es nada nuevo. El verdadero problema soy yo, ya me quedó claro.
Por más que lo intente, por más que existan pruebas, no puedo confiar en él. Es imposible.
Por fin paso por su lado, obviando las miradas de súplica antes de que la decisión intente cambiar sin mi permiso. Luego de un rato en mi habitación, decido que, si no pude responder a una de mis dudas, responderé la otra por mi cuenta.
Cruzo el pasillo vacío cerca de las habitaciones sin pensarlo demasiado, hasta que el tablón de la bodega está bajo mis pies. Lo levanto, y sólo de entrar en la bodega reprimo la alarma.
El sitio de la gotera tiene otro nuevo lugar abierto.