Hartley
Llevamos dos días de viaje, exactamente. Yo en la carreta de carga, y dos oficiales manejando a los caballos. Porque ahora soy prisionero del reino de Zeltrev.
Alguien se las arregló para decir que fui yo quien dejó inconsciente a Jay, que se desmayó después de que Kairo le aplastara un pañuelo en la cara. Seguro tenía un sedante.
Cuando los del primer piso llegaron, incluida la seguridad del lugar, Kairo fingía tratar de despertarla mientras yo tenía los nudillos llenos de sangre. Un movimiento inteligente por su parte, pero fue otro motivo para que sus guardias me apartaran de él cuando traté de alcanzarlo para terminar lo que empecé.
Salí de la fiesta en esta carreta, y sólo nos detuvimos una vez en la comisaría de Zeltrev ayer para volver a emprender el camino. Puedo responder a la pregunta de qué se siente dormir en una celda, ahora puedo hacerlo.
Sin importar el poco tiempo que llevamos de haber abandonado la comisaría, debemos estar cerca de la frontera con Poregrath, quizá. Absoluto bosque en medio de la noche.
—Oficial… —pregunto a quien conduce, muy probablemente harto de mí—. ¿Cuánto queda de viaje?
Al menos tengo con qué entretenerme, puedo molestarlos.
—No lo sé, Sherwood —murmura el que lleva las riendas, irritado—. No menos que hace diez minutos.
—Ya, pero… saben que podríamos ahorrarnos todo esto, podrían volver a sus casas si me dejaran ir —digo, arrastrando las palabras por el aburrimiento mientras me miro las esposas de acero—. Hace frío, ¿no creen?
Silencio. De nuevo. Lástima que esté demasiado aburrido.
—Oficial.
—Sherwood.
—¿Puedo bajar?
—¿Motivo?
—No siento las piernas.
—Tiene suficiente espacio para estirarse.
—¿Cómo un violinista se convierte en criminal? —pregunta su compañero, aunque suena más interesado que cruel—. Tenía una buena carrera, ahora tiene antecedentes.
—Sí, bueno… —murmuro, ajustándome el abrigo—. Yo no lo hice, ¿saben?
Es lo que repetí en la comisaría, pero nadie escuchó. Todos le creen a ese imbécil.
Silencio. No es mi favorito, en especial por la falta de cualquier otro sonido que no sean del bosque.
—¿Saben? —repito, cerrando los ojos con cansancio—. Yo amo a esa mujer, es dueña de mi vida. No tiene sentido haber intentado lo que todos dicen. Él, en cambio, es a quien deberían poner tras las rejas.
—¿Por qué motivo, Sherwood? —esta vez habla con burla—. ¿Porque según una ilusión suya es un asesino?
Se ríen. Malditos idiotas.
—En su habitación hay pruebas —insisto, irritado.
—Ya, claro. Por supuesto…
Un movimiento en el bosque llama mi atención. Uno que apenas percibo, y tenía los ojos entrecerrados esta vez.
Escucho pasos entre los arbustos, pero no quiero moverme para comprobarlo. Se escuchó hacia mi costado, yo viajo viendo todo el camino en reversa.
Silencio de nuevo.
Hasta que tres movimientos parecidos se alcanzar a notar entre la penumbra.
—Oficial —digo, trato que la sonrisa no se filtre en mi voz—. ¿Usted no cree que yo pueda ser inocente?
Este, el que conduce las riendas, suelta un suspiro de frustración antes de responder.
—No, Sherwood. No lo creo.
Otro movimiento entre los árboles. Están cerca.
—¿No lo cree? —insisto, tratando en silencio de deshacerme de las esposas—. ¿Ni siquiera por quiénes son mis padres, mi familia?
—Eso no define a las personas. Y si está intentando comprarnos, le diré que este es un reino honorable en cuanto a seguridad.
—Ah… —asiento, dejando las manos en el regazo sin éxito. Me quedo en silencio un rato antes de hablar otra vez—. ¿Saben, oficiales? Me agradan. Ambos. Fue divertido.
—Está completamente loco, Sherwood. Tendré que añadir eso a su expediente cuando…
Disparos. Quien manejaba las riendas se queja, así que no fue mortal. Su compañero se alarma, trata de hallar el motivo en el bosque.
Ambos están en las rocas que preceden el acantilado a mi izquierda. Más allá hay una caída de cinco metros, hacia el lago.
Dave y Ruel me esperan, el primero me hace una señal entre las rocas. Ruel suelta otro tiro hacia los oficiales y uno más a las ruedas de la carreta. Esta se desploma del lado del bosque, no antes de que me arrojara hacia las rocas con ellos.
Pero los oficiales no dejan de buscar. Escucho sus pasos cerca, incluso cuando trato de concentrarme en una forma de escapar.
Dave me mira como si hubiera perdido la cabeza cuando comienzo a descender por las rocas resbalosas hacia el agua inminente. Es difícil considerando las manos esposadas.
Nuevos disparos se escuchan y uno pasa muy cerca de Ruel cuando trata de aferrarse a una piedra más arriba.
Por eso decido soltarme. Ambos hacen lo mismo, antes de que tengan oportunidad de dispararnos. La caída no se siente en absoluto larga, apenas impactamos contra el agua fría me aseguro de no salir a superficie. Ellos entienden el mensaje, porque se mantienen del mismo modo.
Pero el agua está sucia. Tiene toda clase de ramas y espinos. Lo peor sería la corriente fuerte, pero está extrañamente más apacible.
Pasados los disparos y sin escuchar una sola voz, me impulso hacia arriba con las piernas al tocar lo más profundo. Sólo cuando estuve cerca de un muro de piedra frente a mí.
Me impulso hacia la orilla rocosa al subir, apenas puedo creer que lo logramos.
Dave comienza a toser a mi lado, no deja de hacerlo.
—¿Respiraste ahí abajo? —pregunto, tratando de sentarme.
—Tanto tiempo con Jaylynn te está afectando la cabeza —murmura al terminar de escupir una buena cantidad de agua. Ahora recupera su actitud animada de siempre—. ¿Cómo se te ocurre saltar así?
—No les pedí que me siguieran —respondo, quizá más mordaz de lo que siempre suelo ser.
En la oscuridad, apenas puedo notar cuando alguien más se acerca a la orilla. Dos personas salen del agua. Y ninguna es Ruel.