El Despertar del Alfa

Lysets natt

Eira descubrió que tener un protector personal significaba encontrar a Darek antes incluso de haber desayunado.

Estaba junto a la puerta de sus habitaciones, hablando con uno de los guardias. Cuando ella salió, el hombre se retiró y Darek volvió la atención hacia ella.

—Buenos días.

Eira lo observó con cierta desconfianza.

—¿También vas a acompañarme a desayunar?

—Sí.

—Qué manera tan agradable de empezar el día.

Darek no respondió. Se limitó a apartarse para dejarla pasar.

Eira había dormido mejor de lo que esperaba, aunque todavía recordaba demasiado bien la conversación de la noche anterior. Valdemar había decidido que el Vargherre sería su protector y, al parecer, aquello significaba que no podría caminar por Mork Skog sin encontrárselo en algún lugar.

—¿No tienes guerreros que dirigir? —preguntó mientras avanzaban.

—Sí.

—¿Y quién los dirige mientras me acompañas?

—Mis hombres saben cumplir sus órdenes.

Eira lo miró de reojo.

—Entonces quizá podrías dejarme algunas a mí.

Darek permaneció serio.

—No estás a cargo de mis guerreros.

—Era una sugerencia.

—Lo sé.

Eira decidió que discutir antes del desayuno no era una buena manera de conservar el apetito.

Liv la esperaba en una sala pequeña donde habían preparado pan, huevos y fruta. Eira tomó asiento y, cuando vio que Darek permanecía cerca de la entrada, decidió no preguntarle si pensaba quedarse allí. Ya conocía la respuesta.

—Hoy comenzaremos con la Ceremonia del Hogar —anunció Liv.

Eira levantó la mirada.

—¿Qué significa eso?

—Prepararemos las reservas para el invierno. También los almacenes que se utilizarán durante la boda.

—¿Hay combates?

Liv sonrió.

—No, mi señora.

—Entonces me interesa.

La joven le explicó que, antes de la llegada del invierno fuerte, las familias de Mork Skog revisaban sus provisiones, conservaban alimentos y compartían parte de sus reservas con quienes necesitaran ayuda. La ceremonia concluía al anochecer con la Noche de las Luces, cuando cada hogar recibía una llama para llevarla consigo durante los meses de frío.

Eira escuchó con atención.

Aquello se parecía mucho más a las celebraciones de Mild Skog.

—¿Y la boda? —preguntó—. ¿Será antes de que llegue el invierno?

—Así está previsto. Los caminos deben permanecer transitables para los invitados.

Eira dejó el pan sobre el plato.

—¿Mi madre vendrá?

—Se han enviado mensajes a Mild Skog.

La noticia le produjo una emoción inmediata.

—¿Y Torin?

—La invitación es para su familia y los representantes que su manada considere necesarios.

Eira sonrió.

Por primera vez desde que había llegado, pudo imaginar a Yvana entrando en aquella residencia. Quizá también a Torin, que seguramente encontraría algo que criticar de Mork Skog antes de haber pasado una hora allí.

—¿Cuándo salieron los mensajeros?

Darek respondió desde la entrada:

—Esta mañana.

Eira volvió la cabeza.

—¿Y cuándo podrían llegar?

—Dependerá de los caminos y de cuándo partan.

—Eres una fuente inagotable de tranquilidad.

—No puedo darte una fecha que no conozco.

Eira tomó nuevamente el pan.

—Entonces prefiero esperar a que Liv tenga noticias.

La joven ocultó una sonrisa detrás de la jarra de leche.

Los preparativos de la Ceremonia del Hogar ocupaban varios patios de la residencia.

Eira esperaba encontrar sirvientes trabajando en las cocinas. En cambio, descubrió a familias enteras participando. Había hombres descargando sacos, mujeres revisando cestas de raíces y granos, jóvenes apilando leña y niños llevando pequeños paquetes de una mesa a otra.

El olor a pan recién hecho se mezclaba con el de la madera, las hierbas secas y el humo de los hornos.

Eira se detuvo a observar.

—Esto sí lo comprendo.

Liv sonrió.

—Mork Skog también necesita alimentarse.

—Después de ayer comenzaba a preguntarme si sobrevivían únicamente de pelear.

—No se lo diga a los guerreros. Algunos podrían considerarlo un elogio.

Eira soltó una pequeña risa.

La encargada de los almacenes se acercó para recibirla y le explicó que aquella jornada se revisaban las reservas de invierno y se separaban las provisiones destinadas a la celebración matrimonial. Como futura esposa del heredero, Eira podía participar en la distribución ceremonial de los primeros alimentos.

—¿Puedo ayudar con algo más? —preguntó.

La mujer pareció sorprendida.

—Por supuesto, mi señora.

—Quiero decir, ayudar de verdad. No solamente entregar una cesta y sonreír.

Liv bajó la mirada.

La encargada, después de un instante, le mostró las tablillas donde registraban las provisiones.

—Estamos revisando las cantidades que deberán reservarse para los invitados.

Eira se acercó.

Aquello sí le resultaba familiar.

Durante años había acompañado a Ragnar cuando revisaba las reservas de Mild Skog. Su padre le había enseñado que una manada no sobrevivía solamente porque sus guerreros fueran fuertes. También necesitaba saber cuánto alimento tenía, cuánto podía consumir y qué debía guardar para el invierno.

Eira tomó una de las tablillas.

—Aquí aparecen doce sacos de grano, pero en el registro siguiente solamente quedan diez.

—Los otros dos fueron enviados a las cocinas.

—Entonces deberían estar anotados como salida. Si no separan lo que reciben de lo que utilizan, después no sabrán cuánto queda realmente.

La encargada revisó las marcas.

—Tiene razón.

Eira señaló otra parte.

—También convendría separar las provisiones de la boda de las reservas de las familias. Así podrán calcular cuánto alimento adicional necesitan sin comprometer lo que ya está destinado al invierno.

La mujer la observó con renovado interés.




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