El despertar de la magia

Dos

Despertarse después de una mala noche era tedioso. Pero despertarse luego de haber dormido con suerte unos minutos en la tierra y con un frio infernal, era más allá de lo molesto. Nunca había sido alguien que tuviera muchos lujos, pero vivir en una pequeña casa con ocho personas más facilitaba bastante pasar los fríos intensos. Sin embargo, aquello no se asemejaba para nada a su situación actual.

En el instante en el que abrió los ojos fue capaz de ver el vaho que se formaba al exhalar, sentía sus extremidades escasamente adormecidas. Se acercó un poco a Rubí para desatarla del árbol en donde la había enganchado y se apoyó en el para incorporarse con suavidad. El sol se filtraba a través de la copa de los árboles, pero no disminuía el frio.

Acomodo con parsimonia la manta delante de la montura y, pisando la parte más alta de la raíz del árbol, puso un pie en el estribo y se impulsó para pasar una pierna por encima. Una vez que se hubo acomodado, se fijó en la brújula que le había obsequiado Eda solo para asegurarse de ir en la dirección correcta. Hacia el Este, perfecto.

Nunca había hecho un viaje tan largo, ni sola. Dio por seguro que no podría ir tan rápido como ella quería, ya que cada vez que la yegua aumentaba la velocidad Acacia se estremecía por el viento helado que la azotaba y volvía a ordenarle a Rubí que aligerara el paso; a la cuarta vez se dio por vencida.

Si el clima seguía así, tardaría más tiempo de lo previsto en llegar a Canterbury.

Para el mediodía estaba disfrutando de un viento un poco menos frio cuando el sol llego a su punto más alto, con bastante entusiasmo tiro de las riendas para acelerar el paso y un poco después del atardecer pudo divisar un pueblo.

Sintiendo sus brazos adormecerse decidió echarse por encima de sus hombros la manta y se quedó y le ordeno a Rubí que se detuviera. Ya estaba anocheciendo.

No planeaba acercarse al pueblo, no mientras estuvieran despiertos. Haría lo mismo que en Sussex. Cuando sea lo suficientemente tarde se acercaría solo para abastecerse de comida y conseguir un poco de vino; si aquel pueblo funcionaba como el suyo, entonces era por seguro que debían tener baldes a rebosar.

Durante años las personas influyentes en su hogar mantuvieron una rutina en la que los hombres realizaban un viaje corto durante el amanecer y el atardecer hasta el rio más cercano para conseguir agua, sobre todo en los días de más calor.

Con la esperanza de poder sentir sus extremidades bajo de un salto y sosteniendo las riendas comenzó a caminar a un paso horriblemente lento, podía sentir un molesto cosquilleo a medida que se esforzaba más y más.

Si tan solo no se sintiera tan mal podría hacer el viaje un poco más placentero con sus poderes.

Con Rubí caminando a su lado, se agacho a recoger cada rama que veía a su paso para crear una pequeña fogata. Estaba dispuesta a mantener a ambas lo más caliente posible esta vez; necesitaban descansar. Con suerte el siguiente día tendría un clima mejor para avanzar más rápido.

Esta vez se aseguraría de conseguir comida suficiente para no tener que parar en otro pueblo por el resto de viaje; después de todo solo estaba tardando por el mal temporal, si no fuera por eso, ya habría cubierto más territorio.

Al anochecer, cuando estuvo segura de que nadie estaba despierto y solo pudo ver apenas un par de antorchas encendidas, ato a Rubí a la rama que parecía más resistente en un árbol cercano y fue, con tanta tranquilidad como le era posible, hasta la primera casa que le parecía adinerada.

Si bien tenía la esperanza de que todos allí estuvieran ya durmiendo, no quería arriesgarse a que alguien la viera corriendo por ahí; no cuando tenía provisiones que conseguir y rogar que robar aquellas cosas le sirviera para fortalecerse lo suficiente.

Durante los siguientes minutos estuvo caminando entre el pastizal desproporcionado echando un vistazo a su alrededor por momentos.

Le gustaba pensar que era una chica fuerte y capaz; y con el tiempo había aprendido a mostrarse como si lo fuera. Eran sus actitudes las que habían impulsado a Walden y Ricker-uno de sus hermanos- a alagarla en varias ocasiones; sin embargo, ella atribuía esas acciones como parte de un mal carácter que surgía por cualquier emoción lo suficientemente fuerte. Ya sea temor, preocupación, injusticia, enojo

Lo cierto es que estar sola de noche en un lugar que no conocía en absoluto, la aterraba.

Casi grita del susto cuando vio una antorcha moverse y con rapidez se agacho lo más que pudo intentando que quien fuere la persona que salió, no la haya notado.

Pudo distinguir la silueta de un joven caminando entre pequeñas casas, parecía estar apenas vestido. Con la curiosidad picando dentro de ella, camino con sigilo aun agachada para acercarse aún más y, teniendo la intención de una vista mejor, avivo el fuego de la antorcha tan disimuladamente que fue casi imperceptible. Pero gracias a eso pudo vislumbrar el rostro del chico.

Desvió su atención cuando se percató de que el muchacho se detenía al estar frente a la ventana de una gran casa.

¿Él estaba…?

Abrió la ventana y entro de un salto.

Por supuesto que sí. Él estaba robando. Eso no se lo esperaba en absoluto.

Aun sorprendida y un poco indignada, observo el pueblo tanto como podía con la oscuridad; no se había dado cuenta lo pobre que era, estaba en ruinas. Todo excepto dos hogares, uno de ellos era la casa en la que entro aquel muchacho.

Claro que estaba robando, era pobre, de seguro apenas podían comer en ese lugar. Un ardor se hizo presente en su pecho por el coraje que sentía, estaba apretando sus puños tan fuerte que podía sentir sus uñas clavarse en su piel.

Antes de que incluso se diera cuenta, una ráfaga viento comenzó a arremolinarse a su alrededor, tan impetuoso que lograba arrancar hierbas a su alrededor. Estaba perdiendo el control.



#656 en Fantasía
#116 en Magia

En el texto hay: romance, brujas, gemelasmagia

Editado: 20.02.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.