El designio de Amalia

28. El cumpleaños de la princesa

¿Cuánto una persona puede soportar? ¿Hasta cuándo tendrá que seguir sufriendo? No puedo tolerarlo, él se ha quebrado, ha llorado sobre mi pecho como nunca antes lo ha hecho, por un momento todo el dolor que Xavier sentía se ha transmitido a mí, pude sentir lo que él.

Por su hermosa sonrisa, por su felicidad creo que tengo una propuesta que podría interesarle a Gabriel; deseo ver a Xavier feliz, deseo ver a los humanos protegidos y deseo, sobre todas las cosas, este mundo nuevo en donde nadie tenga que sufrir injusticias.

El día en el palacio ha pasado lento, nadie ha podido dormir, mucho menos seguir con los preparativos para esta noche, la tristeza y el dolor han de sentirse conforme paseo por los pasillos, la pérdida de un vampiro puro se padece, siendo tan pocos... cada vez estamos más cerca de la extinción, cada vez somos menos y la importancia de seguir con el linaje es mi responsabilidad.

Me siento responsable por la muerte de Ethan y me lo recuerdan constantemente con las miradas acusadoras, ¿Es que acaso no se ponen en mi lugar? ¿Qué habrían hecho ellos, sabiendo que pueden sanar o matar a su amigo? Había que arriesgarse, intentarlo, sabiendo las consecuencias que esto tendría.

No logro comprender como es que esto salió mal, incluso si Fabrice me repite constantemente que mi sangre debía de estar preparada siento que algo no encaja. Llevo la sangre del linaje de Angelique corriendo por mis venas al igual que mis hermanos, pero, según tengo entendido, mi sangre es diferente puesto a que puedo convertir vampiros, ¿Y si realmente no es mi sangre la que debe de ser usada para el antídoto?

Todo es posible más no probable, a espaldas de Xavier hemos quedado en usar un poco de mi sangre para así encontrar el antídoto, teniendo sumo cuidado de lo que vayamos a descubrir en el transcurso de esa investigación, no queremos generar más desgracias de las cuales ya estamos padeciendo.

Por otro lado, no sé cómo sentirme al respecto con esta muerte tan inesperada, imprevista para mí. Todo sucedió tan rápido, eso no justifica lo casi insensible que me siento, solo la culpa de hacer padecer a Xavier tanto dolor es capaz de quitarme el temor a haberme convertido en alguien incapaz de sentir el dolor de una perdida tan importante. No he llorado, tampoco puedo hacerlo, no hay remordimiento en mi interior por no ayudarlo como correspondía, mucho menos siento pena por su familia: solo la siento por Xavier.

Lo demás no importa, él dejó de importarme al igual que todos a mi alrededor, si alguien saliera herido por mi culpa no haría nada para disculparme. Recuerdo con sumo detalle la muerte de Yves, recuerdo cuanto lloré su perdida y también lo jodidamente loca que me volví, no era capaz de distinguir el bien del mal, tampoco suponía que habría problema con ello, estaba siendo influenciada por la rabia y el dolor hasta tal punto de enloquecer.

Me pregunto si estaré pasando por lo mismo, si estaré enloqueciendo como aquella vez, no obstante, sé que eso fue provocado a causa de mi duelo, tiempo después Rosetta jugó con mi mente y borro mis recuerdos, eso provocó algo en mi interior para que dejara de ser quien era en realidad: una niña de pocas palabras y poco sociable, una niña vacía la cual solo mostraba su sonrisa cuando el pelirrojo estaba cerca. Y ahora esa niña está volviendo, lentamente se apodera de mí y me vuelve alguien incapaz de padecer otro duelo, incapaz de disculparme por mis pecados, por mi propio bienestar me siento capaz de lastimar a cualquier persona, salvo Xavier.

Abel tuvo que recordarme entonces dar mi "sinceros" pésame a la familia de Ethan, tuve que fingir tristeza y dolor por su muerte, pero mi hermano menor se ha dado cuenta de cuan falsas fueron mis palabras y cuan desinteresados se mostraban mis ojos.

No he visto a Xavier, tampoco a Celeste, he vagado sin rumbo alguno por el palacio, recorrido los pasillos hasta perderme dentro, aún sigo en camisón y desalineada, de vez en cuando algún sirviente impuro pasa por mi lado ocupado con los preparativos de esta noche. Joder, esta maldita noche, la condenada noche de mi cumpleaños donde mi padre me "presentará a la sociedad vampírica", ni en loca quiero ser presentada ante ellos, mucho menos, volver a encontrarme con los estúpidos príncipes de los demás clanes.

Solo los he visto una vez en mi vida, pero, esa única vez bastó lo suficiente para que los odiara, no hay persona en el mundo más egocéntrica ni orgullosa que el príncipe de Europa, y ni hablar del príncipe de Asia, recuerdo su maldito carácter lujurioso y libidinoso con las sirvientas. Bah, admito que no soporto a ninguno, ni a ellos, ni a sus hermanos y familiares, simplemente tienen ese no sé qué, el cual provoca nauseas.

Cosas de vampiros, tal vez.

Caminando, divagando y perdida en el mar de mis pensamientos llego a la extraña biblioteca de la otra vez, me resulta curiosa, tiene libros más viejos que mi padre, y eso que ya tiene sus años el rey de los vampiros.

Mientras paseo lentamente por los libreros diviso en la planta baja a aquella vampira de melena blanquecina bebiendo una copa de sangre y disfrutando de la lectura junto al fuego; si no fuera por sus rojizos ojos, su pálida y perfecta piel e incluso su cabello blanco, esa escena sería encantadora, más allá de esos detalles, Red es realmente hermosa.

A su lado se encuentra Gabriel, cruzado de brazos observando algún punto muerto del techo realmente aburrido, ¿Acaso mi madre no le ha dado nuevas órdenes al traidor? Tampoco parece afectarle en lo más mínimo la muerte de Ethan, incluso admito que lo veo normal, como de costumbre. Bien parece que su amistad solo fue fingida, por conveniencia propia.

Y aquí tenemos el claro ejemplo que no soy la única en fingir cosas que no siente: todos tenemos una máscara la cual oculta nuestra verdadera naturaleza, nadie es lo que aparenta ser. Por ende, nunca debes de confiar en un vampiro, ni ellos confían de los suyos.



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En el texto hay: vampiros, romance, drama

Editado: 04.04.2023

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