Mientras el cuerpo de Hai yace completamente sin vida en el suelo de ese lugar remoto, su mente se hunde en una oscuridad total y absoluta. Las últimas palabras de desprecio de la villana actúan como un detonante que abre las compuertas de sus peores traumas familiares, sumergiéndolo en un viaje a través de su doloroso pasado.
"Eres un inútil. Una desgracia para el linaje. Deberías aprender de tu hermana... ella es un verdadero prodigio de dragón. Tú eres solo ceniza. No sirves para nada".
"¿Crees que algún día pueda llegar a ser tan fuerte como tú?".
Hikari se voltea hacia él y, con una sonrisa cálida, dulce y sincera de hermana, le responde con suavidad:
"Sería divertido estar en la cima con alguien igual a mí... No te tardes mucho en alcanzarme, ¿vale?".
Esa pequeña frase y esa sonrisa se convirtieron en el único y verdadero motor de vida de Hai durante años.
"Deja de hacer esto. Eres un estorbo. Eres un inútil y nunca vas a llegar a ser como yo, así que ríndete. Si sigues metiéndote en el campo de batalla, lo único que conseguirás es que te sigan matando... y solo pondrás en ridículo al clan".
En medio de la negrura de su mente, tras revivir el desprecio de su hermana, algo se quiebra definitivamente dentro de Hai. El dolor se transforma en una fuerza distinta. En lo profundo de su conciencia, recuerda otra voz, una promesa interna grabada a fuego que se niega a morir:
"Aunque seas un inútil no puedes dejar que otra persona te pisotee. Eres del clan y tienes que dejarlo en claro, aunque seas un bueno para nada".
El fondo negro de su mente se tiñe de un rojo violento y ardiente. Una furia ciega e incontrolable lo invade por completo al procesar lo que, para él, es la peor de las traiciones por parte de su hermana. Toda la frustración acumulada durante años se concentra en una sola palabra. Su mente empieza a repetirla una y otra vez, con un odio puro y ensordecedor dirigido hacia su hermana:
"Mentirosa... Mentirosa... ¡MENTIROSA!".
El último destello que cruza por su mente es el recuerdo de la sonrisa de su hermana cuando le dijo aquellas palabras del pasado:
"No te tardes mucho en alcanzarme, ¿vale?".
Ese contraste entre la dulzura de la infancia y la crueldad del presente es lo que rompe sus cadenas.