Eira todavía intentaba comprender lo que acababa de descubrir.
Había viajado hasta Mork Skog para casarse con el alfa y no era el Alfa. Era su heredero.
Valdemar seguía vivo y, por la forma en que cada hombre del salón había inclinado la cabeza ante él, también seguía teniendo todo el poder de la manada entre sus manos.
¿Su madre lo sabía?
La pregunta apareció de inmediato. Eira intentó recordar cada conversación con Yvana después de la muerte de Ragnar, cada explicación sobre aquella alianza que supuestamente protegería a Mild Skog ahora que no tenían un Alfa fuerte gobernándolos. ¿Sabía su madre que estaba enviando a una de sus hijas a casarse con el heredero y no con el Alfa regente? ¿Lo había considerado importante? ¿Cambiaría eso algo del acuerdo?
Todo ocurría demasiado rápido.
Apenas había tenido tiempo de ordenar una pregunta cuando ya estaba sentada alrededor de una mesa enorme como si la revelación anterior no hubiese significado absolutamente nada.
Fue durante la cena cuando finalmente escuchó el nombre de su futuro esposo.
Soren.
Valdemar lo pronunció con tanta naturalidad mientras hablaba con uno de sus hombres que Eira tuvo que contener el impulso de repetirlo.
Soren de Mork Skog.
El heredero.
Estaba sentado a su lado y parecía tan tranquilo como la noche anterior. Darek, para desgracia de Eira, había escogido un lugar justo frente a ella. O quizá simplemente le correspondía sentarse allí. De cualquier forma, significaba tener aquellos ojos juzgones a pocos metros durante toda la cena.
Eira bajó la mirada hacia su plato.
Aquello tampoco ayudaba.
La comida no se parecía en nada a lo que le habían servido desde que llegó. Grandes piezas de carne asada ocupaban el centro de la mesa, acompañadas por aves cubiertas de salsas espesas, embutidos, quesos fuertes y preparaciones cuyo aroma conseguía revolverle el estómago.
Era un banquete digno de una manada de lobos.
Solo que Eira no podía comerlo.
Tomó un pequeño pedazo de pan y lo llevó lentamente a su boca. Al levantar la mirada encontró a Darek observándola.
Por supuesto.
Eira masticó intentando fingir que no lo había visto.
Los ojos del hombre descendieron hasta su plato prácticamente intacto y regresaron a ella.
No dijo nada.
Casi habría preferido que lo hiciera.
Eira tomó otro trozo de pan únicamente para demostrarle que podía comer si quería.
Una ligera presión sobre sus dedos consiguió sacarla de aquella absurda batalla silenciosa.
Giró.
Soren había colocado su mano sobre la de ella.
—¿Estás bien?
Su voz era baja, amable, completamente distinta a la manera en que Darek acostumbraba a hacer cualquier pregunta.
—Sí —respondió Eira—. Solo estoy intentando entender demasiadas cosas al mismo tiempo.
Soren sonrió ligeramente.
—Mi padre tiene esa habilidad.
Eira no pudo evitar mirar hacia Valdemar.
—No sabía que seguía siendo el Alfa.
—Lo imaginé por tu expresión.
Sintió algo de vergüenza.
—En Mild Skog siempre se habló de la alianza en matrimonio con el Alfa de Mork Skog.
Soren no pareció incómodo.
—Para cuando nos casemos serás la esposa del heredero de Mork Skog. La alianza no cambia por eso.
Dicho de aquella manera parecía sencillo.
Eira quiso creer que lo era.
—Supongo que todavía tengo muchas cosas que aprender de su manada.
—Nuestra manada —corrigió él suavemente.
Eira lo miró.
Soren sostuvo su mano apenas unos segundos más antes de retirarla.
Nuestra manada.
Aquellas dos palabras consiguieron disminuir parte de la tensión que llevaba acumulada desde que Valdemar apareció.
Entonces una copa fue colocada sobre la mesa con un golpe seco.
Eira miró al frente.
Darek.
Su expresión era la misma de siempre, seria e impenetrable. El golpe en su pómulo seguía allí, pero Eira ya lo había visto esa mañana. Lo distinto era otra cosa. Darek parecía más tenso, más contenido, como si incluso sentado estuviera preparado para levantarse y pelear con alguien.
Apartó la mirada.
No le interesaba.
Valdemar comenzó a hablar y las conversaciones alrededor de la mesa disminuyeron hasta desaparecer.
—Ahora que Eira finalmente se encuentra en Mork Skog, no existe razón para retrasar demasiado la ceremonia.
El corazón de Eira dio un golpe.
Soren permaneció relajado a su lado.
—La alianza fue acordada después de la muerte de Ragnar —continuó Valdemar—. Mild Skog necesita estabilidad y nosotros respetaremos lo pactado.
Eira apoyó las manos sobre su regazo.
Aquello sí era cierto.
La muerte de su padre había cambiado todo con demasiada rapidez. Sin Ragnar, Mild Skog había quedado expuesta y aquella unión se había convertido casi inmediatamente en una solución.
—¿Cuándo será la boda? —se atrevió a preguntar.
—Iniciaremos con las ceremonias mañana.
No era precisamente la respuesta que esperaba, mucho menos que la ceremonia implicara varias.
Valdemar tomó su copa.
—Hay preparativos que deben realizarse, pero no veo motivo para prolongarlo durante meses.
Eira asintió.
Había llegado hasta allí para casarse. No podía fingir ahora que la noticia la sorprendía.
—Existe, sin embargo, algo que debes conocer antes de convertirte en la esposa de mi hijo.
La mirada de Valdemar se posó sobre ella.
Eira sintió inmediatamente que aquello sería importante.
—Soren es mi primogénito y mi heredero. Ha sido preparado desde que nació para gobernar esta manada, pero las leyes de Mork Skog establecen que un heredero no puede ocupar definitivamente el lugar del Alfa hasta garantizar la continuidad de su línea.
Eira frunció ligeramente el ceño.
—No comprendo.
Valdemar no mostró ninguna incomodidad al explicarlo.
—Después del matrimonio deberás concebir.
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Editado: 10.09.2026