El hermano del alfa pareció dudar un instante, lo que provocó que Eira contuviera el aire en sus pulmones. Sería un fracaso su plan, pero Saga no aceptaría ese matrimonio y su manada perecería. Ella no podía permitirlo.
—¿Podemos irnos ya? —cuestionó Eira con una sobriedad que no era común en ella; sin embargo, el momento lo ameritaba.
—Este no es el acuerdo. ¿Por qué ofrecer a su segunda hija teniendo una primogénita? —inquirió el hombre lobo.
—Eira… ella no estaba en condiciones de aceptar un compromiso.
—¿Qué ha cambiado ahora? —preguntó tajantemente el lobo.
—El alfa de Mork Skog merece una esposa adecuada. Mi hermana es muy joven, mi madre ha recapacitado y cree que soy la mejor opción —se apresuró a contestar Eira, creyendo que el plan se escapaba de sus manos.
—El viaje ha sido largo, mis hombres necesitan comer y refrescarse. Partiremos antes del amanecer —dijo el enviado de Mork Skog.
Eira sintió el nudo de su estómago soltarse. Había aceptado el cambio, estaba hecho, partiría con ellos.
—Pediré que se les atienda como merecen —dijo Yvana, señalando que la acompañaran.
Los hombres no se movieron hasta que él señaló que lo hicieran. Tenía un aura pesada, casi sofocante de una manera extraña.
Si él no hubiera negado ser el alfa, Eira podría jurar que lo era.
Eira regresó a su habitación casi corriendo, apartó de golpe la capa que se sentía como si cargara una tonelada, después se llevó las manos al vientre intentando respirar con calma. El miedo la golpeó, el peso de aquella decisión se hizo presente.
No había estado consciente de lo que estaba por hacer hasta ese momento. Era aterrador casarse con un hombre que no conocía, pero más aterrador le había parecido el hermano del alfa.
Si él había sido tan duro, tal vez le esperaba algo peor al llegar a Mork Skog.
No pasó mucho tiempo para que se corriera por todo Mild Skog que era Eira la que partiría con los hombres lobo.
—No pensé que lo harías —dijo Saga horas más tarde, saliendo de su escondite solo para verlo con sus propios ojos.
—No es que tuviéramos otra opción. Tú no aceptaste este matrimonio y la manada lo necesita —respondió Eira, observando el bosque desde la ventana de su habitación. Tal vez sería la última vez que lo haría.
—Mi madre debe estar furiosa conmigo…
—Con las dos —agregó Eira.
—Gracias, Eira —pronunció Saga.
Eira creyó que había escuchado mal. Era la primera vez que su hermana pronunciaba esas palabras.
Había habido guerra entre ellas desde que Saga comprendió las diferencias que su madre hacía por proteger a Eira. Saga podía ser egoísta, pero, aun así, no estaba ciega para saber que su hermana se sacrificaba por todos.
El amanecer estaba por llegar. Saga la dejó sola antes de que su madre pudiera descubrirla y cambiara todo el plan de Eira.
Yvana estaba tan dolida que no podía ver a Eira. Estaba furiosa, deseaba poder correr a aquellos hombres lobo, gritarle al hermano del alfa que se largara de sus tierras, que no necesitaban ninguna alianza, pero no podía y eso la enfurecía aún más.
Ragnar, su alfa… si tan solo él estuviera vivo. Pero ahora ella tenía que afrontarlo.
—Por favor, cuida de nuestra hija, ya que yo no puedo. Por favor, Diosa Luna, perdóname y protege a mi hija. Perdona mi falta, todo lo he hecho por ella —recitó entre los árboles de su manada con el nudo en la garganta, con los hombres lobo de Mork Skog acampando a pocos metros.
Cuando observó que estos se movían, corrió hacia la casa principal. El hermano del alfa era rígido, no iba a tardarse más tiempo allí.
Para su sorpresa, Eira estaba lista en la entrada principal. Yvana entró afligida y abrazó a su hija con fuerza.
—Perdóname, Eira.
—Mamá, estaré bien.
—Por favor…
—No lo hagas más difícil, mamá. Sabes que es por el bien de la manada, pronto Torin será el alfa.
Yvana quería creerle, deseaba hacerlo, pero el miedo era un velo duro de quitar.
Los hombres de Mork Skog preparaban todo, los caballos estaban listos, solo faltaba que Eira apareciera. Salió de la casa y observó alrededor. El hermano del alfa daba instrucciones a un par de hombres, luego dirigió su mirada hacia ella.
—¿Estás lista? —preguntó secamente.
—Creo que sí.
—Necesito que lo estés, es un camino difícil —dijo duramente.
—Lo estoy —contestó con seguridad fingida—. ¿Cuál es tu nombre?
—¿Importa?
—Me gustaría saber a quién le estoy entregando mi vida y mi seguridad. Parto a territorio desconocido y no sé a quién culpar si algo malo me sucede.
Él pareció meditar la respuesta.
—Darek…
—¿Solo Darek?
—Darek de Mork Skog —agregó secamente.
—Eira de Mild Skog, futura esposa del alfa de Mork Skog —se presentó educadamente.
—Sé quién eres…
—Únicamente te lo recuerdo.
Él pareció encontrar interesante su respuesta. Una ligera línea se formó en sus labios, pero desapareció inmediatamente cuando le entregó las riendas de un hermoso caballo blanco.
—Es ágil —dijo Darek en un tono que sonó como una orden, para después alejarse de ella.
Eira observó su hogar antes de partir, miró el inmenso paisaje, la calidez del bosque, las hojas danzando como si estuvieran despidiéndose de ella. Estaba hecho, había aceptado un matrimonio por el bien de su manada. Por lo menos era lo que ella quería creer.
Yvana esperó, siguió la figura de su hija; sus ojos se empañaron de lágrimas. La había protegido con sus propias manos desde el primer día que se aferró a ella. Ahora la observaba alejarse de su hogar, dispuesta a sacrificarse por su manada.
Tal vez… solo tal vez… ese era el destino de su hija.
—Si debes volver a casa… solo hazlo, Eira —pronunció Yvana con devoción, no solo a su hija, sino a la diosa que la escuchaba.
El camino a Mork Skog fue como él lo dijo: difícil…
Ni siquiera habían abandonado por completo Mild Skog y el sol estaba en lo alto. Eira intentaba mantenerse rígida en su montura, pero tenía años sin montar a caballo y menos en un viaje tan largo.
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Editado: 22.08.2026