El deseo que pedimos al mar #2

13

Hartley

—No dijo nada sobre adelantarse —escucho la voz de Leonie, alterada. No ha dejado de dar vueltas en la cubierta—. Tenemos que decirle a Nerván lo que está haciendo, lo que quiere hacer.

El atardecer se ve ahora, el puerto sigue en movimiento. Nadie imaginaría el desastre en el barco.

—¿Acaso sabes qué es? —replica Ruel, quizá el más asustado—. No dijo nada, sólo vi un carruaje alejarse.

—Y no se te ocurrió que podría estar ahí —suelto sin pensar, dejando de lado en la caja el mapa que me enseñó el chico—. ¡¿No se te ocurrió que querría actuar por su cuenta?!

Parece más ofendido que preocupado por mis gritos, pero no sé en qué más descargar la frustración que siento. Jaylynn nunca hace esto. No cuando hay un plan trazado, al menos.

—Dejados los gritos de lado —interviene Dave, acercándose a Leonie, que tiene aspecto de querer estrangularnos a todos. La rubia se calma bajo su contacto en los hombros, sólo un poco—. No podemos contarle nada a Nerván. Es decir, él mismo aceptó que fuera sola si es que nos contaba primero.

El silencio es horrible. No sé si es peor que el ruido, ambos me asfixian.

—Cosa que no hizo —murmuro, tratando de callarme. Es imposible—. ¿Por qué nadie me dijo de esto? Creí que habían descartado por completo la idea.

—Porque ella no quería que nos acompañaras —suelta Leonie, de nuevo enfurecida—. Vaya sorpresa que por ponerte a salvo se la esté llevando la corriente, ¿no lo crees? ¡¿No te suena familiar?!

Aguanto las réplicas en los puños apretados, porque tiene razón.

—Estamos hablando de Jay —dice Dave, claramente con intenciones de bajar el tono—. Tiene otro plan, no lo apostó todo.

—Si estaba segura de que lo conseguiría, claro que lo apostó todo.

No digo nada más después de eso, sigo mirando sus trazos en el mapa.

—¿Cómo pudiste callarte después de ver esto? —pregunto a Ruel, incrédulo—. Estaba planeando encontrarla sola, no pudo ser más obvia si trazó un mapa sin contarnos.

—Sería su culpa de todos modos, aunque trate de ocultarlo—replica cuando se cruza de brazos, me sostiene la mirada entretenido—. Todo el tiempo ha intentado complacerla, así que morir intentando rescatarla no sería más que prueba de ello.

La mirada que le dedico debe hacerle llegar el mensaje, porque de nuevo no parece nada valiente.

—Tenemos que ir —empiezo, soltando el mapa—. Tenemos que ir, es lo único por hacer.

—El capitán no sabe que se fue —interviene Leonie, pero no estoy de humor para sus formalidades cuando claramente sólo quiere hacerme sentir estúpido.

—Espero no tenga problema al saber que Jaylynn está muerta por culpa de sus piratas, que decidieron no ir por ella cuando estaban a tiempo —replico, subiendo el tono por el nerviosismo—. Porque ella irá, no midió las consecuencias, está en ese lugar, y si no la conociera bien diría que dejó alguna pista en algún sitio sobre eso además del mapa, nos dijo de algún modo, nadie le prestó atención…

—Hartley… —empieza Dave, acercándose a mí esta vez.

El dolor en el pecho es intenso, pero sé que no puedo callarme más.

—No. No, tenemos que ir. Si ustedes no quieren hacerlo porque son un montón de cobardes, perfecto.

Voy hacia la bodega de armas, pero termino haciendo el camino hacia mi habitación. Tomo una pistola, asegurándola apenas por lo mucho que me tiemblan las manos al cinturón de cuero junto con otra daga. Luego cubro todo con un abrigo oscuro.

—Usa la cabeza, imbécil —Leonie me mira sin entender cuando paso por el lado de todos, dispuesto a bajar la rampa. Su preocupación apenas se nota, pero está ahí—. De nada le servirá a nadie que mueran los dos.

—¿Sí? A mí de nada me sirven ustedes si no quieren ayudarla.

El olor del mar me recibe al bajar corriendo, es cada vez más intenso.

—¡Hartley! —Dave me mira desde la borda cuando piso el puerto—. ¿En qué estás pensando? ¡Van a matarte!

No, la van a matar a ella. El pensamiento me hace enfrentarme a una nueva oleada de pánico cuando me adelanto hacia la calle, pero pasados cinco minutos escucho pasos a mi espalda.

Dave, Leonie y Ruel me siguen a paso rápido, ahora armados. Sólo de volverme descubro que Ashton y Camden nos observan con gesto de burla desde la cubierta. Ahí falta alguien.

—Alguien fue a avisarle a papá —murmura Ruel, irritado cuando de nuevo corremos hacia las calles transitadas.

No digo nada, trato en lo posible por memorizar el mapa que tuve en las manos, trato de hallar la mejor forma de llegar a ese lugar.

—¿Qué hay en esa mansión? —pregunto después de un rato, todos disimulan bastante bien que les sorprendió mi cambio de opinión sobre comunicarme con ellos—. ¿Por qué querría ir ahí además de Elara?

—Es un sitio de apuestas, a veces se usa para eventos de comercio —Dave suena confundido con la idea, pero pronto suspira—. En estos días no creo que haya forma de entrar ahí sin una invitación, y lo más seguro es que Dastan esté ahí.

Eso ya lo sabía. Estaba programado venir cuando estuve en su barco. Pero no era el único con esos planes si es un sitio de comercio marítimo.

Pienso en ese imbécil. En cómo le interesa Jaylynn. Yo lo conozco. No sé de dónde, pero es claro que sí. Y que es un Lukesadir. Estuve seguro, ¿por qué no le dije nada?

Kairo Lukesadir. Estoy seguro de que él estará ahí. Y de que si toca a Jaylynn lo lamentará, me aseguraré de ello.

¿De dónde lo conozco? ¿Qué puede querer de ella?

—El barco que se hundió era de Aedan Lukesadir, ¿no? —pregunto en voz baja, y es Ruel quien asiente esta vez.

—Jay estuvo ahí ese día.

Quiere venganza. No sé qué es lo que busque en realidad, pero lo primero será eso.

Estoy seguro de que ya es medianoche para cuando llegamos al bosque más parecido al de Poregrath que he visto hasta ahora. Los recuerdos de la noche en la que entramos a la mansión en medio de la oscuridad en ese bosque me asaltan, y tengo que recordar que puede no sea tan sencillo esta vez.




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