Eira despertó con la sensación de no haber descansado lo suficiente.
No porque hubiese dormido mal. Al contrario, la cama seguía siendo probablemente una de las cosas más cómodas que había conocido en su vida y, cuando abrió los ojos, descubrió que la taza de té de la noche anterior permanecía sobre la pequeña mesa junto a ella, completamente vacía.
El problema eran sus pensamientos.
Había conseguido silenciarlos durante algunas horas, pero regresaron apenas recordó dónde estaba.
Mork Skog.
Soren.
Valdemar.
La boda.
Un heredero.
Eira soltó el aire lentamente y se cubrió el rostro con ambas manos.
—No puedes empezar así el día —murmuró para sí misma.
Un par de golpes sonaron en la uerta antes de que Liv entrara con la energía de alguien que evidentemente llevaba despierta mucho más tiempo.
—Buenos días.
—Para ti quizá.
Liv sonrió.
—Le traeré algo de desayunar.
Eira se incorporó.
—¿Aquí?
—Será mejor. Hoy tiene que prepararse para la primera ceremonia.
Aquello consiguió despertarla por completo.
—¿Hoy?
Liv la miró confundida.
—El Alfa lo anunció anoche.
—Sí, pero pensé que tendríamos parte de la mañana.
—La tendrá.
Eira observó la luz que entraba por las ventanas.
—¿Qué hora es?
—Suficientemente tarde para que no pueda volver a dormir.
Eira entrecerró los ojos.
—Comienzas a parecerte demasiado a los hombres de esta manada.
Liv volvió a sonreír y dejó sobre la mesa una bandeja con pan, huevos y algunas frutas.
Eira no pudo evitar detenerse en la comida.
Otra vez aquello.
Nada pesado.
Nada parecido al banquete de la noche anterior.
Tomó asiento mientras Liv comenzaba a preparar las prendas que usaría.
—¿Qué ceremonia es?
La joven se quedó quieta un instante antes de responder.
— Blodseremoni: La Ceremonia de la Sangre.
Eira dejó el pan sobre el plato.
—¿La qué?
Liv pareció encontrar divertida su expresión.
—La Ceremonia de la Sangre.
—Lo escuché. Esperaba haber escuchado mal.
—No es tan terrible como suena.
Eira no estaba convencida.
—¿Qué hacen exactamente?
Liv extendió sobre la cama un vestido blanco. A diferencia del que había usado el día anterior, aquel tenía bordados plateados más marcados alrededor del cuello y las mangas, además de una capa gruesa que parecía pensada para permanecer bastante tiempo en el exterior.
—Combates.
Eira la miró.
—¿Combates?
—Sí.
Liv continuó acomodando el vestido como si estuviera explicándole que saldrían a recoger flores.
—Los guerreros muestran su fuerza ante el Alfa y la manada. Es una de nuestras ceremonias más antiguas.
Eira dejó de tener hambre.
En Mild Skog una ceremonia podía significar largas mesas llenas de comida, canciones, historias alrededor del fuego, agradecimientos a la Diosa Luna o celebraciones por una cosecha abundante. Incluso los acontecimientos más solemnes estaban acompañados por familias enteras reunidas y pequeños corriendo entre los adultos.
No recordaba ninguna que involucrara hombres golpeándose entre ellos.
—¿Y tengo que estar presente?
Liv la miró como si la respuesta fuera evidente.
—Sí.
Eira respiró profundamente.
—Por supuesto.
Después del desayuno, Liv hizo preparar agua caliente para que pudiera asearse y salió durante unos minutos en busca de algunas prendas para darle privacidad, porque Eira no se mostraba cómoda cuando ella estaba allí, agradeció que lo entendiera sin necesidad de decírselo.
Minutos más tardes Eira quedó sola frente al espejo.
Ya se había colocado la ropa interior y estaba a punto de buscar la camisola cuando su propio reflejo consiguió detenerla.
No era la primera vez que veía su cuerpo.
Por supuesto que no.
Pero aquella mañana lo observó de una manera distinta.
Quizá porque la noche anterior Valdemar había pronunciado una palabra que continuaba dando vueltas dentro de su cabeza.
Concebir.
Eira bajó lentamente la mirada.
Sus clavículas sobresalían demasiado. También podía distinguir algunas costillas bajo la piel y la línea de sus caderas estaba demasiado marcada. Sus brazos eran finos, sus piernas largas, pero sin la fuerza que deberían tener las de una loba joven.
Había zonas en las que simplemente faltaba volumen.
Carne.
Músculo.
Las reservas naturales que cualquier loba sana debería poseer.
En Mild Skog nadie necesitaba explicarle lo que aquello significaba. Los lobos eran criaturas fuertes por naturaleza. Incluso las mujeres que jamás entrenaban para combatir tenían cuerpos preparados para correr durante una transformación, soportar inviernos y recuperarse con rapidez.
Eira nunca había sido así.
Su cuerpo siempre había parecido quedarse atrás.
Pasó los dedos lentamente por uno de sus brazos.
Yvana se había esforzado durante años para que aquello no la definiera. Ragnar todavía más.
Su padre jamás había permitido que se sintiera menos por necesitar descansar cuando otros podían continuar o porque hubiera días en los que comer se convertía en una batalla. Para él seguía siendo su niña, aunque tuviera que cargarla después de una caminata demasiado larga o mandar preparar diferentes comidas hasta encontrar alguna que su estómago aceptara.
Pero Soren no era Ragnar.
Eira levantó los ojos hacia el espejo.
Soren sería su esposo.
Una sensación extraña recorrió su vientre.
Hasta la noche anterior había pensado en la boda como algo político. Una ceremonia. Una promesa entre manadas. El precio que había aceptado pagar para proteger Mild Skog.
Pero una boda no terminaba delante de un altar.
Habría una noche después.
Y otra.
Tendría que compartir una habitación con él.
Una cama.
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Editado: 10.09.2026