El designio de Amalia

21. El durmiente

He dormido menos de tres horas, la pequeña fiesta ha sido realmente agotadora, apenas y me han presentado a la mitad de los vampiros poderosos que debería de conocer. Se supone que en mi cumpleaños estarán los herederos al trono de los demás clanes vampíricos, tengo miedo puesto a que mi padre ha bromeado con algunos amigos suyos de comprometerme para así unir nuestros clanes, sé que ha sido una simple broma, pero tengo un mal presentimiento.

Todos duermen, son las doce del mediodía, muy tarde para el horario vampírico, sería el equivalente a las doce de la noche, medianoche para los humanos. No he podido pasar ni un segundo más en mi cuarto, he dado vueltas y vueltas en la cama sin lograr nada, husmeé los mensajes en mi teléfono y luego mis redes sociales, para mi gran sorpresa encontré con miles de mensajes en Instagram y muchos seguidores nuevos, Catalina ha tenido la idea de cambiar mis redes sociales por mi nombre real y eso ocasionó que muchos humanos comenzaran a seguirme después de mis repentinas apariciones en los medios de comunicación, en parte es algo incomodo puesto a que tengo publicaciones de cuando vivía entre humanos, hace tiempo no actualizo mis redes sociales.

No pude con mi genio y necesitaba levantarme, por lo tanto, me levanto de la cama colocándome una bata, salí descalza de mi cuarto con la buena intención de dar una vuelta por el palacio y conocer. Mi padre ha hecho prender la calefacción y se lo he agradecido de todo corazón, por lo que se, el cuarto de Abel está cerca del mío, pase por varias puertas y no supe cuál es exactamente el suyo, tampoco quiero molestarlo, debe de estar durmiendo.

Divago por el palacio sin rumbo alguno, es tan familiar para mí este lugar, pero al mismo tiempo no lo es. La estructura es nueva, uno se da cuenta a simple vista, algunas áreas están recientemente refaccionadas.

Acaricio las paredes de mármol mediante avanzo, recuerdo cosas, vagas pero lindas, llenan el triste vacío que crece en mi interior y me ciegan, la melancolía quiere hacerme llorar, pero no sedo a ella, ni una lagrima mía será derramada nuevamente, no seré una princesa trágica que solo sabe llorar, lo he dicho tantas veces. Por más que las cosas sean difíciles de afrontar estoy dispuesta a enfrentarlas como he estado haciendo en este último tiempo.

Las enfrentaré como la princesa que ha aguardado su designio decidida y paciente.

Unas escaleras escondidas llaman mi atención, la curiosidad mató al gato pero el gato murió sabiendo suelen decir y este es mi caso, me dejo llevar por la curiosidad, ajusto el cinturón de la bata en mi cintura y bajo por ellas procurando no hacer ruido alguno al pisar, el suelo está frío a comparación del pasillo, las ventanas están cerradas y las cortinas también pero hay pequeñas luces que alumbran las escaleras mediante bajo de dos en dos los escalones.

¿A dónde voy? Lo descubriré enseguida, tengo un mal presentimiento y agradezco haber traído a Atenea conmigo, hasta el momento no aprendí a usarla, no en su totalidad como aquel día en el cual se ha transformado en una peligrosa arma. No obstante siempre intento tenerla conmigo llegado el caso que necesite un arma para defenderme, según Daniel debo descubrir por mi cuenta el cómo utilizarla, es algo que él no puede enseñar.

La escalera de caracol parece infinita, creo que he bajado por lo menos tres pisos, está me deja en un pasillo completamente diferente al anterior, se puede seguir bajando, pero no me atrevo. Trago saliva mientras contemplo el pasillo, mientras que los de arriban eran de mármol, esplendorosos y brillantes, este es cerrado y de madera, lo contrario al anterior, la estructura es más añeja.

Las luces están apagadas, solo se ve una titilar al final del pasillo y una puerta, malditas puertas que me llenan de curiosidad cada vez que las veo, temiendo a ser vista camino hasta ella intentando no hacer mucho ruido, pero la madera cruje bajo mis pies, joder que difícil que es caminar en esto. Cundo uno menos quiere hacer ruido, todo lo contrario, sucede, la madera vieja se queja y me delata conforme avanzo, ni siquiera caminando de punta de pie puedo ser sigilosa.

Abro la puerta temerosa y asomo la cabeza para toparme con una extraña y añeja oficina, ¿Qué hace una oficina en este lugar? La chimenea está prendida, las personas que habitan el palacio son todos vampiros, no he visto a ningún humano por aquí o algún niño que pase por lo que yo, a los vampiros les encanta simular ser personas normales incluso cuando no hay humanos cerca.

Oigo voces provenientes del pasillo, doy una pequeña vuelta por el lugar y encuentro otra puerta, perfecto entraré allí y me esconderé hasta que esas personas se vayan. Para mí buena fortuna la puerta no está cerrada con llave, al abrirla me encuentro con una enorme biblioteca, ordenada y bien cuidada. Los libros son enormes, hay una escalera que me lleva hacia abajo donde puedo ver desde la baranda un gran sofá y otra chimenea, esta sin prender, hay incluso varios pisos por encima de mí.

Las voces en la sala parecen dirigirse a la biblioteca, mierda, ¿Por qué soy tan mala eligiendo lugares para esconderme? Por ese simple hecho detestaba jugar a las escondidas, me ponía tan nerviosa que no sabía dónde meterme. Corro tras uno de los estantes en cuanto la puerta se abre e intento no hacer ruido alguno, ni siquiera respirar, los vampiros escuchan hasta el mísero latido desenfrenado del corazón humano.

Hay un pequeño problema, yo no soy humana, solo soy una vampira dormida. Me pregunto si en esta biblioteca habrá información acerca del por qué necesitamos morir para despertar como vampiros, es algo que se ha visto en varias ocasiones incluso recuerdo haberlo leído en Drácula de Bram Stocker. El vampiro le daba su mordisco fatídico y luego lo bautizaba con su sangre para convertir al humano en uno de nosotros, Angelique ha sido la única que a pesar de morder ella convertía a los vampiros en dos tipos: impuros o puros.



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En el texto hay: vampiros, romance, drama

Editado: 04.04.2023

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