El deseo que pedimos al mar #2

27

Jaylynn

Salgo de la habitación dando un portazo, corro por las escaleras hasta salir de la torre. Está todo oscuro fuera, la noche ha caído.

Tantas horas discutiendo qué hacer no nos llevaron a nada así que decidí poner en marcha el último recurso. No tendré nada en absoluto que perder si esto funciona.

—Ya están todos ahí —murmura Ruel, aunque parece inquieto cuando me vuelvo a mirarlo.

—Dijeron que no salieras después de lo que pasó —observo su hombro, aunque una camisa holgada lo cubre por el momento—. Ya hiciste bastante.

—No me perdería esto por nada.

Y es que no habría tomado cartas en el asunto de no ser porque me colmé la paciencia. Hay dos razones por las que esta noche hacemos las cosas más rápidas, dos razones por las que decidí actuar. No es algo precipitado, necesito hacer esto.

En cuanto abordamos el carruaje siento la expectación en segundo plano. Esto es lo primero.

Las calles están vacías, lo común por la madrugada. Ni siquiera es necesario adivinar lo que planeaba, sé que todos lo saben. Aunque nadie me ayudaría de ser menos racional si es posible.

Bajo del carruaje al lado de Ruel al llegar a la casa entre las sombras del bosque, a simple vista abandonada. Quizá nunca había actuado con la razón más nublada que ahora.

El sitio tiene aspecto antiguo, aunque las grandes columnas que sostienen la casa la hacen lucir menos ostentosa. Están agrietándose por el paso del tiempo. Lo único intacto sin contar el polvo es el piso de mármol.

Ambos vamos hacia el segundo piso, donde debe estar la mayoría.

Abro la puerta y todo es silencio.

—Así que… —empiezo, quitándome el abrigo para dejarlo sobre una silla antes de continuar el recorrido por la habitación—. Por fin nos dejamos de juegos, ¿no?

Él intenta moverse en la silla, inútil dadas las circunstancias.

—¿Era tan difícil en serio? —murmuro, deteniéndome frente a él. Dastan me observa con odio mientras trata de bajar la mordaza. No podrá hacerlo—. Quiero que hables ahora mismo de todo lo que sabes respecto a lo que me interesa, y si no sabes qué es entonces estarías jugando a ser estúpido. Sé que sabes qué estoy buscando.

Un hombre le quita la mordaza, todos los presentes son parte de la tripulación.

—No sé de qué hablas… —Dastan grita con furia, la misma con la que trata de desatarse sin éxito. Tiene las muñecas rojas de tanto que ha tratado de deshacerse de la soga—. Lo único que tengo presente es mi deseo de asesinarte, ¡eso nunca cambia!

—Bueno. Entonces parece que tendré que recordarte un poco las cosas.

Dejo de caminar por la alfombra para tomar la daga de mi cinturón, la balanceo entre los dedos mientras contemplo a este imbécil frente a mí.

—Hagamos algo —continúo, pensativa—. Voy a darte una pista sobre lo que quiero saber. Si respondes mal, te prometo que ni te enterarás antes de que se termine tu mísera existencia.

Ni siquiera me mira. Le supone una humillación morir por mi causa. Hace más divertido que esté aquí.

—Rosalie.

Es todo lo que digo, mis palabras quedan al aire bastante tiempo. Su semblante cambia.

—No le harías daño —murmura en voz baja, pero la ira sigue presente—. No lo harías, porque tu vida dependería de ello.

—¿Según quién? Desvelar así tus secretos no es de gran estratega, que lo sepas.

Tuve razón. Tuve toda la razón, por supuesto que sí.

Ella significa algo para él.

—¿Te molesta tanto que alguien tome tus mismas conductas? —Dastan sonríe, aunque el gesto es siniestro. Su traje está arrugado, varios moretones cubren su cara—. Ahora es sencillo destruirte, todos saben hacia dónde va tu debilidad. Aunque Zyra te separará de él antes de que lo notes.

—No seas ridículo —me siento a la orilla de la cama frente a él, divertida. Me tomo mi tiempo, aunque sé que todos me escucharán de todos modos—. Sabes que lo que más me importa es tener lo que otros no. Lo que otros no merecen. Por eso me voy a quedar con todo lo que pertenece a tu familia. Pero para eso necesito saber para qué necesitabas a Sherwood en tu barco. No pienses que me creí el cuento de que es por sus influencias. A él puedes engañarlo, pero a mí… te costaría caro.

—Lo que te hizo Garner te marcó de por vida, no sólo con la cicatriz —murmura y su mirada se encuentra con la mía. Está demasiado entretenido—. Apuesto a que ni puedes dormir cada vez que recuerdas cómo todos hablaron de ti en la ciudad… te cegó tanto que buscas destruirnos.

Sonrío, cruzándome de brazos. Me levanto de la cama, voy hacia una ventana cerca de mí. Un simple gesto de la mano desata golpes a mi espalda, se escuchan puñetazos e incluso un vidrio roto.

Mi mirada va hacia la puerta, Hartley está de pie ahí. Le indico acercarse a mi lado y sólo de hacerlo me entrega lo que buscaba. Un papel doblado va hacia mis manos, lo leo a la escasa luz de la luna mientras los golpes continúan.

Al volverme, Dastan está en el piso, todavía atado. Un florero está roto cerca de su cabeza, aunque él no deja de toser.

—¿Qué hizo a Rosalie tan especial? —digo, inclinando la cabeza para mirarlo hasta el piso—. Dilo, tienes poco tiempo.

—Me matarás. Lo harás y no tienes ni una intención de lo contrario, no hará la diferencia.

—Podríamos discutir la lentitud con la que ocurriría —murmuro, moviendo la daga frente a él con aburrimiento cuando me agacho frente a él—. O la manera.

—No puedes terminar conmigo cuando soy tan importante…

—Sherwood te era importante —replico, mirando al joven a mi espalda—. Te cegó tanto tu deseo de terminar conmigo que creíste cada una de sus palabras.

Porque Hartley fue a buscarlo. Le dijo que lo llevaría hasta mí, incluso que viniera en compañía si no se sentía seguro. Claro que con el doble de personas aquí no tuvimos demasiado problema. No veo por qué la insistencia en resaltar mi desesperación cuando otro es el ridículo.

Tengo buenas cartas, a diferencia de lo que comenzaba a pensar. Mi mejor carta es Hartley, dudo que exista un momento en que no lo haya sido.




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