El Despertar del Alfa

Mild Skog

—¡¿Por qué yo?! Porque no puede ser Eira…

Los gritos se podían escuchar desde el bosque, la rabia de Saga podía cortar a quien se pusiera enfrente.

—Eira no puede ser la prometida del alfa de Mork Skog —sentencio su madre harta de escucharla.

—¿Por qué? Por ser una loba débil…

—¡Saga!

—Es la verdad, la consideras tanto por su debilidad. Yo no quiero casarme con ese alfa —dijo azotando sus manos contra la mesa.

—Eira está enferma… No podemos perder esta oportunidad, un lazo con una manada poderosa que nos dé tiempo para que tu hermano asuma su responsabilidad como alfa de estas tierras.

—¡No voy a casarme con él! —exclamo apretando la mandíbula con fuerza.

—¡Es por el bien de la manada! —recrimino Yvaine.

—¿Quién piensa en mí?, no nací para ser la esposa de ningún alfa, soy heredera de Mild Skog, no me someteré.

—Deja el egoísmo de lado y piensa por el bien de todos.

—¡Que lo haga Eira!, a ella no le espera ningún futuro… si vive más años será solo un regalo, que se case ella y que sea la esposa que ese alfa necesita, que se sacrifique por esta manada, que lo haga por nosotros, por ti… por papá que murió por su culpa —soltó con dolo.

Yvaine no toleró su discurso lleno de rencor hacia su hermana, una fuerte bofetada sacudió a Saga. La loba enardecida salió de la habitación sin percatarse que Eira estaba allí en un rincón escuchando todo mientras observaba el bosque.

—Eira que haces fuera de té habitación —regañó Yvana al salir tras Saga.

—Era muy difícil pasar por alto lo que estaba sucediendo, se escuchaba por toda la casa —dijo poniéndose de pie.

—Tu hermana está siendo caprichosa una vez más…

—Saga tiene razón, no es a ella a quien le toca cargar con esta responsabilidad.

—No hay nadie más, Eira. Tú no puedes ser la esposa de un alfa…

—¿Por qué estoy enferma, o por qué soy débil? — inquirió observándola a los ojos. Los ojos amatistas de su madre se suavizó.

Yvana sonrió ligeramente, su hija era hermosa, una belleza que cualquiera elegiría, pero que se opacaba por lo que ocultaba detrás, años de una enfermedad que la consumía poco a poco. La había hecho débil, se reclamaba en secreto, pero había hecho todo por mantenerla viva.

—Mork skog no es un lugar para ti, las fuertes heladas, esas tierras no son como Mild Skog, allí es solo oscuridad… además el alfa es… no es como tu padre —dijo dejando que el peso de tantos años sin él la desmoronara frente a su hija.

Yvana tomó asiento y Eira hizo lo mismo.

—Mamá, deja que tome el lugar de Saga.

—No…

—Mamá, tú misma lo has dicho solo es cuestión de tiempo para que Torin tome el lugar como alfa. Puedo soportarlo. Puedo ser la esposa perfecta para el alfa de Mork Skog el tiempo que sea necesario.

—Eira, no, no está en discusión, Saga hará lo mejor para la manada —dijo recomponiéndose para salir de allí.

—Papá me entendería, él mismo lo dijo tantas veces, todos en algún momento tendremos que sacrificarnos por el bien de la manada. Tú le exiges a Saga… pero a mí me haces un lado; porque crees que no soy capaz de hacer algo por la manada. Porque también piensas que soy débil.

Yvana no cedió a las palabras de Eira, aunque estuvieran cargadas de tanta verdad. Si la dejaba ir perdería a su hija, nadie la cuidaría como ella, y no sobreviviría en un lugar tan hostil.

Saga tenía carácter y fortaleza, siempre lo había demostrado, y tal vez se debía a la falta de atención por Yvana que se ha centrado tanto en Eira.

Una vez más Eira se sintió desplazada por su propia enfermedad. Su debilidad física, y la incapacidad que por tantos años le había impedido ser una loba más en su manada.

Y su madre al aferrarse a cuidarla con tanta devoción solamente la condeno a una vida de sufrimiento.

Para Eira su enfermedad no dolía tanto como el hecho de cargar con el estigma de que por su culpa su padre había muerto.

Sin embargo, Yvana no dejó que eso la derrumbara, ha luchado por el bien de su manada, y de sus hijos. Siempre añorando el momento en que Torin cumpla su papel de alfa. El momento correcto en que él vuelva a casa.

No obstante, Yvana sabe que no puede sostenerlo por más tiempo, necesita esa alianza, necesita de la hostilidad de Mork Skog…

Pero la negativa de Saga la deja en una posición incómoda.

El día pactado ha llegado y su hija no ha podido entrar en razón.

*-*-*-*-*-*

El atardecer tomó Mild Skog acompañado de nubes oscuras.

Eira permaneció durante horas en su habitación esperando una respuesta que nunca llegó. No necesitaba una. La ausencia de su madre decía suficiente.

Yvana no permitiría que fuera.

Saga, en cambio, había desaparecido.

Nadie sabía dónde estaba o al menos nadie quería decírselo.

Eira miró el vestido extendido sobre la cama.

Era gris perla.

Hermoso.

Demasiado elegante para Saga, que seguramente habría odiado cada bordado de plata alrededor del cuello.

El vestido que debía llevar la prometida del Alfa de Mork Skog.

Eira acarició la tela.

Una parte de ella todavía esperaba sentir miedo.

Lo sintió.

Solo que no era suficiente para detenerla.

Tomó el vestido.

—¿Qué estás haciendo? —Se escuchó la voz horrorizada de Yvana.

Eira siguió ajustándose el broche del abrigo.

Yvana estaba parada en la puerta de la habitación.

Su rostro había perdido todo el color.

—Preparándome.

—Quítate eso.

—La comitiva llegará antes del anochecer.

—Saga regresará.

—No.

—Eira…

—No regresará —dijo Eira con firmeza, la que su madre no se permitía sentir en ese momento, porque titubeaba su manada.

Yvana lo sabía.

Su silencio volvió a confirmarlo.

Saga había tomado una decisión.

Ahora Eira tomaría la suya.

—No permitiré esto.

—Entonces tendrás que explicarles por qué Mild Skog rompió el acuerdo el mismo día en que venían por la prometida.




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