El deseo que pedimos al mar #2

26

Hartley

Apenas puedo respirar cuando lleva sus dedos hacia el cuello de mi camisa. Deshace dos botones, aunque los primeros ya estaban abiertos. Siento su tacto en mi piel, se asegura de llegar hasta mi corazón sin dejar de besarme, me acaricia el pecho con tersura. ¿Quién es esta mujer y por qué me está volviendo loco?

Le beso el cuello, el mentón, pero no demoro para reclamar su boca. Espero que nadie más que yo se atreva a besarla así ni de ninguna otra forma. Esta es la manera en que quiere ser amada, es la manera en que pienso demostrárselo.

Sus piernas me aprisionan las caderas, puedo sentir cómo me atrae hacia ella de nuevo, aunque no necesita hacerlo. Le daré lo que desee.

La forma en que me mira cuando nos separamos no se compara con una sola vez hasta ahora. Igual que yo, trata de recuperar el aliento, pero eso no significa que haya dejado de observarme como yo a ella.

Sus ojos, del color de un diamante precioso, me observan llenos de ansia.

—No me gustas, Hartley Sherwood —dice, pasándose el cabello tras las orejas con cuidado—. No quiero pasar otro día contigo sin que sepas la verdad. Me fascinas.

—Somos dos, amor mío.

La forma en que sonríe se debe al tono. Le encanta que se lo diga por sí solo, pero ese tono, el que lo hace sonar como una maldición, le encanta.

—Quédate conmigo —le suplico, mirándola con el mismo deseo mientras le sostengo la cintura—. Quédate conmigo, sé que quieres hacerlo.

Aunque su sonrisa no se ha borrado, se atenúa cuando busca la mentira en mi voz. No la va a encontrar.

—¿Yo quiero eso? —repite, llevando ambas manos hacia mis hombros con vacilación. Su sonrisa cruel me arranca un suspiro cuando me atrae hacia ella.

Me besa el cuello, sólo una vez antes de regresar la mirada a la mía. Quiere hacerme sufrir.

—Es mucho más que querer —dice en voz baja, sin borrar el dejo paciente.

Quizá debería sentirme alterado por el hecho de no haber podido pensar en nada que no fuera esta mañana, pero en ciertos momentos del día lo agradezco.

Ayer no terminamos de revisar el puerto por el cargamento cuando nos faltaba ir hacia el lado en el que nos persiguieron la última vez. Cuando ocurrió lo del accidente con Ruel, estábamos haciendo una parada para ver qué tal iban las cosas. Hoy estamos terminando de verificar entradas y salidas, que concuerdan con todas las notas que hemos revisado.

No tiene mucho sentido esperar más tiempo, pero supongo que no sólo se tendrán los planes que me compartió Jay. No, ella sólo me cuenta una parte de lo que hace, así que debe haber algo más.

Antes de regresar a la torre, tanto Dave como Rosalie me acompañaron a la ciudad para entregar una carta, pues creo que ahora no nos vendrían mal todas las noticias posibles. Porque cuando llegamos aquí, envié una carta. Hoy recojo la respuesta, la leo bajo la luz de la tarde mientras caminamos de vuelta a la torre.

—¿Quién te envió una carta? —pregunta Rosalie en voz baja, caminando lento a propósito cuando Dave se adelanta un poco de nosotros—. ¿Una de tus amantes en Valkrety?

—¿Crees que le haría eso a tu hermana?

—No lo sé. Después de todo, tú llevabas esa clase de vida, me lo contaste.

Me rio cuando ella parece seria, así que termino por tenderle la hoja para que detenga las acusaciones.

—Emmerly Vane —lee, siguiéndome por el empedrado—. ¿Fue tu novia?

—Es una amiga.

—¿Amiga? Sí, bueno… ¿Ella sabe de nuestro asunto en Zeltrev? ¡¿Se lo contaste?!

—No es que no lo supiera ya, ella me avisó cuando estuvimos aquí la primera vez, ella me dijo que algo iba mal con mis padres. Ya por sí solo era malo que se mudaran a Zeltrev, imagina recibir cargamento de ese grupo comercial.

—Yo creo que se aliaron justo por eso —Rosalie me devuelve la carta, pensativa—. Tu matrimonio hubiera sido una cortina de humo. Aunque lo que más me extraña es que alguien como Zyra quiera manejar todo desde las sombras, justo como si fuera una experta. Es raro, incluso para alguien con dinero. No se le veía así.

—Es justo lo que haría, no entiendo la sorpresa.

—¿No entiendes lo que trato de decirte? Ella no era así cuando la conociste.

—Muchas cosas pasaron cuando me uní al barco —replico, subiendo los escalones de la escalinata principal hacia la torre. Dave se despide de nosotros con un gesto de la mano que devolvemos antes de desaparecer escaleras arriba a mitad del pasillo—. Antes de eso su padre estaba vivo igual que su cuñada, la mujer que asesinaron en la casa de Valkrety. Igual… en ese entonces ella no necesitaba dinero. Se casaría conmigo, ni para qué molestarse.

Reprime una risa, alisándose la falda de seda.

—Se salvó a lo grande.

—¿De qué hablas? Yo soy un buen prospecto, el mejor en kilómetros.

—Hablo de justo lo contrario —murmura con media sonrisa antes de acercarnos a la habitación de Elara, de donde sale Dave después de dejar las noticias. Nosotros dejaremos los registros del puerto que conseguimos—. Nadie tiene suerte al estar contigo, debe ser una condena.

Mueve las hojas entre sus manos, acomodándolas mejor para cuando me indica llamar con los nudillos. Un golpe bien dado a la mesa de adentro hace que Rosalie de un salto, tirando los papeles por todo el pasillo.

—¡Estás siendo irracional! —la voz de Elara nos sorprende a ambos, fuerte y clara—. ¡Es la mejor carta que tenemos, cortar el problema de raíz!

—Sucede que las cosas no son así de simples —replica Jaylynn, su tono letal advierte las malas noticias—. Deshacerse de ella no deshace la red, ¿no lo entiendes?

—Si insistes en no dejarlo actuar en lo que a ella respecta, será cada vez peor para nosotros. Tenemos la herramienta, eres tú quien sólo quiere mantenerlo fuera.

—El trabajo sucio siempre ha sido mi trabajo, eso lo sabes…

—A mí me da miedo cuando se pelean —admito mientras me alejo con Rosalie hacia mi propia habitación para dejar ahí los papeles por ahora—. ¿A ti no?




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