El Despertar de la Runa

CAPÍTULO 6

Kael

Kael cerró los ojos y presionó la yema de sus dedos contra las sienes, intentando contener la punzada de dolor que le dividía el cráneo.

A sus veintidós años, se suponía que debía ser el estándar inquebrantable de la Academia Aethelia; el heredero al trono que daba el ejemplo perfecto a las grandes casas nobles. Pero en las últimas tres semanas, su realidad se había convertido en una prisión de autocontrol. Su magia elemental, la más pura y formidable de la Casa Aureum, estaba congelada. El flujo de energía se sentía hostil, bloqueado por una inestabilidad interna que amenazaba con desgarrarlo cada vez que intentaba canalizar una simple corriente de viento.

Si el consejo de ministros o los lores de la Casa Ignis descubrían que el futuro rey estaba perdiendo el control de su poder justo antes de la graduación, usarían su debilidad para retrasar la coronación.

Tenía que ser el mejor. O al menos, fingirlo de forma impecable.

—La primera ronda de aspirantes ha terminado, mi señor —anunció Jaron, su mentor y consejero, entrando al observatorio subterráneo—. Ningún talento destacable en la Rama Elemental este año. Solo nobles engreídos con chispas predecibles.

Kael no respondió. Se mantuvo de pie tras el vidrio unidireccional del balcón oculto, observando el piso inferior. Desde allí arriba, en las sombras, tenía una vista perfecta de la cuarta prueba: la Medición del Núcleo. Abajo, el enorme cristal negro reposaba sobre su pedestal, juzgando a los nuevos estudiantes.

—Nivel 4 —anunció la voz del examinador abajo, y Kael vio a un chico de la Casa Veridis retirarse con una sonrisa de suficiencia.

—Banal —murmuró Kael, cruzándose de brazos, sintiendo el metal frío de su catalizador de plata contra su túnica dorada—. Todo este sistema de medición es una pérdida de tiempo. Esclavo de las etiquetas.

—Es lo que mantiene el orden en el reino, Kael —le recordó Jaron con suavidad.

Entonces, una chica de cabello Café, vestida con una túnica gris gastada que delataba su origen humilde, dio un paso al frente hacia el pedestal. Kael la observó con indiferencia. Había estado atento a los informes de las pruebas anteriores; la chica venía de las provincias bajas, había sacado un cero absoluto en afinidad elemental y control, aunque sus exámenes teóricos de estructuras y runas habían rozado la perfección. Un cerebrito sin chispas. Alguien insignificante.

La joven respiró hondo y apoyó la palma de la mano sobre la superficie pulida del cristal negro.

Lo que ocurrió a continuación hizo que el mundo de Kael se detuviera.

El artefacto parpadeó perezosamente en un Nivel 3, pero un milisegundo después, una onda de choque invisible golpeó el observatorio subterráneo. Las runas doradas del suelo estallaron en una violencia cegadora.

Kael se tambaleó hacia el frente, apoyando ambas manos contra el vidrio del balcón. Su corazón dio un vuelco salvaje. No era por el asombro visual; era por lo que estaba ocurriendo dentro de su propio cuerpo.

Su magia elemental, congelada y muda durante semanas, se despertó de golpe. Respondió a la presencia de la chica con un calor abrasador, un latido violento que le recorrió las venas como fuego líquido. Sintió un tirón doloroso y extrañamente familiar en el centro de su pecho, un eco en la sangre que lo dejó sin aliento.

—¿Qué... qué es esto? —balbuceó Jaron a su lado, sosteniéndose de la mesa mientras el suelo temblaba—. ¡El cristal está registrando un Nivel 8! ¡Se está agrietando!

Abajo, el pánico se desató entre los instructores. "¡Detengan la prueba! ¡Aléjenla del artefacto!", gritaron. La chica retiró la mano de golpe, luciendo asustada pero manteniendo una extraña y admirable dignidad en la postura, mirando la grieta del cristal sin encogerse.

El temblor del suelo cesó poco a poco, pero el eco de aquella explosión mágica seguía vibrando en las paredes del observatorio.

Kael apartó la vista del patio de admisión con la mandíbula tensa. La desconocida de nivel ocho acababa de romper un artefacto que llevaba siglos funcionando sin fallos. Aquello ya era un problema por sí solo.

Pero apenas tuvo tiempo de procesarlo.

La puerta del observatorio se abrió de golpe.

Un mensajero de la Guardia Real irrumpió en la sala, jadeando. Su uniforme estaba cubierto por polvo del camino y manchas de barro seco. Sin perder un segundo, cayó de rodillas.

—¡Alteza!

Sostenía un pergamino sellado con cera negra.

—Ha llegado el informe confidencial de las Tierras Lejanas.

El aire pareció enfriarse.

Kael tomó el documento.Reconoció el sello incluso antes de romperlo.

Los exploradores fronterizos.

Los mejores hombres del reino.

Si enviaban informes marcados con cera negra, era porque la situación había superado todos los protocolos normales.

Desplegó el pergamino.

Sus ojos recorrieron las líneas escritas con urgencia.

Una vez.Dos veces.Luego una tercera.

Sintió cómo un peso invisible se asentaba sobre sus hombros.

Las bajas registradas durante las últimas semanas presentaban los mismos síntomas:

necrosis mágica.

Corrupción del núcleo.

Marcas parasitarias.

La sangre se le heló.

Magia negra.

No eran accidentes.

No eran criaturas salvajes.

No eran simples incursiones fronterizas.

Alguien estaba utilizando artes oscuras.

Y estaba ocurriendo dentro de los límites del reino.

—Por los Fundadores... —murmuró Jaron.

El mentor observó el informe desde su posición y palideció.

Kael cerró lentamente el pergamino.

La anomalía de la chica.

La frontera.

Su propia magia inestable.

Demasiados problemas acumulándose al mismo tiempo.

Y cada uno parecía más peligroso que el anterior.

Necesitaba respuestas.

Necesitaba consejo.

Necesitaba a la única persona en quien confiaba lo suficiente como para mostrar sus dudas.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.