El deseo que pedimos al mar #2

21

Hartley

Reparto las instrucciones que Jay me indicó antes de salir a la cubierta, aunque la mayoría ya está poniendo en marcha el desembarque. Nos vamos acercando a Krelkrith, pero ir a la torre de joyería no será lo primero.

La rampa se coloca en el sitio cuando el puerto está a nuestra derecha. Leonie, Dave y Ruel bajan hacia los comercios, este último desobedeciendo órdenes médicas, por cierto.

No hay nadie que lo haga cambiar de parecer sobre esto, todos quieren estar presentes en la última etapa del plan. Achard, Camden y Ashton también nos acompañan. En contra de los deseos de Jay, quien afirmó al capitán que le estorbaban. Dijo lo mismo respecto a Rosalie, pero creo que ella sólo le preocupa.

El capitán da últimas indicaciones, pero sé al completo, a diferencia del resto que nos acompaña, que no estamos ni de cerca de seguirlas.

Los carruajes llegan con intenciones de llevarnos hacia la torre, pero se les indica un nuevo destino. Antes de llegar a la torre, daremos una vuelta al puerto que se encuentra al lado oeste del reino.

A diferencia de otras veces, Jaylynn y yo compartimos un carruaje, lejos del resto. Ella está ocupada leyendo los mapas y notas que sabrá a qué hora escribió.

Yo también estoy algo ocupado. Las notas de entrada y salida de cargamento en el puerto son las que me toca analizar. Leyendo un par de veces puedo ver que Leonie sí tenía razón cuando dijo que las notas de ese barco, el que tenemos la sospecha que pertenece al grupo de Alizeh, tiene casi los mismos días de diferencia con el desembarque de la mercancía que solíamos traer con Dastan, y de no haber estado en su barco, no sabría que ellos entregan joyas directamente. Sin embargo, las condiciones de la subasta harían que hoy ambos barcos se presentaran si ambos fueran grupos comerciales de joyería, no hay comerciante marítimo que quiera perderse de esto.

—Sospecho que el barco de Alizeh no sólo comercia joyas y creo que no soy el único —murmuro sin levantar la vista del mapa con las últimas rutas. No fue difícil descubrir en dónde guardaban los registros del puerto antes de apartarnos del muelle la última vez. Krelkrith es un reino comercial, así que todas las entradas y salidas se anotan—. Al menos, algo de lo que todos están seguros es que el segundo negocio no será tan transparente. Si es que en sí es un negocio.

Jay baja el mapa, observando por la ventanilla con aire pensativo. Esto le cuesta. Y no me refiero a que no quiera pensar en ello.

Esto nos cuesta a todos porque parece bien cimentado. Cualquiera que no los conozca les creería a la perfección con sus horarios cuadrados y antecedentes perfectos.

—Creo que tuve bastante —suspira, llevándose ambas manos a las sienes. Se ve cansada.

—La cosa es… —empiezo, llamando su atención cuando se disponía a dormir en el asiento—, que no sólo tenemos una manera de descubrirlo. Deberíamos aprovechar ambas, ¿no crees?

—¿Cuál es la primera? —murmura todavía con los ojos cerrados. Cuando apoya la cabeza en mi hombro trato de no perderme en ello y seguir con esto.

—Podemos llegar a un sitio que el cargamento tenga como destino. O también podríamos esperar a ver si llegan a la subasta. Todos los años me invitan para tocar ahí. Podría hacerlo y ustedes ganarían tiempo si piensa que estoy solo. Sigo teniendo amigos por aquí, no puedes olvidarlo.

—Alizeh no es estúpida, crecimos demasiado cerca —replica Jay, mirándome con atención—. Lo último tendría sentido si no descubre las huellas en todo esto, y su gente podría ya habernos visto.

Por su tono, sé que quizá no quería dejar lugar a ninguna discusión. Pero ese que usó lo reconozco desde hace un par de semanas.

—¿Por qué no quieres que ayude? Tienes que admitir que esta vez no estoy diciendo estupideces, déjame ayudarlos.

—¿Ayudar? Harás las cosas más difíciles, sabe que estás de nuestro lado.

Aunque sea irracional, no puedo evitar discutir un poco.

—¿Es eso o tienes miedo de que lo haga mejor que tú?

—Tengo miedo de no volver a verte.

Silencio. No dice absolutamente nada más.

—Eso no va a pasar —murmuro, rodeándola con ambos brazos esta vez. Creí que el gesto la molestaría, pero en su lugar se acerca más a mi pecho—. Y por más que quieras negarlo, puede ser una buena idea si termina siendo la última opción.

No entiendo muy bien esta parte de nuestras conversaciones todavía. Ella lo evita, pero sé que en el fondo no se trata de mí. Hay otra razón por la que no acepta mi ayuda.

—¿Todavía desconfías de mí? —pregunto sin poder evitarlo y la mirada que me dedica me hace callar por completo.

Nunca más volveré a decir eso.

—De acuerdo, creo que no, pero…

—¿Crees que estaría aquí si todavía sospechara que nos traicionarás? —replica con irritación, pero no se aparta ni un poco de mí. Contemplo sus ojos azules, llenos de molestia. Hace mucho no lo hacía.

—¿Entonces qué es?

—No quiero hablar de eso. Si fuera nuestra última opción, estaría bien. Es todo lo que puedo darte.

El camino transcurre en silencio, y apenas llegamos al puerto del lado oeste los dos carruajes desaparecen por donde llegaron. Nosotros nos encargaremos del resto.

Este puerto no es ni la mitad de extenso que por donde llegamos, incluso podría imaginar que pertenece a otro reino.

Quizá por eso los encuentros ilegales son de este lado de Krelkrith. Incluso de tarde no parece del todo confiable.

De algún modo, me hace sentir mejor que lo último que hagamos será ir a la torre de joyería.

—Lo primero que se hará es observar —Jay se posiciona frente al grupo cuando nos colocamos cerca de una fachada desgastada. Mira la madera rota del marco de esa puerta—. No es un secreto que este lugar no es de buenos tratos.

Este lugar parece ilegal. Cada comercio cerca del muelle es apenas una carpa con letreros por fuera.

—Así que —sigue, señalando apenas su cinturón con armas bajo el abrigo largo—, cualquiera que tenga problemas con el cambio de aires, puede retirarse. El barco está por llegar. Nos quedan exactamente diez minutos antes de eso. ¿Alguna duda?




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