El designio de Amalia

14. Promesa.

Hemos cometido un gran error. Amalia debe despertar cuanto antes o perecerá ante las manos de Angelique. Lo que alberga en su interior, lo que ha estado durmiendo durante años en su cuerpo y mente está despertando lentamente, eso quiere decir que la primera fase de su llegada ha comenzado y la mujer pelirroja que Amalia ve no es nada más ni nada menos que a Lilith viniendo a por ella.

El invierno del mil novecientos cuarenta había sucedido una situación similar, no obstante, ella se percató y decidió sellar sus recuerdos por su propia voluntad durmiendo así nuevamente a Angelique, sin embargo, en el verano de mil novecientos cincuenta y seis hubo un abrupto cambio en ella y, de un día para el otro, intentó quitarse la vida tentada por las indicaciones de Angelique para así despertar a Lilith de su sueño, la verdadera y primera Lilith, la original.

Todo lo que estamos viviendo con Amalia es nuevo para nosotros, antiguamente los niños que ella poseía morían al llegar al nacer según la corte vampírica. Nunca se había dado caso semejante de un niño sobreviviente y saludable, como lo es Amalia, el calco casi perfecto de Angelique variando su cabello rubio, Angelique solía tener la melena rojiza y eso era lo más característico de ella. Tengo miedo de pensar que el parecido de ambas no es mera casualidad o cosas de genes puesto a que el clan Némésie desciende de Angelique, ella sería su bis abuela.

Esto es una locura, ¿Cómo puedo proteger a Amalia de Lilith si solo ella puede verla? ¿Cómo puedo salvarla del designio que tiene sobre sus hombros?

Durante la conferencia de prensa sus ojos se tornaron rojizos, hacía bastante tiempo que no veía esa mirada suya, por un instante me asuste. Pensé que la vieja Amalia había vuelto a la vida, que había recobrado todas sus memorias perdidas, inclusive las que ella misma se había hecho borrar. Había visto diferentes facetas de Amalia en todos estos años, pero nunca a una Amalia tan humanizada como esta, vivir entre humanos durante un año había provocado una notable influencia en ella, tras esta nueva perdida de memoria se había convertido en una nueva y diferente Amalia, pero, por momentos, pareciera que la vieja princesa de los vampiros deseaba volver.

La conocí un otoño fresco, apenas había cumplido sus quince años, tocaba su violín como de costumbre en el patio del palacio bajo las nubes grisáceas y el sol escondido, a pesar del cansancio, de estar quemándose levemente, estaba sumergida completamente a la sonata que sus manos componían, manos que comenzaban a tener ampollas y quemaduras.

Mis sentimientos siempre fueron los mismos desde ese día.

Aún recuerdo el viento que mecía su cabellera dorada y su expresión triste, el dolor y la melancolía eran parte de su mirada que eran guiados por la triste sonata de violín, recuerdo su pequeño cuerpo temblar bajo el pijama de seda blanca y la bata que no era para nada reconfortante. No supe como reaccionar al verla, simplemente quedé embelesado con su belleza inhumana, nada fue lo mismo para ambos luego de aquel encuentro predestinado por mi madre.

Mis sentimientos florecieron si siquiera yo buscarlos, conforme conocía a la princesa de los vampiros, más me enamoraba de ella, de su tristeza, de su melancolía, de su felicidad y amabilidad, inclusive, su frialdad. Estar a su lado se había vuelto una necesidad.

Sus ojos grisáceos anhelaban un poco de atención por parte de la reina, pero esta solía ignorarla y prestarle atención a su hijo mayor, Alexander. La reina nunca deparó en Amalia, era una madre ejemplar para Alexander, la madre cariñosa y bondadosa que la princesa siempre quiso, sin embargo, con ella era todo lo contrario, su asco y su odio estaban siempre presentes a la hora de observar a su hija. Amalia solía llenar el vacío que su madre le dejaba en interminables horas de clases de violonchelo y violín, hasta que nos conocimos.

La recuerdo voltear con elegancia y delicadeza dejándome sin aliento, el ser más hermoso y perfecto se encontraba ante mí, ella era literalmente un ángel caído del cielo, mi perdición. Mi madre había servido a la familia Némésie como la dama de compañía de la reina Odette, pero, desde el momento en el cual nació Amalia, ella se había hecho cargo de la pequeña princesa como si de una hija se tratase.

Amalia no reaccionó al verme, sus ojos se mostraron cansados y las ojeras oscuras se hicieron presente bajo ellos, al comienzo me observó sin interés alguno, su rostro frívolo e inexpresivo se tornó de sorpresa conforme pasaban los segundos para terminar corriendo tras mi madre aferrándose a ella.

Mi madre nos presentó, buscaba que Amalia tuviese un amigo con el cual compartir su tiempo libre, alguien que la ayudara a recobrar la felicidad que había perdido, a partir de ese día la melancólica princesa había conseguido algo de color en su vida y, por primera vez, una sonrisa apareció en su rostro. Poco a poco fue dejando ver a la verdadera Amalia, la Amalia que se ocultaba bajo una máscara de frialdad.

En el mismo lugar donde nos conocimos, diez años después, hicimos una promesa que nos uniría de por vida mientras la sellábamos con el pacto que me convertiría en su caballero y mano derecha, en su protector, su amigo, su amante, en su otra mitad. "Prometo siempre estar junto a usted, será mi prioridad, princesa Amalia, mi vida es suya."

Si mentirle y ocultarle secretos significa protegerla, lo haré incluso si comienza a odiarme, no me interesa perderla mientras pueda seguir protegiendo su bella sonrisa.

La persona que tengo ante mí es la mismísima Angelique la cual ha decidido manifestarse tomando el control del cuerpo de Amalia después de muchos intentos de guiarla hacia Lilith. De la Lilith original no se sabe absolutamente nada, simplemente que creó a los vampiros puros, de quien siempre se habla como la primera pura o la que le dio comienzo a los impuros es Angelique, la segunda Lilith.



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En el texto hay: vampiros, romance, drama

Editado: 04.04.2023

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