Hartley
Las calles están repletas de movimiento, aunque no importa en absoluto. La tripulación ya no viene conmigo, Ezlynn intentó hablarme antes de irse con ellos, pero terminó por arrepentirse. No entiendo por qué las cosas son así por el momento, quizá tiene que ver con la última vez en que se le acusó de traición.
No tuve que ver en ello, por eso no lo entiendo. Tal vez cree que la delaté respecto a Dastan.
De nuevo, camino por las calles de Valkrety hasta las calles que llevan a Ciudad Carta. La gente dice que ya no se llama así, lo he escuchado en otros sitios en todos los viajes en barco.
No queda muy lejos. Valkrety es el corazón de este lado del mar, algo alejado de Poregrath. Pero yo siempre viví en la ciudad.
Hago el camino que recuerdo, el que atraviesa un bosque. Crucé por aquí varias veces al terminar los conciertos, Leith y yo seguíamos un camino en específico para llegar a Valkrety. En esos lugares era más sencillo perderse.
Hoy no tengo tanto miedo como esos días. No podría pasar nada si notan que estoy aquí.
Cuando llego al final del camino, puedo ver las calles y calles empedradas con faros en las aceras. Idénticas al día en que di mi último concierto, días antes de que la tripulación me encontrara.
Paso por esa mansión, justo al frente. Miro la fachada, detallo las ventanas, ahora con cortinas oscuras en el interior. Ni rastro de una sola presentación del conservatorio, ni una fiesta. Pero no he venido por esta casa.
No hay personas por la acera, es bastante tarde. Sostengo el broche de la capa entre los dedos unos segundos antes de armarme de valor para adelantarme un par de calles más.
No todas las luces están apagadas, pero el lugar al que me dirijo está por completo a oscuras. No me siento listo para ir. Por eso sigo caminando, el ruido que hacen mis botas en el piso es lo único además de los latidos fuertes de mi corazón cuando me acerco a la puerta principal
Trato de mirar por las ventanas, pero los muebles están bajo telas. Así debe estar toda la casa. Debí suponer que mis padres no estarían aquí. Ni siquiera rentaron la casa, ni siquiera porque ellos estuvieran en Zeltrev.
Esperaba en el fondo que lo hubieran hecho. No quería llegar y encontrarla así.
Paso el nudillo por el cristal de la ventana, así veo la sala, y aunque está bajo tela, comienzo a recordar. Casi puedo ver a Irmine a mi lado mientras trato de tocar bien el violín, diciéndome que debería hablarles a nuestros padres de cuánto me dolía el hombro después de todas las horas ensayando.
Nunca lo hice. No se tomarían molestias en decirme que podía descansar.
Así era todo, así era como seguirían las cosas hasta que yo me marchara de la casa. Ese día del que hablé tanto con Irmine, que ella no quería que llegara.
Vaya sorpresa, porque yo soy quien la extraña ahora.
Reprimo un suspiro, alejándome hacia la calle de nuevo. No están aquí. Ni siquiera pude sentirme más cerca de nada parecido al pasado, no se siente bien.
Me hace sentir mucho peor saber que cuando tuve todo ni siquiera miraba al despreciarlo. ¿Qué es eso exactamente? ¿Estoy hablando de mis hermanas o estoy hablando del dinero que tenía, la vida que llevaba?
No sé qué sea, pero me hace sentir vacío. No tengo nada, aunque trate de negarlo. No voy más a ninguna academia, no asistí a ninguna otra por una beca. Y aunque comenzaba a hartarme de tocar y esas cosas, en el fondo estaba acostumbrado.
Ahora quiero alejarme de todo eso. No quiero volver aquí nunca. No quiero volver a sentir que muero porque no fui quien recibió un disparo, no quiero ni siquiera recordar ese día, no quiero acordarme de nada.
Es como si escuchara la música salir de esa casa, las voces de mi familia mientras critican la forma en que toco el violín, las discusiones con mi padre sobre lo que he hecho en mi vida. Ahora sé que tenía razón. No había hecho nada.
Creía que sí, lo sostenía cada vez que nos gritábamos. Cada vez que mi madre intervenía en nuestras discusiones ella insistía en estar de mi parte, pero ¿por qué? ¿Por qué estarlo si no tenía la razón?
Caitlyn era la perfecta, incluso ella misma lo sabía. Nunca recibía regaños, nunca obtenía nada menos que un primer lugar tocando el piano. Creí que podía hacer algo por el sufrimiento y desdicha que sentía al ver que le compraban pianos nuevos, los rompía, rallaba, pero siempre llegaba uno nuevo. Sin importar cuánto quería que dejara de tocar, ella continuaba. Ahora me arrepiento de haber sido así.
Debí aceptar que ese no era mi destino. Porque qué estúpido es haber tratado de arruinarle las cosas cuando ni siquiera toco el piano ni el violín ahora. Si hubiera sabido que esta sería mi vida, que nada de lo que hiciera para complacer contaría, no lo hubiera hecho.
Caitlyn y yo no teníamos la mejor relación. La dama de sociedad con un hermano que se la pasaba en boca de todos por sus actitudes de sinvergüenza, eso era lo que decían en las fiestas a las que asistíamos. A mí eso no me importaba, los rumores jamás han sido parte de mis preocupaciones, a diferencia de mi familia.
Por eso nunca me llevé bien con mi hermana, incluso antes, cuando éramos niños, sabía que había algo mal conmigo porque no recuerdo un solo momento con ella sintiendo el mismo afecto que con Irmine. Algo habré hecho mal.
Pero incluso hasta ese momento en la torre de Krelkrith, cuando escuché el primer disparo, estuve dispuesto a reparar lo que sea que hubiera roto. Quise hacérselo saber incluso cuando supe que jamás podría decírselo. Quise arreglar todo lo que le hubiera ocasionado siendo como soy, quise pasar más días con Irmine escuchándome tocar, quería tocar las canciones que le gustaban.
Ahora que no puedo hacerlo, mis padres no me quieren más de cerca que antes. Para ellos debo ser el responsable, el que debió estar en ese lugar.
Lo sé. Y no por eso dejo de atormentarme con suposiciones. Años antes, sé que les hubiera dado igual. Ahora mismo les daría igual, yo les doy igual.