El deseo que pedimos al mar #2

18

Hartley

—Buenos días —digo apenas disimulando la sonrisa cuando entro en la cocina. Y lo dije en voz baja por si acaso a Leonie se le ocurría gritarme a mí también. Dave la está pasando mal mientras ambos cocinan, no quiero ni saber por qué.

—Vaya hora de despertar —Ruel está en una de las sillas de madera, a la cabecera de la mesa, pero ocupa otra con su pierna vendada—. Dave dijo que no despertarías hasta mañana. ¿Estuviste ocupado?

—Estuve entrenando —murmuro, jalando una silla con la bota para sentarme—. Creo que dentro de unos días recuperaré la agilidad.

—De ninguna manera —termina Leonie, y por la forma en que apunta a Dave con la cuchara de madera sé que ambos contenemos la respiración. Está más enojada de lo que pensé—. No podemos hacerlo hoy, quizá mañana, pero no hoy.

—Ellos se sentirán tristes si no es hoy —replica Dave, como si le hubiera dado un puñetazo.

—¡Tienen un año! —Leonie pierde la paciencia, señalando a uno de sus hijos, que se entretenía bastante jugando con unas hojas que probablemente se le cayeron a ella al cocinar. El niño ni siquiera nota el caos, Hewett, así es como se llama—. Ni siquiera saben qué significa que lo celebren o no.

Ruel parece tan confundido como yo, pero ninguno se atreve a intervenir.

Hasta que mi mirada se encuentra con la de Dave, en cualquier momento perderá la calma.

—¿Hoy es su cumpleaños? —murmuro, dirigiendo mi atención a la contramaestre. Sé que es un error enorme, pero me rio—. Podríamos hacerles una fiesta y todo eso, a todos les gustará.

—Exacto —coincide Dave, asintiendo. Sin embargo, no es lo único. Mira a Leonie por aprobación, así que entiendo que una fiesta no es el verdadero problema. Continúa después de un buen rato—. Siempre hacemos algo hoy, de cualquier modo. Sin ellos, incluso. Es bueno que haya coincidido con hoy su cumpleaños, así no se ve tan obvio.

—¿De qué están hablando? —interviene Ruel por fin, y Leonie suspira. Ya no parece tan furiosa.

El silencio se hace en la cocina y por eso me adelanto hasta la jarra de agua para servirme en un vaso. Al parecer ellos están terminando de almorzar, pero ni siquiera tengo hambre.

Antes de responder nada, Dave me mira con arrepentimiento. ¿O quizá culpa?

Me levanto, aclarándome la voz.

—De acuerdo, de acuerdo —empiezo, alejándome hacia la puerta—. Ya entendí, yo estoy de más.

—A mí tampoco me apetece quedarme demasiado —Ruel pasa por mi lado, saliendo de la cocina apenas apoyando el pie derecho, pero desde que Ashton lo revisa cada día se niega a recibir ayuda. Sin embargo, que este no haya venido a verlo todavía podría ser la razón por la que decida quedarse, vuelve a su silla a la espera de su revisión diaria, como todos los días después del almuerzo—. Si hacen una fiesta, avísenme con tiempo, ¿de acuerdo? Quiero jugar a tres vasos de licor, sería entretenido embriagarse… Lástima que no tenga con quién jugarlo. Hartley, tú podrías con Jay.

Comienza a comer del plato que le sirvió Leonie sin dejar de reírse.

Estoy a punto de salir cuando escucho la escucho suspirar, cansada.

—Siempre ha sabido que hacemos esto por ella, Dave. Es obvio, y tener esta excusa de por medio lo hace todavía peor.

—Sí, pero sabes que a Jaylynn nunca se le va a pasar del todo lo mucho que le molesta hoy, no es como si pudiera olvidarlo.

Se acabaron las ideas sobre escapar, y en cuanto Dave lo nota se vuelve hacia mí, creo yo para explicarme.

—No le cuentes nada —le advierte su esposa, sentándose en una de las sillas al lado de él—. No ha decidido decirle.

—¿Qué es eso que dijo Ruel? —cambio el tema cuando la tensión es aplastante. Rio como si no estuviera lleno de nervios—. Lo de tres vasos de licor. No creo que le emocione tanto sólo embriagarse.

—¿No sabes qué es? —Ruel ríe esta vez, pero asiente mientras mira el plato vacío antes de llevarlo cojeando un poco hacia los trastes sucios—. Es un juego que todo el mundo conoce, incluso en tierra.

—Una pareja bebe tres tragos entre pausas —explica Leonie, sin quitarle la mirada de encima a la taza entre sus manos—. Por cada trago, uno le quita una pieza de ropa al otro.

La contramaestre mira encima de su hombro al terminar, por eso Dave se ríe con más fuerza mientras lava los trastes. ¿Qué?

—¿Eh? —suelto, incrédulo—. ¿Eso existe?

—¿Te arrepientes de no haberlo sabido antes? —cuestiona Ruel con una sonrisa.

—Yo nunca haría eso con Jaylynn —espeto, terminándome el vaso de agua. Me aclaro la voz, algo ofendido—. Claro que no, nuestra relación se basa en el respeto, nunca le haría algo así.

—¿Dijiste relación? —Dave regresa su atención a mí igual que Leonie. A esta no le hizo tanta gracia.

—Es una manera de decirlo, nada más —replico, cruzándome de brazos.

—Como sea —interviene Leonie, divertida—. Si lo que dijo sobre que querías asesinar a Kairo en la mansión y no lo hiciste fue cierto, tenemos problemas. Verdaderos problemas con eso de enviarte a ayudarnos en cualquier parte. No sabes dar golpes letales.

—Él sabe hacerlo, amor —replica Dave, confundido—. Sólo… se le dificulta, supongo. Pero yo le enseñé el año pasado.

—Sí, además he estado entrenando —murmuro, algo ofendido.

—Sí, bueno… eso de sus entrenamientos con Jay sólo sirven para que la toquetee y viceversa, porque no veo ninguna mejora —Leonie se pone de pie para lavar una manzana que su hijo le enseñó al jalarle la falda—. Sin ofender.

—Es cierto —Dave me mira con atención, divertido.

Me quedo en silencio hasta pasado un rato.

Supongo que aceptar es el primer paso.

—Es cierto.

Es todo lo que digo antes de suspirar, porque hablando de ella, ¿en dónde está?

—No vendrá —dice Dave como si hubiera adivinado lo que pensaba al llenar otro plato de comida—. Le llevaré esto. Hoy no suele salir de su habitación, no hace demasiado por el día. En la noche sale para ver el alboroto en la cubierta, al menos así puede lamentarse con los gritos de fondo y todo eso.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.