Eira había sido ajena a las batallas que muchos de los hombres lobo más sabios contaban las noches de luna llena mientras los niños aguardaban rodeando una fogata. Claro que las escuchó cada una; principalmente las que hablaban de su padre.
Ragnar fue uno de los alfas más queridos, por lo menos Eira era testigo de ello. La devoción de su manada perduraba pese a su ausencia. Calidez, liderazgo y una integridad irrompible por proteger a los suyos.
Darek, a simple vista, parecía todo lo contrario, un hombre duro, cruel y autoritario, pero…
Observarlo frente a ella, protegiéndola con tanto temple, le hizo pensar en su padre.
—¿Darek? —inquirió Eira con la voz temblorosa cuando un aullido se escuchó más cerca.
—No te alejes de mí —ordenó sin verla; desenvainó su espada, esta resplandeció como la luna, brillante y filosa.
Darek podría pelear con sus propias garras; sin embargo, era tan diestro con aquella espada que era capaz de acabar cualquier combate en menor tiempo y reducir los daños que peleando cuerpo a cuerpo. Tenían un viaje larguísimo por delante y no podía darse el lujo de viajar herido, porque podría no ser la única amenaza.
Los gruñidos anunciaron lo inevitable. Detrás de un árbol frondoso, un lobo saltó decidido a atacar a Eira. Palideció al verlo con sus colmillos afilados y sus garras en el aire, directo a ella.
Sin embargo, un corte directo y fino se llevó la amenaza. Darek se colocó frente a ella, la sangre salpicó el cuerpo de Eira. Fue el acto más sanguinario que ella había presenciado. El lobo se retorció de dolor antes de morir desangrado en el suelo.
Eira sacudió su cuerpo y se dejó caer cubriéndose. Darek la tomó a la fuerza de uno de los brazos. La mujer gritó asustada, pero el hombre lobo no se inmutó. Estaban atacándolos, tenía que ser veloz y preciso.
Los caballos se asustaron y salieron corriendo en dirección contraria. El hermano del alfa se maldijo, podrían perderlos y tener que caminar. Aunque no era el momento para pensarlo, tenía que proteger a la prometida de su alfa, esa era su orden prioritaria: llevarla a Mork Skog para casarse.
—¡Basta! —exclamó Eira cuando se escucharon dos lobos más, luego los aullidos de dolor.
La joven abrió los ojos y observó cómo los hombres de Mork Skog masacraban a quienes los atacaron.
—Deja de gritar —ordenó Darek, dejándola contra un árbol.
Eira se resbaló cubriendo su cuerpo con la capa.
El hermano del alfa no se alejó…
No hubo que esperar tanto el desenlace, fueron letales y no misericordiosos. Los que huyeron solo tuvieron suerte, eligieron vivir.
—Se han retirado, Vargherre.
Eira escuchó entre el terror la forma en que lo llamaban los hombres con respeto. Vargherre, era la primera vez que escuchaba esa palabra. Pero por la forma en que lo decían debía ser algo de mucho respeto.
—Junten a los caballos, no podemos aguardar aquí, podrán regresar.
—¿Qué sugiere?
—Caminaremos. Sepárense, nos encontraremos cerca del lago.
—Sí, Vargherre.
Eira no salió de su escondite, sus propios brazos.
—Levántate, debemos avanzar antes de que regresen o nos sorprendan —ordenó, alzándola.
Eira estaba muy cansada, sí que lo estaba. El viaje, la adrenalina del momento, eran tantas cosas nuevas para ella.
Pero lo peor era su cuerpo, que por orgullo ya no podía mantener en pie. Eira trastabilló, un par de pasos fueron necesarios para que Darek se diera cuenta de que no iba a avanzar por sí sola.
—¿Estás herida? —cuestionó.
—No —respondió con firmeza.
—Avanza…
—Lo estoy haciendo.
—He tenido en mis manos telas con mayor rigidez que tu escuálido cuerpo, sostente en pie y camina, debemos encontrar los caballos y llegar al lago.
—Suéltame —ordenó con dignidad, él no iba a tratarla como débil, estaba harta de ese trato tan descortés.
—Podría ser más fácil si solo dijeras la verdad.
Y ahí estaba de nuevo, indagando, buscando entre líneas… un vacilamiento de Eira para que todo su plan cayera. No lo iba a permitir, Eira se casaría con el alfa de Mork Skog por su manada, por su familia y por todas las veces que la llamaron débil.
Eira se soltó de él y avanzó.
El primer paso fue difícil.
El segundo, todavía más.
Al tercero, sus piernas volvieron a temblar.
Apretó los dientes y continuó. Podía sentir la mirada de Darek clavada en su espalda, lo que únicamente consiguió que se obligara a caminar un poco más rápido.
No alcanzó a dar cinco pasos.
Su rodilla cedió.
Darek la sujetó antes de que volviera a caer.
—Suéltame —protestó Eira.
—No.
—Puedo caminar.
Darek la observó unos segundos.
—Acabas de demostrar lo contrario.
—Solo necesito descansar un momento.
—No tenemos un momento.
Sin darle oportunidad de responder, Darek pasó un brazo por detrás de sus rodillas y el otro alrededor de su espalda.
Eira apenas comprendió lo que estaba haciendo cuando sus pies dejaron de tocar el suelo.
—¡Darek!
—Deja de gritar.
—¡Bájame!
—No.
Eira abrió los ojos, indignada.
—No puedes cargarme de esta manera.
—Ya lo estoy haciendo.
—Soy la futura esposa de tu alfa.
—Entonces procura llegar viva para casarte con él.
Eira abrió la boca para responder, pero no encontró qué decir.
Darek comenzó a caminar.
Ella permaneció rígida entre sus brazos, evitando sujetarse de su cuello aunque cada paso del hombre lobo hiciera que temiera terminar en el suelo.
—Puedes sostenerte —dijo él.
—Estoy bien.
—Eso también lo dijiste antes de caer de un caballo.
Eira lo fulminó con la mirada.
—Eres un hombre insoportable.
—Y tú eres una mujer demasiado orgullosa.
—No soy orgullosa.
Darek bajó la mirada hacia ella.
—Claro.
Aquella respuesta consiguió irritarla todavía más.
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Editado: 10.09.2026