El designio de Amalia

25. Recuerdos.

Es difícil de entender cuando llegas a la edad de once años que tu propia madre jamás te ha amado, pero es algo con lo que uno debe de crecer, se ve obligado a acostumbrarse; y ese había sido mi caso.

Desde mi nacimiento, mi madre nunca me ha querido, me ha rechazado por completo y hasta intentó asesinarme a causa de lo que duerme dentro de mí, de la horrenda criatura que llegaré a convertirme si la dejo escapar.

Mi padre jamás ha aceptado aquellas ideas locas de Amadora y Odette, decidió protegerme, cuidarme y amarme hasta que tuviera la edad adecuada para valerme por mis propios medios, sin embargo, siempre he sido su niña, su más grande adoración. Me mantuvo encerrada en el palacio toda mi vida, más de ciento noventa años aislada de todos, hasta que, por su propia decisión se me permitió acudir a un internado donde estudiaría.

El rey Maximillian había tenido muchas pérdidas a lo largo de sus trescientos años en la tierra, estaba cansado mas no deprimido, los años caían sobre sus hombros y comenzaban a pesarle, pero un poco de luz a su oscuridad nació aquel veintidós de agosto en el cual nací.

Maximillian no dejaría que otro niño "especial" muriera a manos de los sabios del consejo, y mucho menos su única hija mujer. Este era el karma que perseguía a la familia Némésie desde la muerte de Angelique, él pensaba que esta vez no sería como las demás: y no se equivocaba.

Mi infancia fue dura, a pesar de quererlo, mi padre no siempre podía acompañarme; después de todo es un rey y como tal tiene sus responsabilidades. Odette me ha educado a regañadientes, la ha obligado a hacerlo; su educación no fue nada buena, los castigos que mi madre me daban eran crueles para una niña de mi edad.

Por suerte Rosette estaba allí para cuidarme y amarme como a una hija más. Desde que tengo uso de razón, la dama de compañía de mi madre me ha alistado, llevado a mis respectivas actividades y cuidado en sus tiempos libres mientras Odette halagaba a su hijo mayor, Alexander.

Los días eran lentos, aburridos y oscuros en mi vida, lujos por todos lados, cantidad de juguetes y personas a mi disposición para complacer mis deseos, pero nada de afecto de parte de mi madre, a tan corta edad comprendí que algo me faltaba en la vida, estaba a falta de amor y amistades. Nunca había salido del palacio, jamás había conocido a un niño de mi edad.

Solía sentarme a tocar el violín en la fuente del palacio, sola sin nadie a mi lado, solía mirar por la ventana de mi habitación las estrellas mientras leía obras recientes en el mundo humano, también sola, sin nadie a quien leerle estas historias, los años iban pasando y yo no cambiaba en lo absoluto.

Y así fue como él llegó a mi vida, un día, de la nada, Rosetta lo trajo para que fuera mi amigo, me encontró tocando el violín, aún eramos pequeños, Rosetta pintó el momento en el que nos conocimos, dos niños inocentes buscando hacer amigos, dos niños condenados a un designio doloroso entrelazando sus vidas por pura casualidad.

Xavier se había vuelto, sin notarlo, mi escapatoria a mi soledad, conforme crecía a su lado, más lo conocía y más me fascinaba todo lo que él me contaba del mundo exterior. Al cumplir mis dieciocho años, mi padre me ordenó que debería tener un caballero, él quería elegirlo por mí, sin embargo, fui más rápida y propuse a Xavier Wolf antes que cualquier otra persona, con dudas de mi decisión decidió aceptarlo y fue así como nosotros hicimos un pacto.

Un pacto de sangre que perdurará hasta el día de nuestra muerte. Nuestras sangres se mezclaron, Xavier bebió de mi y yo bebí de él, nos unimos por algo más que un simple lazo de sangre, él era mío y yo de él, me había jurado fidelidad y protección para toda la eternidad.

Fue mi primer amigo y el único que he tenido hasta la llegada de Celeste por el año mil novecientos cuarenta, donde la cazadora de vampiros se integraba a mi vida como una nueva guardaespaldas de la princesa, bastante desastrosa y torpe, apenas sabía disparar su arma y temía de cualquier vampiro que la mirase mal. Pronto aprendí a sonreír gracias a esas dos personas especiales que siempre tenía tras de mí, aprendí a amar y aprendí lo que significaba no estar sola.

Sin embargo, durante el invierno de mil novecientos cuarenta a tan solo meses de haber conocido a Celeste, me había percatado de que algo estaba mal conmigo, en ese entonces lo supe con facilidad: mi cuerpo quería despertar, los recuerdos de Angelique que poseía estaban intentando que yo despertara. Rápidamente Rosetta selló los recuerdos de Angelique llevándose consigo muchos recuerdos preciados de mi memoria. Pero esta no fue la única vez en la que mi cuerpo intentó despertar, hubo muchas otras, de las cuales, el veterano de mil novecientos cincuenta y seis es la más destacable, allí pude observar en carne propia un recuerdo de Angelique como nunca antes lo había presenciado y, esto llevo a que intentara quitarme la vida para completar mi despertar, comprendí en ese entonces que era estúpido escapar de mi designio, si despertar como una vampiresa era mi destino, ¿Por qué evadirlo de esta forma?

El día antes de que esa noche tan desastrosa y terrible llegará, me llevó a un punto donde simplemente estalle y deje escapar todo el odio que se escondía en mi interior, fue cuando ella se dio cuenta del pequeño monstruo que estaba criando.

Mi madre me acusaba de haberle roto uno de sus tan lujos vestidos bordados con hilos de oro y decorados con diamantes, me golpeó con tal fuerza que los huesos crujieron, fue la primera vez en la cual ella se hizo dar a conocer, la persona que duerme en mi interior solo que... algo raro sucedía, no la sentía como ahora, éramos una sola.

Mi reacción fue tal que espantó a la reina, le rompí un brazo e incluso llegué a morderla, es imposible con los colmillos poco desarrollados que tenía para esa ese entonces, pero logré hacerlo. Los guardias tuvieron que separarnos, sin embargo, salieron heridos. Según las palabras de Rosette mis ojos rojos delataban a la criatura que estaba frente a ellos, una criatura cruel y sanguinaria, todo lo contrario, a la niña que ella había criado, su mayor miedo era que terminara por convertirme en esa mujer.



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En el texto hay: vampiros, romance, drama

Editado: 04.04.2023

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