Antes de salir al campo de batalla, el equipo se reúne en el área de entrenamiento privada de la División Vanguardia de Hierro. Kento Shiba y Gaku Tanimoto están expectantes, esperando ver otra vez ese poder escalofriante y esa presencia abrumadora que el chico liberó durante su resurrección en aquel lugar remoto. Daiki Morimoto y Yuzu Inada se asoman por encima de sus hombros con los ojos abiertos como platos, dándose codazos mutuos llenos de curiosidad.
Hai Ryuden da un paso al frente, respira hondo, pone cara de concentración absoluta y estira la mano con fuerza hacia un enorme bloque de concreto, intentando canalizar alguna energía. El aire se tensa por la expectativa. Pasan dos segundos... tres segundos... y no pasa absolutamente nada. Una ligera brisa despeina el cabello de Hai mientras una gota de sudor frío le resbala por la nuca.
Kento parpadea despacio, sobándose las sienes con evidente cansancio. Daiki y Yuzu se quedan rígidos con las bocas abiertas, tropiezan entre ellos y se caen de espaldas de forma idéntica, con las piernas pataleando en el aire en un fiasco total. Gaku, por su parte, se cruza de brazos, muerde un palillo de dientes y suelta un bufido exasperado, rodando los ojos con fastidio mientras le da un golpe seco en la nuca a Daiki para que se levante del suelo. Resulta que ese masivo despliegue de poder sobrenatural fue solo un desliz temporal, un milagro de una sola vez.
Al ver que no puede liberar nada, Hai se disculpa rascándose la nuca avergonzado, pero Kento no se decepciona. Al probarlo inmediatamente en combate cuerpo a cuerpo, descubren que Hai posee unas técnicas físicas impecables y pulidas al extremo. Había entrenado en secreto de forma obsesiva durante años, rompiéndose los huesos solo para conseguir que su familia lo mirara bien por una vez; en ese tiempo memorizó y adaptó las artes marciales ancestrales de su clan, pero usándolas de forma puramente física y cruda. Aunque no tiene magia vistosa, sus reflejos y movimientos a corta distancia son de élite. Viendo su agilidad y su naturaleza protectora, Kento toma la decisión de que Hai sea el encargado directo de proteger a Shiori Kamijou durante las misiones, asegurándose de que nadie la tome por sorpresa mientras ella despliega su gran potencial.
Horas después, el escuadrón es desplegado en su primera misión en una zona urbana invadida por oleadas de villanos de Grado Calamidad. La batalla estalla de inmediato en un caos de explosiones y proyectiles. Daiki y Yuzu avanzan al frente compitiendo a gritos por quién derrota a más enemigos. Yuzu materializa un arco pesado y luego un par de dagas gemelas en destellos de luz, moviéndose con una fuerza y velocidad sobrehumanas mientras ejecuta cortes perfectos. A su lado, Daiki desenvaina su katana, corta el aire con precisión, cambia en un parpadeo a un lazo reforzado para derribar a tres enemigos a la vez y remata el suelo destrozándolo con un hacha de combate. Gaku avanza detrás de ellos, quejándose a viva voz de que sus compañeros son insoportables; cuando un grupo de villanos intenta emboscarlos por los flancos, Gaku simplemente sonríe con arrogancia y, demostrando una fuerza física que supera por completo la del resto del grupo, destroza el pavimento de un puñetazo y embiste a los enemigos usando los escombros como ariete, aplastándolos con pura potencia muscular.
Mientras tanto, Kento camina con calma en el centro del caos. Cuando un camión blindado avanza para atropellarlos, Kento extiende la mano: manipula las leyes de la física, altera la densidad y deforma el metal del vehículo como si fuera plastilina, obligándolo a doblarse sobre sí mismo y estrellarse de lado debido al drástico cambio en su gravedad.
Shiori da un paso al frente para canalizar su poder de niebla, convirtiéndose en el blanco principal de los enemigos restantes. Un enorme villano con superfuerza surge de los escombros y se lanza contra ella con un mazo de metal. En un parpadeo, Hai aparece bloqueando el trayecto: usa el estilo físico de su clan, interceptando el golpe al desviar el mazo con un movimiento perfecto de sus palmas, gira sobre su propio eje y conecta una patada giratoria ascendente con una fuerza destructiva tremenda que fractura la mandíbula del atacante, mandándolo a volar contra una pared.
Hai demuestra que es increíblemente bueno. Se mueve por el campo de batalla como un escudo viviente, indetectable y letal. Mientras Shiori desata sus ráfagas de niebla para cegar y diezmar a los enemigos a distancia, dos tiradores ocultos en un tejado le apuntan a la cabeza. Hai percibe la trayectoria, taclea suavemente a Shiori para quitarla de la línea de fuego, ruedan juntos por el suelo y, usando el impulso, Hai salta hacia la pared, rebota en ella y noquea a los tiradores de un solo impacto antes de que puedan reaccionar. Al levantarse, le extiende la mano a Shiori con una sonrisa tranquila, consolidando en medio del fuego una amistad y una confianza inquebrantables.
Mientras esta feroz batalla ocurre en el frente, la noticia de la aceptación de la Asociación llega al milenario y sagrado templo del Clan Ryuden. Al enterarse de la insólita decisión que tomó el consejo a espaldas de la familia, los parientes y los ancianos se reúnen de emergencia y empiezan a debatir acaloradamente, clamando indignados en voz alta por lo que consideran una completa deshonra para el linaje.
De repente, una voz profunda y aplastante silencia toda la sala. El líder del clan y padre de Hai, Majaryu, interviene con un desprecio absoluto que hiela la sangre de los presentes:
—Cállense —brama Majaryu con frialdad—. Él es un inútil, ¿de qué se asustan? Si lo matan en la vanguardia, sería un peso menos para el clan. Con los logros que Hikari obtendrá en una semana, la sociedad dejará de hablar de él. Así que déjenlo. Quiero ver con mis propios ojos cómo queda hundido en el abismo al darse cuenta de que no sirve para nada.