El deseo que pedimos al mar #2

30

Jaylynn

—¿Entonces qué sigue? ¿Harás lo que él te dijo sólo por eso? ¿No hay otra razón?

—No puedo permitirme perder ese puerto que tenemos con ellas —replico, mirando a Leonie con cansancio ahora que estamos solas en la mesa de este rincón del salón—. Esto no se trata de ningún tipo de compasión, es lógica.

Aprovecho el silencio para terminar la copa en mi mano mientras la fiesta de la subasta transcurre.

—Tú no actúas con bondades innecesarias jamás —suelta, mirándome con los brazos cruzados—. ¿Por qué de repente? Con Zyra debemos actuar con seriedad, no sabemos a qué enfrentarnos.

—Atacar su barco en medio de la noche no haría una sola diferencia. Si les hago creer que todo está en orden, iremos con calma hacia los Lukesadir, tal y como era el plan. Y Elara tiene soldados que pueden ser útiles en el futuro si queremos llegar hasta Zyra —hago una pausa para suspirar, he estado pensando en eso—. Tampoco hace falta ser un monstruo para terminar con esto, al menos no todo el tiempo.

—Me alegra que estar con Hartley te esté dando algo de sentido común. De verdad pensé que ordenarías hacer justo lo primero cuando te enteraste.

Porque ahora todo el mundo sabe de la fractura entre Rosalie y yo. Ni siquiera supe como tomarlo, así que decidí ignorarlo por completo. Está incluida en mis planes igual que al inicio, ni un solo cambio.

—No estoy actuando con bondad —resalto, dejando la copa en la mesa—. Que quede claro.

—Claro, por supuesto. Porque para ti es casi una caricia no disparar los cañones a la primera oportunidad.

—Ellas son… —empiezo, pero me corto de golpe.

Son mi familia.

Qué patético.

Hoy es la gran noche. Me siento extraña, porque a decir verdad tenía demasiado tiempo sin un momento así. A solas.

Hartley se fue a Zeltrev esta mañana en nuestro barco, que extrañamente Nerván puso a su disposición sin protestar. Creo que al violinista se le subirá a la cabeza eso de ser capitán temporal.

Evado la sonrisa, contemplando el ambiente. Al menos quienes estamos aquí siguen con el plan, a su manera, por supuesto.

—Las cosas les han ido bien, ¿no es así? —Leonie mueve su copa frente a mí, pues dados los planes fue necesario que sus hijos se quedaran con nosotros. Ambos están en su habitación, Dave está con ellos. Por lo que hicimos un recorte en el plan de esta noche—. A ti y a Hartley.

—Supongo que podría decirse.

—¿Crees que vaya en serio? Es casi un niño, pero la forma en que te quiere me pone nerviosa —se alisa la falda de seda, pensativa—. ¿No has pensado en eso?

—Hartley no es un niño —replico, rompiendo mis convicciones habituales—. Sabe lo que quiere y reconoce lo que yo quiero, ambas cosas difíciles en cualquier hombre. Y sabe de mí más de lo que me gustaría.

—¿Piensas que quedarse juntos es lo mejor para la reputación? —pregunta con media sonrisa, divertida.

—Pienso que es la forma más rápida de cortar el problema —bromeo, mirando el salón lleno de personas. Suspiro—. Ni un rastro de ellos.

El buen humor desaparece cuando Leonie lo comprueba. Yo empiezo a impacientarme.

—Dave está investigando. Eso fue lo que prometió.

—Dijiste que estaba con los niños en tu habitación.

—Era el plan. Pero sólo será un rato, las puertas son impenetrables.

Entiendo por qué hicieron esto. Quieren mantenerlos fuera del caos cuando estalle, pero no puedo evitar inquietarme.

—Alguno de ambos se quedará con ellos en un rato —me promete, esbozando media sonrisa. No me siento nada tranquila.

—El año pasado Camden y Ashton no estuvieron de nuestro lado durante el ataque —murmuro al verlos hablando con un par de chicas cerca del centro del salón—. ¿Por qué será el repentino cambio?

—¿No lo estuvieron? ¿Cómo lo sabes?

—Estuve ahí igual que tú, no sé cómo no te diste cuenta.

—Y si tú lo hiciste, ¿por qué no tomaste cartas?

—Porque el mejor jugador espera el momento perfecto —replico, pensando en ese día—. Quien en realidad me preocupa es…

—Achard —termina con fastidio—. ¿Cuándo vas a dejar esa locura?

—Dexter dijo que estaba de su parte.

—Cuando le clavaste una daga —asiente con fastidio—. Ni siquiera sabía lo que decía. Además, tú sabes que Hartley fue quien estaba traicionando el barco. Por más que quieras ignorarlo…

—Hartley estaba con Dastan. Dexter y Dastan no se relacionaban, no soy estúpida.

Vikham comienza a dar las instrucciones de la subasta al centro del salón, y según los dibujos de las piezas que hemos visto, tendremos una noche interesante.

Además, con la adición del collar que mencionó Rosalie cuando estuvimos en el barco, lo será mucho más.

Ahora también sé por qué Kairo está aquí. Mi madre fue amable al extenderle la invitación.

Sin embargo, hay algo que no encaja. ¿De verdad pudo comprar la mentira diciendo en Zeltrev que no fue el quien intentó dispararme?

La subasta comienza con un collar de diamantes, y luego varios anillos. Mi grupo participa gracias a Rosalie, que ofrece al lado de Ruel.

Sólo le estoy dejando la tarea porque este último está con ella. Porque de otro modo es indigna de mi confianza.

Por fin, un collar hecho de diamantes en cortes rectangulares se posiciona como la siguiente subasta y es cuando me pongo atenta a toda la habitación. Esta es la forma de saber si quien busco está aquí.

Porque hasta el momento no lo había comprendido. Leith trabaja con Alizeh.

Y Zyra trabaja con ella.

Varias personas en las mesas ofrecen, las ofertas suben como una fuente elevada. Hasta que alguien más interviene, por eso tanto yo como Leonie nos acercamos al resto al centro del salón.

—Ofrezco cuarenta mil —dice una mujer de cabello oscuro, bastante elegante. Se acomoda los mechones con los guantes de encaje.

—¿Es posible…? —empieza Leonie en voz baja, pero me adelanto un poco más. Tiene que ser ella.




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