La brisa corría fría en medio de un callejón derruido, escondido en un lugar remoto y completamente apartado del mapa. En ese sitio desolado, Daiki Morimoto y Yuzu Inada rodeaban a Shiori Kamijou, quien cruzaba los brazos con una evidente expresión de desconfianza. Daiki gesticulaba con entusiasmo, intentando convencerla a toda costa.
—¡Escucha, Shiori! ¡Tienes que unirte a la Asociación de una vez, va a ser genial! —le dijo Daiki con una sonrisa desesperada—. Si vienes con nosotros vas a estar súper protegida, ¡es más, te garantizo que no vas a morir! Eres buenísima y vas a ayudar a muchísimas personas, ¡así que di que sí, por favoooor! ¡¡¡Siiiiiiiiiiiiiii!!!.
Daiki juntó las manos implorando casi sin aliento, luciendo exactamente como un perrito pidiendo comida. Yuzu asentía con energía al lado de su compañero, reforzando la oferta con la cabeza. En ese momento, unos pasos pausados sonaron contra los escombros. Kento Shiba Líder del Grupo 1, avanzó hacia ellos con su habitual presencia tranquila y su imponente aura de líder, manteniendo las manos metidas en los bolsillos. Al llegar frente a los reclutadores, los interrumpió con una voz firme y calmada que congeló el ambiente:
—Dejen de mentirle —les ordenó Kento, mirando fijamente a la joven—. Va a ser completamente inútil si la obligan a unirse a nosotros. Al final, ella se dará cuenta de lo peligroso que es este trabajo, se convertirá en una carga para el escuadrón y terminará muriendo en el frente.
Mientras la conversación se ponía seria, oculto detrás de una columna de piedra carcomida por el tiempo, Hai Ryuden los observaba en silencio. El chico llevaba mucho tiempo espiándolos y siguiendo los movimientos de la Vanguardia de Hierro desde el completo anonimato. De hecho, Gaku Tanimoto otro integrante del Grupo 1,j ya se había percatado de su presencia desde hacía bastante tiempo; le había advertido varias veces al resto del grupo que alguien los vigilaba, pero Daiki y Yuzu simplemente lo ignoraron en su momento, diciéndole que estaba loco y que veía fantasmas.
Mientras Hai estaba oculto llego Gaku por su espalda diciéndole:
—Miren nada más a quién pillé husmeando en las esquinas —exclamó Gaku, cruzándose de brazos con un bufido de fastidio—. Dime de una vez qué demonios buscas aquí.
Hai tropezó un par de pasos hacia el frente, quedando completamente expuesto. Daiki y Yuzu se pusieron en guardia al instante, sorprendidos por la intrusión, mientras Kento mantenía la compostura. Hai, sintiendo la presión y rascándose la nuca con timidez y una evidente vergüenza por haber sido atrapado en el acto, empezó a excusarse rápidamente:
—Lo siento... No quería causar problemas. Es solo que vi cuando estos dos chicos se llevaron a la chica así de la nada. Me preocupé por ella y quería asegurarme de que no intentaran hacerle nada malo. Por eso los seguí.
Gaku entrecerró los ojos con profunda desconfianza. Se acercó un poco más a Hai, lo analizó minuciosamente de arriba abajo y, de repente, una mueca de triunfo apareció en su rostro al encajar todas las piezas en su cabeza.
—¿Con que eras tú? —le reclamó Gaku, señalándolo con molestia—. El infeliz que ha estado vigilándonos en secreto desde hace mucho tiempo... ¡Les dije que no era una maldita mentira! Lo sabía. Tu olor es exactamente el mismo de siempre.
Hai parpadeó un par de veces, completamente desconcertado por el comentario. Se llevó una mano al pecho y se olio la mano antes de mirar a Gaku con el ceño fruncido y un tono de indignación:
—¿Me estás diciendo que huelo mal? —le respondió Hai—. ¡Que sepas que yo huelo muy bien!
Al escuchar el careo, Kento intervino con una mirada de genuina curiosidad, clavando sus ojos en el intruso.
—¿En serio nos había estado espiando? —preguntó el líder.
Hai, al verse acorralado por la autoridad de Kento, suspiró hondo y admitió su culpa frente a todos:
—Sí... es verdad, los he estado espiando desde antes —confesó Hai, rascándose la mejilla—. Pero les juro que hoy los seguí únicamente porque vi cómo se llevaban a la chica así de repente. Yo jamás los había visto a ustedes dos patrullando por este sector y me asusté por ella.
Las palabras sinceras y un tanto torpes de Hai terminaron por romper la hostilidad del ambiente. Daiki y Yuzu relajaron los hombros, e incluso Shiori, al ver que alguien se había arriesgado en ese sitio tan apartado únicamente para vigilar su seguridad, sintió una profunda gratitud y afecto hacia Hai. Pero la calma de ese lugar remoto duró muy poco.
¡BOOM!
Las paredes de piedra de los alrededores estallaron en mil pedazos, levantando una densa y sofocante cortina de polvo que nubló la visión del grupo. Entre la humareda, la Villana de Grado Calamidad entró levitando con una sonrisa sádica, desquiciada y llena de superioridad absoluta. Kento reaccionó en una fracción de segundo, ordenando la retirada para proteger a la nueva recluta. Al revisar rápidamente el perímetro en medio del caos, se dieron cuenta de algo terrible: Hai no estaba con ellos.
Al mirar hacia el fondo del callejón, vieron al chico atrapado brutalmente contra una pared de piedra. Hai estaba temblando de frustración, apretando los dientes mientras usaba cada gramo de su fuerza física para intentar resistir el brutal control mental y gravitatorio que la villana ejercía sobre él; no podía mover un solo músculo. La villana se burló de su debilidad con desprecio y, con un movimiento de su muñeca, desató una onda de choque telequinética masiva que agrietó el suelo, obligando a Kento y a Gaku a retroceder de golpe, atrapándolos en una pelea desesperada de dos contra uno.
En medio del intercambio de golpes, Kento Shiba se dio cuenta de que Hai estaba completamente acorralado bajo la presión de la enemiga. Sabiendo que el chico era solo un espectador inocente, el líder intentó negociar directamente con ella para ganar tiempo.